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domingo , noviembre 18 2018
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SANTIAGO STAGNARO / Un artista del proletariado boquense

Por NORMA ROSA TORELLO*

 

Multifacético y Autodidacta. El infortunio caló hondo en su vida. El dolor de  la extrema pobreza influyó en su espíritu apasionado y combativo. Fue periodista, educador, músico, poeta, escultor y pintor. Tuvo un rol decisivo en la acción del proletariado boquense. Como miembro del sindicalismo se desempeñó como secretario de la Sociedad de Caldereros, consiguiendo, la jornada laboral de 8 horas. La muerte prematura le prohibió el futuro, lo encuentra luchando, sin bajar la guardia, porque más allá de toda desventura: “La vida es bella”.

La vida de Santiago Stagnaro es la prueba que un tiempo mayor de permanencia existencial, no es proporcional a los actos que un hombre pueda ser capaz de realizar durante su vida.  Porque, aunque murió muy joven, a la edad de 30 años,  vivió intensamente. Fue sin lugar a dudas, un verdadero artista de la era floreciente del novecientos en el barrio de La Boca.

Recorrió muchos caminos, dentro y fuera del arte porque su interés por los sucesos cotidianos colectivos y su vida de extrema pobreza, carente de las   necesidades más básicas,  hicieron de él un luchador eterno, que no escapó a los vaivenes de la agitación proletaria, ni escapó de la cárcel por sus ideas políticas, forjándose él como militante en las huestes anarquistas, como otros artistas de la zona lo hicieron por aquellos tiempos.

De nacionalidad uruguaya, nace en Montevideo, un 23 de abril de 1888. En su más tierna infancia se traslada con su familia a Buenos Aires, radicándose en la zona ribereña de La Boca, poblada de casas humildes.

Su padre fue marino, genovés de la comuna de  Sestri Levante, llega al país en 1890 pero muere prontamente. Fue su madre genovesa quien tuvo que tomar el timón de esa familia, con cinco hijos. Los tiempos eran duros, difícil conseguir el pan, difícil el escenario donde vivió por muchos años, la calle Zárate, hoy Carlos F. Melo, por aquellos tiempos lugar apartado del barrio frecuentemente anegado por las inundaciones.

LA TORMENTOSA VIDA DE LA FAMILIA STAGNARO

LA VIDA NO ES LO QUE TIENE QUE SER, SINO LO QUE PUEDE SER.

Supo del pesar y del infortunio, siendo niño. Y esta inmensa presión lo hizo hacer de grande robándole los años dorados y cálidos que debería tener toda infancia.

Pero la vida no es lo que tiene que ser, sino lo que puede ser. Y en este inicio,  el sino del destino hace que  nazca en Santiago Stagnaro,  el impulso vital del que lucha por la subsistencia. Del que sabe que no hay tiempo para el desgano, ni para el ocio, porque el alimento es vital para la carne, mas este joven osado, valiente, transgresor, que trasciende a su época, que se rebelaba a todo estado de opresión,  llevaba en su sangre, un aditamento que lo hacía diferente, tenía hambre en el estómago y sed en su espíritu creativo y combativo, una conjunción que marca la realidad de la tierra y la elevación de las circunstancias mundanas a través del mundo del intelecto y de la sensibilidad,  ya que su vocación por el arte en sus distintas facetas  envolvía su ser que afanosa y denodadamente iba en búsqueda de la belleza, en la pintura, en las palabras, en las letras. . .

“Son las seis. . .Vive Otoño.

El agua en la azotea

Cae con la gravedad de lento llanto”.

Una pieza dividida por un tabique, muchas veces lo encontraba despierto en el silencio de la noche y de los sueños de su gente. Su mente inquieta, esbozaba trazos, escritos a luz de un candil.

El joven Stagnaro era hombre de pasiones, de genio, de un carácter que se forja cuando duele el alma. . .Esto lo convirtió en un ser que se diversificaba, en las distintas ramas del arte. Autodidacta, hacía de la libertad un ejercicio diario, fundamental para la creación. Por eso proclamaba “Yo no hago arte en base de reglas”. “Todo lo admiro y todo lo adoro”, con esta postura indeclinable se ubicaba frente a la sociedad. Su alma también tuvo lugar para la poesía, que si se quiere es melancolía, rima, espejo. . .

El día fue tan corto

Que la noche ha entrado hace rato.

Mi hermanita, la rubia, plancha.

La morocha, cose. El gato

en la cocina maúlla en las faldas de la vieja.

La cena está casi pronta y. . .

