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lunes , octubre 22 2018
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HISTORIA PRESENTE / Hojas de un mismo árbol

Por HÉCTOR AMICHETTI *

Algunos dirán que vale muy poco insistir con nuestra historia si buena parte de la sociedad no está para nada dispuesta a recordarla.

Sin embargo, obligado por los sucesos de un presente que algún día también pasará a ser parte de la historia, no puedo dejar de señalar -aún para aquellos que no les interese estar avivados- que desde hace más de 60 años, los autoproclamados “liberales” vienen experimentando sus teorías económicas sobre el sufrido pueblo argentino.

Así es, desde aquel mes de septiembre del ’55 cuando con el derrocamiento del “tirano” creyeron acabar con los males del “populismo” y la “demagogia”, vienen teorizando y aplicando con absoluta convicción sus políticas económicas acerca del gasto público, la ineficiencia de la industria nacional, los efectos negativos de un Estado intervencionista, las enormes ventajas comparativas basadas en la explotación de nuestras materias primas, los beneficios del “libre” comercio, la imperiosa necesidad de abrir nuestras fronteras al capital extranjero y la enorme importancia de que Argentina se inserte inteligentemente en el mundo abrazada a las potencias desarrolladas del planeta y no integrada estúpidamente a las naciones hermanas de Latinoamérica y a lo que en tiempos no muy lejano llamábamos países del Tercer Mundo.

Repasemos, para no teorizar nosotros, lo que resulta una comprobación histórica.

Palabras más, palabras menos, esta filosofía económica estuvo en el Informe Prebish, continuó luego con los Alsogaray y los Krieger Vasena como destacados cerebros de gobiernos dictatoriales o seudo-democráticos, volvió prontamente tras la corta primavera del retorno peronista con Martínez de Hoz y también de la propia mano de un peronismo claudicante que se rindió en los ’90 ante el Consenso de Washington con los Cavallo y compañía.

Si nos ajustamos al período histórico que va desde septiembre de 1955 a diciembre de 2015 (casi 60 años), podemos comprobar que, en abierta ejecución o como condicionante de poder, esas ideas económicas predominaron en la República Argentina, con ligeras variantes modernizadoras, durante más de 44 años.

Bajo esos experimentos se colocó varias veces al país al borde del abismo y prácticamente en caída libre y sin red hacia fines del 2001.

Durante los 10 años anteriores al período mencionado el pueblo argentino vivió la etapa más maravillosa de toda su historia inspirada precisamente en una filosofía económica y social absolutamente opuesta, basada en la defensa de un mercado interno fuerte, el desarrollo de una gran industria nacional sustituyendo importaciones, la intervención activa del Estado controlando los recursos naturales, el sistema financiero y el comercio exterior y teniendo a su cargo los servicios públicos para cubrir un derecho humano esencial.y en con una voluntad soberana de rechazar cualquier tipo de dependencia.

Fue una extraordinaria etapa de redistribución justa de la riqueza que permitió consagrar la verdadera Justicia Social que, aunque golpeada, perdura en gran medida hasta nuestros días.

Valiosos intentos posteriores por retomar esa orientación de
destino nacional con auténtico sentido patriótico, violentamente interrumpida por la reacción oligárquica, tuvieron como gran obstáculo la evidente pérdida de independencia económica y la inmensa concentración del poder en manos del enemigo acumulada con el paso del tiempo, sumado a la ausencia de instrumentos jurídicos como la arrebatada Constitución del ’49.

Sólo cabe señalar como un dato más que nos brinda la historia, que ni en septiembre de 1955 ni en diciembre de 2015, nuestra economía estaba en crisis y nuestro pueblo rebelado contra el gobierno.

Los personeros del nuevo intento de restauración oligárquica que gobiernan hoy la Argentina, ni siquiera tienen la viveza de cambiar conceptos para disimular experiencias fracasadas, es más, con sus cabezas congeladas en el tiempo plantean lo mismo que hace 60 años y a menudo los traiciona el odioso subconsciente gorila que les hace repetir que los males del país tienen más de 70 años.

Pero el problema no está en sus podridas cabezas, sino en las nuestras, la de millones de argentinos y argentinas que durante varias generaciones fuimos un pueblo protagonista, para nada espectador.

Aquí no debería valer el método de la anestesia que utiliza el enemigo para borrar de la mente del pueblo su propia historia.

Hubo alguien que dijo hace ya mucho tiempo que si uno no sabe de historia, no sabe nada. Es como ser una hoja que no sabe que forma parte de un árbol.

Al menos los peronistas deberíamos reconocer que más allá de las formas y las tonalidades somos todos y todas hojas de un mismo árbol al que podríamos comparar como un viejo, experimentado y aun fuerte algarrobo bajo cuya fresca sombra, cuando la historia nos dio la oportunidad, descansó la felicidad del pueblo.

 

* Secretario General Federación Gráfica Bonaerense / Corriente Federal de Trabajadores.

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