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LEHMAN BROTHERS / El aleteo y la tormenta

Por ALEJANDRO TARRUELLA *

 

“Claro, toda vida es un proceso de demolición, pero los golpes que llevan a cabo la parte dramática de la tarea—los grandes golpes repentinos que vienen, o parecen venir, de fuera—, los que uno recuerda y le hacen culpar a las cosas, y de los que, en momentos de debilidad, habla a los amigos, no hacen patentes sus efectos de inmediato. Hay otro tipo de golpes que vienen de dentro, que uno no nota hasta que es demasiado tarde para hacer algo con respecto a ellos, hasta que se da cuenta de modo definitivo de que en cierto sentido ya no volverá a ser un hombre tan sano. El primer tipo de demolición parece producirse con rapidez, el segundo tipo se produce casi sin que uno lo advierta, pero de hecho se percibe de repente”, escribió con sabiduría Scott Fitzgerald en febrero de 1936, al volver sus pasos sobre el crack de Wall Street de 1929.

Aquel suceso fue caos, un huracán sin ley sobre la suerte de una sociedad. A su vez, ley que enunció James Yorke, la denominada teoría del caos, sostiene que el mundo no va detrás de una pauta medida hasta el milímetro por lo que no es predecible. En ese espacio gira el azar y no anuncia cuando van a producirse los sucesos. James Yorke aleccionaba que “hay que estar preparados para cambiar los planes en cualquier momento”. “En la vida es importante ser flexibles. Yo no planeo las cosas, prefiero descubrirlas”, insistía pero lo cierto, es que así como nadie está preparado para lo imprevisible, pocos anticipan los hechos cuando se trata de episodios conmovedores que actúan sobre la vida cotidiana de las personas. Así fue que James York ni los mentados especialistas o economistas previeron que el 15 de septiembre de 2008, la entidad bancaria y de préstamos Lehman Brothers, caería en colapso generando un efecto dominó sobre la economía del mundo. En Rusia, el gobierno suspendía la labor de la bolsa y se disponía a ir en auxilio de su mercado de capitales. Ese día el gobierno norteamericano, decidía acudir en auxilio del neoliberalismo y nacionalizaba la entidad, es decir asumía como propia su deuda incobrable. La enorme recesión se abatió en la figura del aleteo de la mariposa que generaba tormentas a medida que se alejaba del breve espacio en que se producía. Los ojos del mundo se volvieron entonces al recuerdo del célebre crack del 29, la devastadora caída del mercado de valores de Wall Street que abrió el camino a La Gran Depresión. El 29 de octubre de 1929, el martes negro en la historia de los Estados Unidos, sacudió al mundo y determinó cambios inesperados que no previstos por los grandes pensadores económicos ni los políticos de la época. Groucho Marx contaría luego que perdió en esos sucesos un millón de dólares que había reunido con su arte, y que al llamar a su representante económico para consultarlo sobre el hecho, luego de escucharlo, percibió a través del teléfono un balazo. El atribulado especulador se había suicidado. El efecto del Crack fue tal, que el Promedio Industrial Dow Jones (DJIA) no logró recuperarse hasta principios de 1930, tras lo cual volvió a sin retomar los niveles previos a 1929, recién en 1954.

Los responsables de Lehman Brothers, no recordaban esos acontecimientos, y carecían del dramatismo que se ejerce en instantes de alta tensión. Pensaban además, que no eran los únicos responsables del colapso ya que un sinnúmero de entidades bancarias y financieras, se habían sumado obsequiosamente al festín financiero que se llevó puesto el sistema ante la perplejidad de millones de personas. Banqueros de vida fácil, faltos de escrúpulos, dispuestos a llevarse el dinero de los otros sin mediar consideraciones éticas y morales, enriquecían contando con el auspicio del Estado, la justicia y cualquier posible barrera que se presentara a su paso. Tanto es así, que el periodismo jamás informaría dando listas de quienes enriquecieron con la crisis, en particular los denominados “globalizadores”, que ya habían establecido paraísos fiscales y otros subterfugios para fugar divisas desde cualquier punto del planeta debido a la organización estricta de los intereses de usureros y especuladores, una mezcla letal para la suerte de miles de millones de habitantes. Sin avales de liquidez se derrumbaban Fannie Mae y Freddie Mac, inmobiliarias norteamericanas que operaron las hipotecas subprime y acompañaron en su caída a Lehman Brothers que tenía una pronunciada exposición crediticia en el mercado de la vivienda focalizado en los sectores medios y franjas de ciudadanos con necesidades exponenciales muy severas de la sociedad. Las subprime imponían condiciones abusivas a los ciudadanos y no encontraban ninguna regla, ni limite por parte del Estado. La caída de Fannie Mae y Freddie Mac, arrastró sin piedad a Lehman Brothers en la tormenta y otras entidades se vieron forzadas a una caída en serie que estremecía a los mercados. Su consecuencia fue, entre otras cosas, la entrada en recesión sin piedad, de los países integrantes del Grupo de los 7.

