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domingo , octubre 21 2018
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QUÉ PENSAMOS y POR QUÉ PENSAMOS ASÍ / La nueva era, hacia la combinación entre interés geoeconómico y acción política

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Cuánto debate. Es que a pesar de los conceptos cristalizados, las personas perciben que las transformaciones en curso poseen motivaciones profundas y derivaciones trascendentes. Muchas sentirán el desenfoque debido a la falta de información, de la cual no siempre son responsables, y cuestionarán a viva voz la narración de este presente en proyección; pero en el fondo saben que sus pies están apoyados sobre un planeta que transita hacia un estadío diferente.

Las herramientas de comprensión, sin embargo, están al alcance de quien anhele mirar con razón y pasión. No se trata de inventar demagógicamente “nuevas formas de pensamiento” que naveguen en la confusión como se explica en el libro El péndulo de Foucoult, sino de ordenar los conocimientos realmente existentes, afinar el entendimiento para dejar de lado rasgos de su obsolescencia, afirmar elementos útiles y, entonces sí, disparar la creatividad para insertar otros focos con el objetivo de divisar nuevos horizontes.

En principio nuestro análisis tan polemizado –creemos que no tan polémico- de los recientes sucesos internacionales, se basa en la evaluación de los elementos de la realidad mensurables y corroborables. Al atisbar los datos en movimiento se disuelven los preconceptos y las aseveraciones históricas, y se sitúa a los protagonistas y sus relaciones en el lugar que ocupan, buscando proyectar el que ocuparán. La aplicación de versiones ideológicas por sobre esos hechos tiende al fracaso analítico porque fuerza los mismos hacia su adecuación.

Se trata de visualizar con precisión el desarrollo de los indicadores centrales de cada nación, de cada región, y de identificar los modelos desplegados en sus políticas internas y externas que llevaron a esos resultados. Resultados que deben ser observados en presente total, perspectiva histórica pero también en proyección. Configuran una película de inicio milenario y en continuado. El tema es complicado para el sentido común, pues naturalmente surge el interrogante sobre si es posible conocer el futuro. Nuestra respuesta es contundente: dejando de lado los resultados del fútbol el siguiente fin de semana, sí es posible comprender, en trazo grueso, el camino a mediano plazo de la humanidad.

Por lo que hemos podido concluir, enfatizamos ese aspecto: podemos avizorar el futuro estructural a mediano plazo. Las lentes con que miramos el corto y el largo plazo son opacas; en lo inmediato porque los grupos humanos tienen razones múltiples y dispares para actuar, lo cual queda evidenciado en las dudas sobre la concurrencia a una gran movilización, sobre la continuidad o retiro de un gobierno determinado, sobre el resultado de una elección específica. En lo extenso, porque las variables se escapan, se tornan inasibles: la perdurabilidad del sol, el eventual impacto de un meteorito, la longevidad de nuestra propia Tierra. Estamos en manos de Dios. O la denominación que cada quien prefiera signar.

Pero el tramo humano que se construye en base a los factores presentes y su interrelación sí puede ser conocido. De modo imperfecto y sin desconocer azares, admite previsiones. Esas previsiones generan responsabilidades, pues el libre albedrío existe y ante los elementos detectables en presente los pueblos y sus referencias pueden escoger el aprovechamiento justo y preciso de ese devenir o retraer sus pasos hacia las brumas del ayer idealizándolas –en cualquier sentido- como si por la simple acción del deseo bastara para reponerlas en una situación general ampliamente diferente.

El otro dato que merece ser evaluado es que esos factores “numéricos” registrados se traducen en poder. Mucho o poco, según el usufructuo que hayan efectuado y efectúen los liderazgos, implican influencia sobre el decurso de los acontecimientos. Ahí estamos arribando a un punto central de toda comprensión: el poder en su plena expresión es la canalización política del interés geoeconómico. Hay quienes suponen que tener poder es elaborar ardides para someter a otra nación, a otro pueblo. Eso puede funcionar un tiempo, con armas y propaganda, pero en perspectiva el volumen económico social y cultural termina definiendo las relaciones internacionales.

El capital financiero, que gobernó el planeta durante unas dos décadas aunque su labor meticulosa tenga antecedentes –el macartismo y sus variantes (contra el comunismo, el populismo, etc) para desarticular toda búsqueda política de iniciativas productivas materiales- va llegando al borde que puede llegar una instancia asentada en valores etéreos. Ha encontrado, en el seno mismo del capitalismo que intentó fagocitar, un freno basado en procesos reconocibles: regiones con recursos naturales vastos, hiperpoblados por gentes de hondas culturas, con mercados internos potenciales abrumadores, se han desplegado.

Lo van logrando al acentuar la investigación científica y técnica vinculada a la producción, al utilizar  los gigantescos recursos tributarios generados por sus sociedades para afirmar el rol rector e inversor de los Estados, al disponer con sentido futuro grandes obras de infraestructura, al proveer a los pobladores del poder adquisitivo esencial para comprar lo que generan, y al controlar las finanzas manadas de esa dinámica comercial para sostener nuevas instancias ligadas a crecimientos en vez de pretender generar con ellas billetes sin sustento. Todo esto se puede medir, y a partir de allí es posible también adentrarse en cada experiencia y conocer el modelo de desarrollo empleado para arribar a tales fines.

Bien: para percibir esta información es pertinente poner en jaque las aseveraciones contundentes presentadas por académicos y periodistas. Las creencias. El libre comercio, el proteccionismo, la apertura o la cerrazón de los mercados, son sólo herramientas que el ser humano se ha dado en distintas etapas, en variados países. Las mismas fueron elevadas a nivel dogmático por sus realizadores para garantizar que quienes se veían perjudicados por las mismas aceptaran su vigencia como si fueran parte de la naturaleza. Es bien perceptible en los analistas económicos universitarios y mediáticos, por caso, la recurrencia a esa expresión; desde hace varias décadas a esta parte, indican al público que las acciones de los grandes conglomerados financieros son un elemento “natural” que no debe ser contrastado.

