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viernes , septiembre 20 2019
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ROSTROS

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

Durante todo el tramo final del gobierno anterior y el arranque del presente fuimos varios los que indicamos que para construir resultaba preciso desmontar el sectarismo y abrir las puertas para el acceso de espacios múltiples del movimiento nacional. Movimiento obrero, peronismo histórico, corrientes provinciales, organizaciones sociales, agrupaciones justicialistas con conceptos distintos a los que comandaron una década realmente valiosa. En principio, a la hora de formular la crítica, se percibía un acuerdo total.

La conducción del kirchnerismo escuchó y modificó aspectos importantes de su modo de construcción política. Abrió las puertas. Al sindicalismo, a Córdoba, a los intendentes, a los disidentes, a los gobernadores; entabló diálogos con figuras otrora repudiadas como José Manuel de la Sota y Eduardo Alberto Duhalde. Se re vinculó con personalidades que habían sacado canas verdes a la máxima dirigente del movimiento, como Hugo Moyano y el gordo Ricardo Pignanelli. Volvió a mirar el origen de la gestión 2003 y recuperó funcionarios designados por Néstor.

Claro, cuando la puerta se abrió… allí estaba el peronismo. Los personajes citados, las corrientes indicadas y mucho más. Los gremialistas con sus costumbres, los intendentes con su toma y daca, los punteros que necesitan tal o cual cosa. Allí estaban los rostros de nuestra realidad. Entonces, muchos de los que clamaban contra el sectarismo kirchneriano dijeron: “ah, no, con estos no”. Se blindaron ideológicamente y empezaron a construir de modo semejante al que habían cuestionado. Al igual que en el período previo, alzaron los dedos y se lanzaron a controlar la pureza de los que se adentraban en los acuerdos.

El peronismo hizo su arribo a la nueva construcción unificada con sus rostros reales, con su prácticas plagadas de virtudes y de vicios, de banderas y de roscas, de bombos y de escritorios. Entonces, los que clamaban amplitud se asumieron guardianes doctrinarios y juzgaron que todo era una gran politiquería. Como dijimos y reafirmamos que somos demasiado peronistas para ser ideologistas, nos metieron en la bolsa de sus rechazos y dejaron de lado las coincidencias previas. Desde el kirchnerismo puro y desde el peronismo puro gestaron círculos encapsulados que se evalúan los únicos portadores de coherencia y patriotismo.

Entre nosotros: este siempre fue el problema. Los peronistas nunca damos la medida bienpensante. Por esto por aquello o por lo de más allá, quedamos expuestos a la elaboración de listas de errores, agachadas, traiciones y pactos non sanctos, que impiden mirar otros aspectos, más interesantes. Cada vez que se abre una puerta, estamos allí, con nuestros gestos, con nuestras costumbres. Con el andar que ha hecho grande a este movimiento. Y sabemos que las cosas no son como se las desea sino como son, que para acordar con el otro es preciso que ese no sea el mismo sino otro, porque cualquiera se pone de acuerdo con uno mismo.

Lo que se escucha por ahí no es otra cosa que el rechazo a los verdaderos rostros del peronismo.

Salud, CFK, por este tramo de tu vida política.

 

* Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica

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