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domingo , junio 16 2019
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NAHUEL y RELOTIUS / La falsificación y la ingenuidad

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Una tarde apareció por la redacción. Se presentó como Nahuel, miembro de una comunidad mapuche y periodista. Conversamos un rato, conoció a los compañeros y con el tiempo fue arrimando algunas notas.

Este recuerdo se hizo lugar, atravesando las nubes de la mente, a raíz de la revelación –pocas horas atrás- de las falsificaciones realizadas por Claas Relotius, periodista de Der Spiegel. El joven colorado admitió haber inventado 14 de las 60 notas publicadas en el medio alemán.

Relotius, evaluado como figura novel de la comunicación alemana, tuvo que aceptar la imputación tras investigaciones internas que develaron su accionar. Había sido reconocido con importantes premios en su país, y destacado por la CNN. Claro, sus textos resultaban apasionantes.

El borde entre la literatura y el periodismo siempre resultó difuso. De hecho, en varios de los diarios que me tocó recorrer, cuando faltaban algunas líneas para llenar el diagrama, no faltaba quien –con gesto pícaro- indicaba “bueno, hacé literatura”.

Sin embargo, la cuestión se asentaba habitualmente en la referencia a los hechos. Las fuentes adecuadas y el hallazgo de las respuestas lógicas al conjunto de las W, comandaban la decisión de publicar un material relativamente garantizado.

Les decía que Nahuel apareció en la redacción, ubicada sobre Hipólito Yrigoyen, cerca del Congreso, y que su carta de presentación resultó doble: mapuche y periodista. Tuvimos varias charlas: mezclaba una actitud humilde con un ego potente (¿parece contradictorio?) y extensas anécdotas sobre la vida en el Sur.

Al poco tiempo empecé a observar que su prosa contenía elementos forzados. Rechacé algunos textos y solicitó una reunión. Se concretó, pero cuando la misma se extendió mucho, ratifiqué la decisión. Alegó que cuando se congregaba el Consejo de Ancianos de su comunidad podía estar 14 o 15 horas debatiendo hasta hallar una salida.

El comentario tenía el mismo rasgo que sus textos: sonaba bien, pero incluía falsía. Le indiqué que en un diario las cosas no eran así. Me autoinculpo añadiendo que me fatigan las conversaciones de más de diez minutos y que en ese lapso considero probable aprehender si un periodista posee información genuina y, con algún tiempo más, saber si es auténtico.

Nahuel se fue alejando y recaló en la redacción de El Cronista; por entonces, Comercial. Allí encontró mejor recepción. Su narrativa sobre la vida indígena desató culpas culturales entre jefes y compañeros, y logró situarse como protegido. Quién sabe qué cosas habrán pensado algunos de quien redacta esta evocación: por lo pronto, que lo discriminaba por indio.

En ese diario empezó a insertar sus artículos. Tan falsos como los que yo había leído. Hasta que fue muy lejos –jamás le negué audacia- y resolvió presentar una ¡entrevista a Gabriel García Marquez!. Nahuel fue la estrella de la redacción por una semanita, aclamado por todos y reconocido por las autoridades.

El mecanismo que inventó fue, para aquellos años 90, imaginativo. El enviaba las preguntas por fax a “Gabriel García Márquez” y él mismo, desde otro fax con adulteración del origen, se respondía. Las réplicas eran interesantes, porque tomaba fragmentos de la obra del Premio Nobel y párrafos de otras entrevistas.

La demasía saltó, como la liebre patagónica, y le dieron el raje con cajas –instrumento indígena por excelencia- destempladas. En tanto, los jefes tuvieron que salir a bucear en las notas previamente publicadas para averiguar si las mismas eran auténticas: descubrieron que la mayoría habían sido fraguadas por la inventiva del muchacho.

Cuando se difundió el episodio, varios compañeros del diario que yo dirigía se acercaron para decir “-mirá de la que nos salvamos”. Pasa que por entonces, el cuidado de las fuentes y la certeza de las informaciones configuraba un decálogo que nadie se animaba a sortear. Tras años y años de denunciar con intensidad crueles represores y grandes entreguistas, sólo tuvimos un juicio perdido.

Un médico cómplice de los represores logró que un juez habilitara su “derecho a réplica”. Lo publicamos y seguimos adelante. La información era tan buena que el resto de los investigados se la tuvo que tragar sin presentar más protestas que amenazas y calificativos indecorosos. Hoy, dentro de mis posibilidades, sigo trabajando así.

Nunca logré sentir bronca por el temerario Nahuel. Ni siquiera incluyo aquí su apellido porque quizás ande deambulando por los medios del Señor ofreciendo entrevistas y coberturas extrañas. Seguro no volvió a entrevistar a un Premio Nobel, por precaución, pero ha de haber buceado en su inventiva para hacer unos pesos. Allá él.

La historia termina aquí, pero no tanto. Las revelaciones sobre los artículos del tal Relotius me permitieron reflexionar, en verdad, sobre las tremendas falsificaciones que a diario, y desde hace unos cuantos años, emergen en los medios argentinos.

Nahuel y Relotius –el primero, bien moreno; el segundo, muy rubio- emergen como ingenuos culpables de falsificación periodística. El argentino, realzó la figura de una gran pluma; el alemán, la de una luchadora antinazi, entre otros asuntos. Aunque nunca aceptaría sus “notas”, pienso: Pobres, fueron descubiertos como mentirosos en un oficio sensible a ese adjetivo; hicieron mal, ¿querían hacer bien?

Por estas horas nomás, grandes diarios argentinos indican que hay signos vitales que anuncian mejorías económicas. Interpetan que la reunión del G 20 fue un respaldo para el gobierno macrista. Ocultan los Panamá Papers, difundidos por colegas que certificaron la información. Evalúan que una causa articulada sobre fotocopias merece ser tomada muy en cuenta. Prejuzgan sin conocer los temas ni los protagonistas.

Y bastante más.

Con una ingenuidad quizás equivalente a la de los dos periodistas citados, algunos intentamos generar materiales auténticos, genuinos, veraces. Pero un puñado de oportunistas, falsarios y manipuladores controlan los ejes de la comunicación nacional. Y para muchos, son creíbles.

No es necesario consultar al Consejo de Ancianos para entender el fondo de estas historias cruzadas.

 

  • Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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