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lunes , noviembre 19 2018
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ARA SAN JUAN, A TRES MESES / Varias bajas en la Armada y ninguna en el gobierno

Por EMILIO MARÍN *

 

Se van a cumplir tres meses de la desaparición del submarino con 44 tripulantes a bordo. Aunque la noticia no esté en la tapa de los diarios, le importa al país. En la Armada hubo varios jefes dados de baja, pero ningún ministro perdió su cartera.

 

El ARA San Juan desapareció el 15 de noviembre pasado cuando navegaba en el Golfo San Jorge en dirección a Mar del Plata. Su capitán Pedro M. Fernández había reportado algunos inconvenientes en ese viaje, aparentemente solucionados. Sin embargo en la mañana de esa jornada se perdió todo contacto con el submarino y pese a que se lo ha buscado con intensidad en un área de 40 km, no fue encontrado.

La búsqueda ha sido nacional y por acuerdos internacionales en la materia también participaron barcos de una decena de países. El operativo lleva la sigla SAR (Search and Rescue, Búsqueda y Rescate), que pasado cierto tiempo dejó el rescate por considerar que ya no habría sobrevivientes. Esto generó más críticas de los familiares de los marinos hacia la institución y el gobierno nacional.

Hasta fines de diciembre la búsqueda la hacían la corbeta Rosales, el aviso Puerto Argentino, el ruso Yantar, el estadounidense Atlantis, el Angelescu, el HMS Protector de la Royal Navy  y el logístico Patagonia. El  Atlantis ya abandonó el operativo. Sigue el Yantar ruso hasta fines de febrero, aunque algunas versiones dicen que el interés del presidente ruso Vladimir Putin podría extender la licencia. También en estos aspectos políticos se demuestra quién es quién. En la reciente gira latinoamericana, el canciller yanqui Rex Tillerson cuestionó las relaciones de estos países con China y Rusia. La realidad de la tragedia del ARA San Juan demostró que ese vínculo es muy necesario y útil, además de lo propio del comercio internacional y las políticas soberanas en un mundo multipolar.

 

No fue prioridad

Antes de retomar el debate sobre cuáles fueron las causas del lamentable suceso, conviene detenerse en las cuestiones políticas. Los responsables institucionales del ARA San Juan son la Armada Argentina y el Poder Ejecutivo Nacional encabezado por el presidente Mauricio Macri.

Los familiares de los 44 marinos desaparecidos y la mayoría de los argentinos no vieron a los jefes máximos de la marina en zafarrancho de combate para buscar a sus camaradas, trabajando día y noche. Aún así quizás no hubieran dado con los restos del submarino, si es que cayó al fondo de mar con profundidades de mil metros o más. Pero no se vio que operaran de ese modo, desde el almirante Marcelo Srur hacia abajo los otros mandos. Debe haber habido muchísimos marinos que sí expresaron esa necesidad, por sentimientos, camaradería o por el raso sentimiento que eso bien pudo pasarles a ellos. Pero los jefes no se calentaron demasiado. Pusieron de vocero al capitán Enrique Balbi, monótono y previsible en sus conferencias diarias que después de espaciaron hasta desaparecer.

Y qué decir de las autoridades gubernamentales. El ministro Oscar Aguad estaba en Canadá y volvió de apuro. De todas maneras su incompetencia, la suya y de su equipo, era tan alevosa que no se notó luego, cuando sí estuvo. Dio la cara en dos reuniones con parte de los familiares, una a poco del suceso y otra el 24 de enero que fue grabada y difundida por algunos participantes. Lo de Aguad fue grotesto: no sabía nada, simplemente decía que tal cosa “se va a averiguar” y defendió al presidente de las críticas que llovían de sus interlocutores.

Esa defensa no fue eficaz, no por culpa del abogado Aguad sino por conducta del acusado Macri, quien vio a los familiares el día 5 de la tragedia, en la base de Mar del Plata, y en el día 80, el 6 de febrero, cuando los recibió 45 minutos en la Casa Rosada. Como ironizó una familiar a la salida: “80 días y sólo 45 minutos”.

La desaparición de una nave en servicio con toda su tripulación es un hecho muy grave que ameritaba otra clase de involucramiento presidencial. A modo de comparación, los lectores habrán visto fotos de Evo Morales junto con los inundados bolivianos. El aymara se metió en el barro. Macri en cambio ni se mojó los zapatos…

 

Comisión bicameral no arranca

La Armada y el PEN, han “pagado” en forma muy poco solidaria, inequitativamente, sus responsabilidades. Es que la fuerza sufrió el pase a disponibilidad y retiro de siete altos jefes, seguidos luego por la renuncia del mismo comandante Srur. Primero fue el contraalmirante Gerardo González, jefe de la Base Mar del Plata; luego el contraalmirante Luis E. López Mazzeo, jefe de Adiestramiento y Alistamiento, y el capitán de navío Claudio Villamide, comandante de la Fuerza de Submarinos. En solidaridad con López Mazzeo renunciaron los comandantes de la Aviación Naval, contralmirante Gustavo Vignale; de la Infantería de Marina, contraalmirante Bernardo Noziglia, y de la Flota, contraalmirante Rafael Pietro. El 20 de diciembre pasado la máxima jefatura de la fuerza quedó en manos del vicealmirante José Luis Villán.