Sin embargo. . ., yo no sé qué honda

 tristeza cruza el semblante de todos.

Amigo de Quinquela y Filiberto, ambos artistas de precaria condición económica, por aquellos tiempos, lo frecuentaban en su casa, rápidamente  vieron en él un talento innato, genuino.

Tanto que el universalizador y alma de La Boca, el maestro Quinquela Martín, lo llamaba “el pequeño Leonardo”.

Atravesado por la multilateralidad intelectual, se desempeña como educador, periodista, músico y poeta. También se aboca a la escultura y a la pintura.

En una nota que sale en un periódico rosarino titulada “La tormentosa vida de la familia Stagnaro, su hermano Orlando señala: “[…] vivíamos en el populoso barrio de la Boca, en la calle Zárate (hoy Carlos F. Melo) Nº 375, nuestra familia formada por mi madre, dos hermanos y tres hermanas había perdido nuestro padre cuando yo no contaba aún un año de edad […] un íntimo amigo de mi hermano […] Benito Quinquela Martín, me entregaba a mí pequeños paquetes de yerba, azúcar, fideos y otros comestibles que contribuían a completar nuestra muy escasa ración diaria […] vivíamos en la más estricta pobreza, y Santiago, 9 años mayor que yo, dejaba ya entrever su pasión por las artes […]”.

Observe el lector, que una vez más, y en cada tópico que abordamos, aparece el genio que manifiesta el espíritu Quinqueliano. Se revela en Don Benito, el pintor del pueblo,  la grandeza de su talento, que es tan inmenso que puede reconocer el talento ajeno. Trasciende los límites de la pintura, ahondando en lo humano, con una virtud que no es frecuente, ya que está íntimamente ligada a sus obras. Conocedor de lo  inherente a los distintos aspectos y conductas humanas  ahonda en este punto vital, que no se escinde de sus obras.  Es, Quinquela,  solidario en su máxima expresión, reconoce el dolor como maestro y las dificultades e imponderables de la vida como puntos focales para forjar el carácter, el temple, que se requiere cuando la adversidad acecha, sin dejar por eso de ser alegre, sabiendo que toda vida puede ser  drama,  tragedia,  grotesco pero también comedia. Supo su elevada consciencia salir de la oscuridad y convertir su vida en luz. Destellos  que alcanzaron la vida cotidiana del pueblo boquense. “Cuanto hice y cuanto conseguí, a mi barrio se lo debo. De ahí el impulso irrefrenable que inspiró mis fundaciones, todas ellas afincadas en La Boca. Por eso mis donaciones no las considero tales, sino como devoluciones. Le devolví a mi barrio buena parte de lo que él me hizo ganar con mi arte. Los dos los siento como fundidos dentro y fuera de mí mismo.”  

Volviendo a Santiago Stagnaro, puede decirse que su gran maestra fue, al igual que pasó con sus amigos,  la necesidad, pero él no se quedó en la queja, luchó por sus derechos y asumió un rol protagónico y fundamental en la acción proletaria boquense.

A los 18 años era secretario de un sindicato en el puerto. Junto a otros grupos de obreros, ya  como secretario de la Sociedad de Caldereros, consigue, la jornada laboral de 8 horas.

ASISTE A LOS CURSOS DEL PINTOR DE LOS HUMILDES, ALFREDO LAZZARI

Concurre a los cursos que imparte Alfredo Lazzari, en la Sociedad Unión de La Boca,  donde recibe las únicas herramientas con las que elabora una reducida pero sustancial producción.

 En 1910, participa de la exposición realizada en conmemoración de los 25 años de la Sociedad Ligure de mutuo Socorro.

PIERROT TANGO y AUTORRETRATO

 Entre sus obras más difundidas está Pierrot tango, óleo de 1913 en el que parece combinar la temática carnavalesca presente también en otras obras de Stagnaro. En la obra Comedia del arte italiana, representada en el personaje de un arlequín que viste un traje con rombos de vivos colores, en una versión estilizada de lo que serían las vestimentas con remiendos. La articulación de este tema, tan caro a la historia del arte pero en clave porteña, aparece ya en el título: Pierrot es Pedrolino o Pierino de Vicenza, precursor del payaso listo, con su cara blanca y su sombrero de pico. El tratamiento de las figuras refleja la búsqueda de la representación plástica del movimiento a través de finas pinceladas que dan forma a personajes danzantes, cuyos contornos se funden y confunden en una algarabía de colores saturados.