También ocurrió así con los proyectos comunistas, que se presentaron urbi et orbi como si resultara parte del progreso humano garantizar la centralidad estatal absoluta en la acción económica, desandando el dinamizador individual e inclusive social cooperativo cual si se trataran de rémoras feudales, cuando en realidad podían servir para un estímulo creativo. Parece visible hoy que, tras reconocer los trazos favorables y desfavorables de esas experiencias, entre otras, la realidad estructural de base en movimiento, se coaligó al pensamiento humano para aprender y llevar adelante proyectos combinados que, sin perder el elemento abarcativo y orientador que implica el poder político de una nación enlazada con equivalentes regionales, tome de cada trayecto briznas de saber con materialidad para su aplicación.

El equilibrio de fuerzas llamado Multilateralidad, que ha encontrado en el Papa Francisco un vocero apreciable y funcional, configura una perspectiva de paz relativa que si bien contiene problemas y tensiones, aventaja al persistente belicismo que ha derruído naciones y complicado la vida de tantos pueblos hasta la actualidad. En sintonía con lo afirmado, es preciso indicar que se trata de un criterio de autodefensa múltiple; cualquier intento de hallar claves en la bondad o la maledicencia de algún dirigente puede conllevar conclusiones equívocas.

Cabe precisar, casi como ironía, que los motores de la transformación concretan ciertos preceptos “clásicos” que el desvaído centro occidental corroe permanentemente. Por ejemplo, los valores de sus monedas y los volúmenes de sus emisiones están relacionadas con sus caudales productivos. Como anverso, es sabido que desde los años 70 hasta el presente, los Estados Unidos han impreso dólares sin más fundamento que sus propias necesidades.  De ahí que varias naciones hayan adoptado las monedas china y rusa como término de intercambio y que otras tantas se hayan corrido del billete verde como identificación de sus reservas.

En coincidencia política con ese accionar económico, el Banco Popular de China, su banco central, lleva adelante dos caminos paralelos de enorme trascendencia: una regulación tenue de la economía interior, destinada a ordenar sin coerción a los actores, facilitando una libertad superior a la que hasta el presente ha admitido la Reserva Federal norteamericana, donde la influencia de las casas matrices de los grandes bancos fuerza determinaciones arbitrarias; y el ofrecimiento de préstamos a las naciones aliadas en condiciones razonables, con intereses acordados y sensatos, alejados de las exigencias leoninas del Fondo Monetario Internacional, que fomentan la quiebra de quien se aventura a un stand by.

El vínculo orientador, por así llamarlo, es parte del aprendizaje de las autoridades chinas y en otros aspectos, rusas, acerca de aquello que en lenguaje popular podemos denominar “aflojale que colea”. La experiencia de Hong Kong, llevada a la ruina burbujeante por la filosofía occidental financierista y recuperada para el capitalismo por la filosofía comunista productiva, es un caso de valor. Pero en general, es preciso brindar realce a la eliminación de exigencias conceptuales por parte de las dos grandes potencias. La torpeza adolescente de requerir ateísmo a los cristianos revolucionarios latinoamericanos y a los independentistas musulmanes árabes, ha quedado atrás. Aquellas trabas se han disuelto y el diálogo es más real, pues el atractivo del otro, es su otredad.

Esto es así, pero no resulta saludable estimar posibilidades generando una idealización en sentido diferente a las criticadas. Hay muchas dificultades a resolver en el horizonte. Enumeremos algunas para percibir su dimensión. El rápido crecimiento de China no involucra a la totalidad de su población, lo cual puede originar tensiones sociales profundas y multitudinarias. Algo semejante puede señalarse de varios de los motores del BRICS. Asimismo, los Estados que se distancian de la decadente Europa en direcciones contrastantes –Alemania e Inglaterra- llevan en su seno modelos de acumulación y de relaciones mundiales que no han sido revisados.

En esa dirección: las administraciones oligárquicas en la Argentina y el Brasil, de persistir, pueden ser utilizadas por el esquema financiero como palo en la rueda de la Multilateralidad e inclusive como elementos violentistas contra sus vecinos. El acercamiento de Colombia a la OTAN tiene ese objetivo, pues las grandes corporaciones dinerarias, armamentísticas y narcos sostienen el objetivo de barrer con la experiencia venezolana y sus cercanías. Japón en Asia e Israel en Medio Oriente parecen resueltos a jugar en contra de los reagrupamientos productivos y pacifistas que se desarrollan irregularmente en sus regiones y sirven como enclaves fuertemente armados; siempre listos para una provocación aunque no para victorias integrales.

Finalmente por ahora, en estos breves apuntes destinados a fluir hacia un torrente mayor, hemos de indicar que los pueblos tienen bastante para influir en este decurso. Una consideración cultural y política (comunicacional) sobre datos genuinos de opinión pública, recogidos en Asia Times: las encuestas mundiales sobre el cierre de la administración de Barack Obama brindaron una bajísima popularidad para los Estados Unidos y una creciente simpatía hacia Rusia, China, los BRICS y la Unasur. Con muchas variantes y las complejidades ostensibles de un muestreo de esa naturaleza, se observa que las personas que habitan el planeta palpan las realidades y no resultan tan fáciles de conducir a golpes de propaganda.

Nosotros tampoco. Por eso pensamos de este modo.

 

  • Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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