Hay quienes repararán en que todo comenzó cuando George Bush, entonces presidente, dispuso en 2002 bajar los tipos de interés que estaban en 6% al 1%. Creía que así todos los estadounidenses podrían acceder a ser propietarios de su vivienda. Se supone que la medida, se inscribía en la búsqueda de abrir expectativas en la sociedad, somnolienta en el trauma de las Torres Gemelas. De ese modo, las entidades crediticias, abrieron las puertas de créditos o préstamos con escasos requisitos. Así, personas de bajos ingresos, con problemas de empleo, se acercaron al sueño de la casa propia. Se llamó a esos contratos, “hipotecas basura”. Eran los días de oro de internet, de la gestión de contratos velozmente en la ilusión de que tecnología y vida cotidiana, generaban un coctel esperanzador en un mundo convulsionado. Las calificadoras consideraron que todo iba viento en popa pero, los intereses de las cuotas de las hipotecas fueron creciendo a partir de 2003 y los esperanzados propietarios de viviendas, comenzaron a endeudarse porque debían pagar atrasos e intereses sobre intereses. Las entidades, vendían entonces sus deudas a bancos de cualquier parte, y los inversores comenzaron a observar con preocupación el negocio. Deudas impagas y desconfianza generalizada llevaron a muchos bancos a la bancarrota y, como en un tablero de dominó, avanzaron sobre el sitial de Lehman Brothers que caería en ese mismo camino. Hubo otro caos en esos días y fue cuando los transeúntes que circulaban cerca del 745 de la Séptima Avenida de Manhattan, sede de Lehman, cercano al Central Park, veían en 2008 a electrizados funcionarios salir presurosos con cajas de documentos en medio del estallido. Era el cuarto banco de inversión de los Estados Unidos. “Si no se afloja la pasta, todo podría irse al infierno”, desalentaba el presidente George W. Bush, días después del colapso, el 24 de septiembre; como pope del libre mercado había fracasado pero en las alturas, eso no se registra.

Las consecuencias fueron durísimas para los que alguna vez acuñaron el sueño de la vivienda propia, y gratificantes para los poderosos. American International Group (AIG), potencia en seguros, fue nacionalizado; Goldman Sachs (hoy en la Reserva Federal) y Morgan Stanley, pasaron a ser bancos regulados por la Reserva Federal para contar con garantías públicas. Merrill Lynch, corredor de Bolsa, se vendió al Bank of America apelando a dineros públicos, el mercado de fondos monetarios operó fuga de capitales y produjo una congelación del mercado interbancario internacional; la Washington Mutual, la mayor caja de ahorros de Estados Unidos, y Wachovia, cuarto banco más grande, fueron comprados por migajas por el Estado. El congreso aprobó un aporte a la crisis de 700.000 millones de dólares, más estímulos fiscales aunque jamás de allí salió un peso para el dolor de los que soñaron una vivienda propia. Se trató de un baile de etiqueta exclusivo para asistentes con tarjeta gold.

En favor de nadie

Líderes mundiales tuvieron que intervenir ante el arrastre de la crisis sobre sus propias economías. Ángela Merkel sintetizaría preocupación y búsqueda de respuestas que soslayaran las verdaderas raíces del problema: “Solamente la intervención del Estado puede devolver la confianza necesaria”, expresó apresurada por los acontecimientos y deslizó para tranquilizar al soberano, “No lo hacemos por los bancos, sino en interés de los ciudadanos”. Y de inmediato se dedicó a financiar la asistencia a los bancos privados con dineros públicos. Ni Wall Street ni los economistas, políticos, periodistas o quien fuere, sabían de la tormenta y jamás actuaron en sus consecuencias en favor del drama de miles de damnificados. Los bancos centrales en muchos países, asistieron a bancos con sumas gigantescas en Estados Unidos fueron los 17.000 millones de dólares que aprobó el Congreso y se estima que en Europa, se aportó cinco veces más.