Pero es en su autorretrato realizado hacia el año 1915 el que sin duda refleja la naturaleza vehemente y la delicada sensibilidad del artista. Ubicando su figura en el centro de la composición, Stagnaro deja casi la mitad de su rostro oculto tras un velo de sombras. La mitad visible, no obstante, basta para representarse como el joven impetuoso del que dan testimonio las cartas que le dedicara a un amigo y que Juan M Guastavino recopila en Santiago Stagnaro hombre.

LA BOCA DEL 1900

Según cuenta el historiador Antonio Bucich: “Por aquellos años la disposición urbana  de La Boca, estaba inconclusa. Los artistas afluyen en sus calles. Las voces se mezclan en mil dialectos de las lejanías añoradas”. Eran las voces de los inmigrantes, donde el genovés tiene preponderancia”. Vinieron de Europa, además de los que se dedicaban a la mano de obra, donde la fuerza física era necesaria,  la llamada inmigración ilustrada, docentes, artistas, exiliados políticos.  “Pintores y poetas están tras los motivos sorprendentes que no se admiten aún en los salones de arte de gustos “refinados”. Los barcos llegaban desde el Mediterráneo y desde los puertos del Paraná. Marinería meridional y marinería guaraní se volcaban en sus almacenes, fondas y cafetines. Aquí se rememoró la canzoneta y el tango hace sus primeros pasos”.

Y aquí nuevamente aparece Stagtanaro, con su guitarra, en todas partes donde el canto era oportuno. Así lo conoció Filiberto, cantando y tocando, con orquesta improvisada. 

En 1910, participa de la exposición realizada en conmemoración de los 25 años de la Sociedad Ligure de mutuo Socorro. Concurre al Salón Nacional en diversas ocasiones.

PERIODISTA, DOCENTE Y PRIMER PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE ARTISTAS PLÁSTICOS.

Stagnaro se desempeña como Director del periódico La Opinión y colabora en distintas publicaciones de su época como la revista de ciencia y arte Azul. También ejerce la docencia en la Escuela “Fray Justo Santa María de Oro” y es el primer presidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos –SAAP–, entidad fundada en 1917.

En 1917 Stagnaro participa activamente en la fundación de la Sociedad Nacional de Artistas, Pintores y Escultores. Organizada como una sociedad obrera, la Sociedad Nacional de Artistas, Pintores y Escultores, está constituida por una asamblea y una comisión directiva. Stagnaro, redacta el estatuto en que se establece sostener los principios de justicia y velar por los intereses de la colectividad artística en todos los terrenos en que ella actúe. Facio Hebecquer integra la primera comisión directiva a la que luego se integran Vigo y Riganelli. En 1918, la Sociedad Nacional de Artistas, Pintores y Escultores, convocará al Salón de Independientes. Sin Jurados y Sin Premios, título que denota un enfrentamiento con las instancias oficiales de consagración artística, particularmente la Academia Nacional de Bellas Artes y el Salón Nacional.

Obras de su autoría también integran el patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires; la Escuela-Museo “Don Pedro de Mendoza” del barrio de La Boca; el desaparecido Museo Municipal de Lomas de Zamora –parte del patrimonio pertenece a los actuales Museo Pío Collivadino de Banfield y Museo Americanista de Lomas de Zamora–. Los Museos provinciales de Bellas Artes de Córdoba y Santa Fe cuentan también con sus obras.

MORIR LUCHANDO

Fallece de tuberculosis  en Buenos Aires el 14 de febrero de 1918, poco antes de cumplir los 30 años. Ese mismo año, se realiza una exposición en Galería Costa.

A dos años de su partida física,  en 1920, el Museo Nacional de Bellas Artes organiza una exposición de este artista integral, hombre de hechos concretos, e incomprendido en sus ideas por muchos de su época.

Dos días antes de su muerte escribió una poesía.  Luchó hasta el final de sus días, contra la enfermedad que había poseído su cuerpo, dándole batalla, como lo hizo durante su corta pero intensa vida.

“Tengo la carne helada

y, no obstante, siento que en el más profundo

recodo del alma hay un ansia cálida,

un extraño deseo, un impulso

que yo mismo no sé que será…

Bendita Primavera del Espíritu,

cuyo fuego eleva al más sublime estado

de Belleza, la carne mía frágil y doliente”.

a pesar de sus treinta años.”

Su pasión por la superación, no tenía límites.  Creía que el arte podía mejorar el espíritu del hombre. Y no se equivocó.

 

*Directora Periódico Conexión 2000 / Conductora Radio Conexión en el aire FM 90.7 Flores / LSM

 

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