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domingo , noviembre 18 2018
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VELADAS PAQUETAS / La cultura oligárquica, en zona de descenso

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

Hubo un tiempo en el cual la Cultura, con mayúsculas, estuvo en sus manos. Mientras nuestra gente estimaba con profundidad la elaboración propia y construía un concepto abierto de cultura, la oligarquía y sus adláteres se preocupaban por situarse encima y promover algunas instancias de buen calibre.

Podemos decir que los Cuadernos de Forja aventajaron holgadamente a la Revista Sur, y será verdad; pero la Revista Sur existía y contaba con varias plumas significativas. Hace algunas horas transitamos el grato, humorístico y por supuesto antipopulista “De un mundo a otro” relato breve de Adolfo Bioy Casares. Hoy tienen poco de eso.

Mientras la cultura nacional y popular se ha desplegado en el tiempo y puede ofrecer pensadores, periodistas, cineastas, técnicos, plásticos, músicos, bailarines, escritores –para no hablar de jugadores e ingresar a nuestro tema empecinado- la claque pro oligárquica está conducida por creadores muy menores, de baja intensidad y con una irrefrenable tendencia a la trivialidad.

Hay varias excepciones, claro. Pero en un repaso a vuelo de pájaro hallamos destellos de lo que en otra instancia era toda una vertiente elaborada de concepción. De allí que nos preocupemos cuando surge en nuestro campo la admiración rastrera, ese “ellos saben lo que hacen”, “hay que aprender de sus realizaciones” y frases que denigran la cultura nacional popular.

El tema es enrevesado y zigzagueante porque hay muchos cruces y no es válido equiparar opiniones con calidad; hay tanteos, vigor, logros y fracasos en todas las zonas, pero un repaso por las figuras más reconocidas de la cultura oficial puede explicar estas líneas. “Se robaron todo”, “choriplaneros”, “populismo”. Y el bueno de Vilouta que salta cuando le gritan por la cucharacha.

“Varios PBI”, “70 años de decadencia”, “gastamos más de lo que ingresa”, “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, “nadie es kirchnerista gratis”, “establecemos condiciones para recibir inversiones”, “Santiago Maldonado en el río: Claro, como Walt Disney”, “indios guerrilleros”, “Dólar a futuro: defraudación a la administración”, “Conmovedora marcha por Nisman y la verdad”.

También, los bolsos escondidos en el ARSAT, los anarquistas K, las mujeres que se embarazan para cobrar un plan. Todo eso y mucho (mucho) más, lleva a extrañar como un cálido recuerdo en sepia las atractivas exposiciones reaccionarias de Jorge Luis Borges o los interesantes análisis filo fascistas de Mariano Grondona, quien para darse corte invitaba a la momia de Julián Marías al estudio.

Les queda Beatriz Sarlo, quien volvió a la casona de los viejos después de un audaz paso por las fuerzas nacionales, pero sirve poco pues le da calor confraternizar con Pablo No Sirve y Feinman. Se esconde. Los columnistas de La Nación y Clarín siguen descendiendo argumentalmente, mientras Infobae es de una brutalidad indigna.

Con todos los recursos a disposición, Joaquín Morales Solá genera el programa político más aburrido de la historia de la humanidad. Luis Majul pierde el sentido –y todos se ríen- al levantar mostaza hablando de Cristina. Jorge Lanata entra en serios debates con un señor Novaresio, conductores de programas de chimentos y una chica que se llama Sol.

Hemos visto a los pibes más humildes de este pueblo aprovechar a fondo las nuevas universidades, los centros de formación; traspasar las puertas abiertas. Hoy es posible dialogar con los jóvenes realizadores de medios populares y hallar una densidad muy superior a sus pares generacionales que, ante el mejoramiento económico de sus padres, boludearon un lustro.

Esto es trazo grueso y el detalle ofrecería innúmeras variantes; todas cuestionables y proclives a ser relativizadas. Pero algo de eso hay. Lo cual no implica victoria ni soluciones rápidas: de hecho, esa vulgaridad extendida permite a los voceros oligárquicos enlazar con un medio pelo salvajemente ignorante que necesita señalar con el dedo al morocho de acá a la vuelta por su forma de vestir.

En el gobierno de las finanzas, las empresas de servicios y las firmas ligadas directamente al gabinete, el ministerio de Cultura real está orientado por Baby Etchecopar. Un ser curioso, que grita “salí de ahí negra de mierda” en espectáculos públicos planteados como stand up y en una radio que Daniel Hadad colocó con dinero colocado.

Al lado de esa gentecita, la masa de pensadores y creadores populares que se puede hallar en nuestras webs, en la Oesterheld, en los premios Jauretche, en las charlas sindicales, en los espacios barriales, marca una distancia abrumadora. También los intelectuales progresistas que se han acercado al campo nacional, aunque polemicemos, están bien lejos de la trivialidad.

Hemos cometido errores formidables, no sólo en la construcción política sino también en los ámbitos educativos y comunicacional. Los señalamos oportunamente, sin ahorrar nada. Estas líneas están lejos de evidenciar caminos límpidos u horizontes despejados. La batalla que se avecina es muy dura. Y nadie sabe quién vencerá. Pero lo justo es justo. Sobre todo cuando se intenta “mostrar” la cultura de nuestra gente enfocando piedras y bancos rotos.

No cabe a nuestro entender, empezar a mencionar  tal o cual para sostener o refutar estos apuntes. Son sólo apuntes destinados a valorar algunos senderos y a pensar acerca del bullente mundo social argentino que origina obras e ideas pletóricas de talento y potencia. Como contracara, pocas veces en nuestra historia el poder oligárquico brindó una imagen tan penosa.

Entre tantas dificultades, no está demás hacer esta precisión.

 

  • Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

 

 

 

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