Ese parte de bajas y relevos muestra la crisis que pegó duro en la Marina. En el gabinete de ministros de Macri no se cambió nada. Nadita. En señal de abroquelamiento, que puede ser de debilidad aunque se presuma lo contrario, los políticos y CEOs en funciones se lavaron las manos a lo Pilatos y derivaron toda culpa sobre los marinos. La jugada puede haber engañado a unos cuantos argentinos, pero seguramente no a todos porque como se verá ahora, además de no poner todo lo que había que poner en la búsqueda, el gobierno puede ser responsable de negligencia en el mantenimiento del submarino.

Entre tanto una buena noticia no termina de ponerse en marcha. El 21 de diciembre pasado en Diputados se votó un proyecto de ley para crear una Comisión Bicameral Investigadora de este caso, que una semana más tarde se convirtió en ley en el Senado, con el voto unánime de 67 senadores.

Es una necesidad, porque hay desconfianza en lo que pueda averiguar la Junta de Accidentes que nominó Aguad con su asesor tristemente célebre en el Correogate, Juan Manuel Mocoroa. Y porque la averiguación de posible ilícito, a cargo de la jueza federal de Caleta Olivia, Marta Yáñez, todavía no echó nada de luz.

Pero la Bicameral no arrancó, como tantas cosas del Congreso. Después de marzo se verá…

 

¿Inglés o implosión?

Esas investigaciones de la Armada, de la jueza Yáñez y de la Bicameral tendrían que aclarar lo sucedido y si también se encontraran los restos del submarino, las explicaciones podrían ser más sólidas aún.

En el campo “nak&pop” progresista prevaleció al principio la hipótesis de que el ARA San Juan había sucumbido, impactado por un misil de un submarino inglés. Fuera del litigio cierto que hay con los ingleses por Malvinas, los únicos dos datos en que puede fundarse aquella hipótesis son: 1) documentos secretos de la Armada confirman que nuestro submarino tenía por misión controlar a barcos ingleses y procedentes de aquellas islas. Y 2) en una misión anterior, de julio de 2017, tres sonaristas del navío argentino habían grabado un sonido aparentemente de un submarino de aquella bandera, sin filmarlo ni fotografiarlo.

Esos elementos plantean una duda razonable, pero no para afirmar que en efecto la catástrofe tuvo forma de un misil británico procedente de un submarino. Además, según la documentación que ahora se destapa, tal sonido se grabó afuera de la zona económica exclusiva argentina, por lo que nuestro país no denunció nada en ese julio: ni al submarino inglés ni a un presunto pesquero chino, ubicado 35 kilómetros afuera de nuestra área exclusiva.

La hipótesis del accidente es también doble. La más difundida es que al submarino le pudo ingresar agua salada por el snorkel, que tomara contacto con las baterías y produjera una fuerte explosión interna. Muchos especialistas, incluyendo de dependencias navales estadounidenses, sostienen esta versión como la más probable. La otra posibilidad es que por problemas técnicos de navegación o bien para esquivar a otros navíos, el ARA San Juan hubiera tenido que bajar a más de 100 metros de profundidad y allí se produjera su crisis.

Es que ahora se conoce que un informe secreto de la Armada fechado el 10 de noviembre de 2016, por el cual el San Juan no podía descender a más de aquella profundidad, por endeblez, falta de mantenimiento y dificultades técnicas graves que su comandante Fernández había informado luego de cada misión. Las volvió a enumerar en su informe a la fuerza de submarinos en agosto de 2017, luego de la expedición de julio ya citada por la grabación de sonar de un submarino inglés y el posible incidente con pesquero asiático. Por ejemplo, que perdía 50 litros de aceites diarios y varias fallas más. Los submarinos tienen que entrar en dique seco a reparaciones cada 180 días, pero el San Juan no tuvo ese servicio. Apenas paraba 48 horas para ver cuestiones menores, como en Ushuaia la última vez, antes del periplo final.

Si lo sucedido fue un accidente a causa de mal mantenimiento y servicio, como cree el cronista, entonces en el banquillo de los acusados quedarían el gobierno de Macri y las máximas autoridades de la Armada. Ambos, no sólo las segundas.

El tema es lo suficientemente grave como para dejarlo en manos del ingeniero Macri, el “milico” Aguad y algunos almirantes que lo mejor que conocen es Puerto Madero.

* Diario La Arena / La Señal Medios

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