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viernes , diciembre 14 2018
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COMUNICACIÓN POPULAR / Una praxis de la implicación

por OMAR ZANARINI *

El siguiente escrito fue redactado a modo de apuntes para una serie de cuadernillos sobre periodismo y prácticas militantes, a fin de poder reflexionar sobre nuestras propias formas de ejercer el periodismo desde un compromiso político e implicado. Hoy la traemos a la luz y la compartimos para abrir el franco debate entre aquellos que creemos, queremos y luchamos por en una patria justa, libre y soberana.

Apuntes para la comunicación popular (1): Una praxis de la implicación. Rompiendo con el periodismo representativo. 

El estatus de la comunicación, información, mensaje, etc., está siendo puesto en duda por el propio ejercicio de la comunicación corporativa que hace del oficio del periodista una compulsa entre mercenarios y por el propio ejercicio conciente y militante de la comunicación popular y el periodismo popular que, entendemos, no hace un periodismo “representativo”. El compromiso con el que se ejerce este estatuto desde los medios populares, niega en la práctica la idea que el medio habla “en nombre de” alguien; no obstante habilita, o hace carne, el objetivo de devolverle el habla al pueblo (fórmula que en la comunicación masiva funciona meramente como cliché), y establece un periodismo donde el constructor de la noticia es el mismo “sujeto pueblo” que desde su aporte, ya como fuente o como elaborador del mensaje, se hace cargo de establecer el sentido de lo que se debe entender de la información dada.

Desde Radio Gráfica el estatuto de la comunicación popular o comunitaria fue definido en el marco de la presentación del CFP Semillero Renzo Portillo, entendiendo “como radio comunitaria no nos consideramos alternativos a nada, somos parte del pueblo argentino y desde ese lugar, desde este rincón de América Latina encaramos la producción de la información desde la responsabilidad y el compromiso que significa la verdad popular ¿y qué es esto de la verdad popular? Es encontrar el lugar de las fuentes; esas mujeres, esos hombres, que están día tras día en el territorio luchandola y teniendo la necesidad de contar lo que está pasando”. La palabra, en ese orden, implica necesariamente al cuerpo.

Pero la comunicación popular, en la época post-Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, no puede ser privativa de los que trabajan en medios populares, por que si existe una verdad popular es porque hay sujetos dispuestos a asumir lo que esa ley nos dejó, y es entender la comunicación como un derecho a ser defendido desde la misma práctica.

Del mismo modo, a la hora de establecerse una dimensión estético/visual, la misma implica una dimensión ética y una dimensión política. Ninguna puede excluirse dentro del ejercicio de una praxis. Ambas se sintetizan, se imbrican y se resumen en lo que podemos llamar la dimensión estético/política.

Lo ético viene a establecer el modo en que se desarrolla la comunicación en un medio popular, donde la necesaria implicación del periodista-comunicador con el hecho o el acontecimiento en cuestión, pone en primer plano la relación entre el medio y el sujeto pueblo, entre el medio y el pueblo victima. Establece una forma de comprometernos en un ejercicio dialéctico, que implica la técnica, el compromiso y la sapiencia de que se hace comunicación a fin de establecer una linea de demarcación que pone de un lado a aquellas empresas informativas y periodistas liberales que “hablan en nombre de la gente”; y por otro, una praxis que se integra al pueblo por qué sus mensajes se elaboran y construyen con y desde el pueblo. O como solemos repetir en cada instancia donde ejercemos nuestra pedagogía de la verdad: “desde el sur y desde el pueblo”.

Lo ético y lo político entonces se vuelven compromiso en quienes asumen esa relación con el medio, esa relación con el pueblo y su patria.

De la noticia-mercancía al rol del periodismo popular. Comunicación popular y el ensanche de los márgenes republicanos

Si entonces decimos que el periodismo representativo está en crisis, aunque vigente y prácticamente hegemónico – al punto que muchos medios populares reproducen ese modelo – queda el desafío de aprehender esos géneros para luego hacerlos estallar.

Si en la información en serie, que produce como resultado una noticia-mercancía, el valor de uso y el valor de cambio se miden en función de su capacidad de circulación; entonces la información producida en un medio popular viene a poner también en crisis el modo en que esa información entra en circulación y se produce.

El periodismo representativo, comercial o de sistema, supone mantener y ensanchar los margenes entre el que habla y el hablado (entre a empresa y la audiencia; donde el hablado es el pueblo, y el que habla es el sistema de medios que sostiene la idea del republicanismo, donde el pueblo no es más que representado por sus representantes y queda para él ser mero sujeto administrado y doliente) y hacer del juego de la representación el fetiche que justifica una modo y una ética política donde el pueblo está presente solo como el sujeto hablado, o como insumo para la política o para la información; entonces el rol de la comunicación popular no puede ser otro que ir rompiendo los margenes del republicanismo y hacer al pueblo partícipe y sujeto necesario de la comunicación.

La palabra implica al cuerpo

En la base de la implicación, lo que responde a una práxis estético-política, lo disruptivo es el cuerpo, en tanto que asume la palabra, y con ello se hace cargo de aquello que lo define como ciudadano de derecho. La libertad de opinión y la libertad de expresión, son fórmulas liberales que han servido como principios absolutos que “resguardan la integridad de la república” y hasta en nombre de ellas se han derrocado gobiernos populares.

No obstante, dichos principios liberales resultan vacíos si no está detrás un pueblo que los asuma como derechos y los ejerza plenamente, no como mero portadores, sino movilizados en defensa de los mismos; pero no como ciudadanos para el país, sino como hombres y mujeres empoderados en defensa de la patria.

El cuerpo implicado del comunicador popular, del periodista comprometido con su patria y su pueblo, resulta una abstracción sino se considera al pueblo como actor necesario para que la comunicación popular se realice como tal. Pero esa necesariedad no puede estar por fuera de la práctica que lo implica. Esto es asumir que lo que se comunica como verdad popular es el resultado de una construcción en y con el pueblo. Y esa práctica, esa construcción, es política.

Por que como decía Rodolfo Walsh “la verdad se milita”.

  • Radio Gráfica / La Señal Medios

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