Para muchos pensadores, era imposible desligar el derrumbe del ciclo que se inició el 9 de noviembre de 1989, con la caída del Muro de Berlín, prosiguió con el ataque a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001 (tres meses antes de la caída de Fernando de la Rúa en Argentina), hechos a su vez atravesados por la Guerra del Golfo, las aventuras de EE.UU en Afganistán y otros conflictos que iba en línea con la planificación del choque de civilizaciones alentado desde los grandes centros de poder económico financiero mundial de la globalización. Pero quedó fuera de la reconstrucción de los hechos, que fueron ciudadanos comunes los que pagaron el precio de la irresponsabilidad compartida de las entidades financieras y bancarias, los que perdieron sus propiedades, las sumas de sus pagos con los que alentaban la propiedad de una vivienda, y muchas veces, en el anonimato de los pueblos, la vida.

Noam Chomsky trazó una idea respecto del estado de ánimo y la situación que se percibe en el mundo, una vez instalado el neoliberalismo en cuyo contexto se produjo el colapso de Lehman Brothers: “Hace ya 40 años que el neoliberalismo, de la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración aguda de riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población general. La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones”. En ese plano, hay que inscribir la desaparición paulatina de ciertos límites nacionales, la cartelización de las diferentes actividades económico financieras, obsérvese el caso de la propiedad de la tierra en Argentina que llevó a los terratenientes a compartir su poder con estructuras financieras en tanto se producían profundos cambios tecnológicos. Pero Chomsky hizo un repaso del neoliberalismo, que está en retirada, y tenía vigor en 2008, y estableció algunos conceptos importantes por su singular capacidad de análisis. “El neoliberalismo existe, pero solo para los pobres. El mercado libre es para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege”, explicó hasta con un dejo de humor como si hiciera referencia al crack del 2008.

Pese a quienes pretenden dejar a Lehman Brothers en la historia, William Robinson, profesor de la Universidad de California, ha prevenido acerca de la suma de tensiones internacionales que generaría una nueva crisis global. Según Robinson, las condiciones estructurales que llevaron a 2008 y la crisis de Lehman Brothers, están en pié en razón de la desigualdad social, el endeudamiento público y privado, y la especulación financiera. Robinson ha escrito que “En Estados Unidos, que desde hace tiempo ha servido de “mercado de última instancia” para la economía global, la deuda de los hogares está en el nivel más alto de su historia desde la postguerra. Los hogares estadounidenses en 2016 debían casi 13 billones de dólares en préstamos estudiantiles, deuda de tarjetas de crédito, préstamos automovilísticos e hipotecas. En casi todos los países de la OCDE la relación de ingresos/ deuda de los hogares se mantiene en niveles históricos y ha seguido en franco deterioro desde 2008. El mercado global de bonos -un indicador de la deuda total gubernamental a nivel mundial- se ha disparado desde 2008 y ahora rebasa los 100 billones”. Y eso no es una estimación en el aire aunque allí se cocinan los ecos del aleteo de las mariposas. “Que el señor bendiga este puto timo”, escribió un ejecutivo de Standard & Poor’s un correo electrónico descubierto en una investigación del Congreso norteamericano. Por cierto, no hubo justicia para los perjudicados y queda, en una interpretación libre, esa impresión de Fitzgerald al escribir sobre el crack que, si se repiensa, deja un espacio para considerar la actualidad de algunas de sus sentencias. “El mundo sólo existe a través de tu aprehensión de él, de modo que es mucho mejor decir que no eres tú quien tiene la grieta, sino el Gran Cañón”, escribió. Y no está mal traer sus palabras a estos días para resignificarlas.

 

 * Periodista y escritor, autor de los libros “Historia de la Sociedad Rural Argentina”, “Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio” entre otros / Infonews / La Señal Medios

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