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miércoles , julio 18 2018
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HUMOR SOCIAL / Atmósferas y fantasmas

Por GUSTAVO RAMÍREZ *

 

No te vayas, en silencio”

Joy Division

I

Mark Fisher y Ian Curtis sucumbieron al encanto de lo imposible. Así que saltaron al vacío sin red. Abajo los esperaban sus fantasmas. ¿Ambos expresaron la depresión de la clase obrera inglesa derrotada por “no hay alternativa” del Thatcherismo?

“Joy Division fue el más schopenhaueriano de los grupos de rock”. Escribió Fisher. Suena fuerte la frase. Sobre todo, en un contexto donde los fantasmas del pasado aguardan emerger del submundo de la subjetividad para cobrar sus deudas. ¿Éramos más escépticos en los ’90?

El neoliberalismo suele operar sobres las fibras psicológicas. La penetración es sutil y ya no es disciplinaria. Así que puede prescindir de ciertas instituciones. Darle vigor a otra y canalizar su potencia en la expansión digital. Para el canibalismo económico – vamos a robarle a Fisher, realismo capitalista – la depresión no representa una patología sino un arma necesaria para romper con el colectivismo.

Como contrapartida redobló esfuerzos para imponer una “narración terapéutica” para doblegar la voluntad de la autoconciencia. Todo empresario del Yo no es más que un engranaje de la matrix económica. Sujeto. Sin voluntad. Sin consciencia. La automatización social no solo para por la injerencia de la tecnología en los modos de producción. Es el sometimiento de la voluntad política del individuo. ¿Un día perfecto?

“Joy Division conectó tanto no solo por lo que fue, sino por cuando fue. Thetcher acababa de llegar, el largo invierno gris de la reaganomía estaba en camino, la Guerra Fría todavía alimentaba nuestro inconsciente con pesadillas que derretirían las retinas durante toda una vida”.

Si, de alguna manera, tanto Fisher como Curtis expresaran la depresión de una época en representación de la clase trabajadora inglesa, podríamos afirmar que entonces los trabajadores, allí, fueron suicidados de la sociedad.

 

II

“Todos esos momentos se perderán en el tiempo

Como lágrimas en la lluvia”

Blade Runner, P. K. Dick

 

Tratemos de imaginar la escena, así que estamos en algún sitio del Overlook. Podemos prescindir de Kubrick y de King. Allí se encuentran dos viejos amigos. El Movimiento Obrero y el Kirchnerismo. La atmósfera toma un color natural sepia. Desde un rincón oscuro del sitio el fantasma de la Derrota observa, sigiloso. Aguarda, paciente, con tiempo.

“He visto cosas que ustedes jamás podrían creer”, dice MO, como si fuera Roy Batty en Blade Runner. K baja la mirada y sonríe para adentro. Un replicante en el Overlook no tiene futuro. Pero aun así ambos saben de que hablan.

Ya no hay ficción. Luego del quiebre, durante el 2011, el universo distópico dejó cedió su lugar al realismo. Pero allí en el Overlook hay demasiados espectros afectados. Atrapados en la trama de un pasado que los asfixia.

El progresismo es insoportablemente romántico. Unidimensional y excluyente. ¿Puede la razón progresista comprender a la razón ontológica del Movimiento Obrero, del sindicalismo? Desde el rincón más oscuro del Overlook el fantasma de la derrota acecha, pero no es un enemigo, es un aliado. Nuestro Batty lo sabe.

Pensar en pasado como posible futuro – además de anacronismos – produce errores de diagnósticos. Así, durante el presente, se han intentado menoscabar acciones que condujeron a la imprescindible resistencia. En términos de narcisismo ideológico todo progresismo es un individualismo.

Después del 2011 ese progresismo necesitó un relato místico para disputar espacios simbólicos con el peronismo. Hoy ese discurso pierde peso en la trampa de la denuncia como táctica de erosión política. Tal es así que el progresismo, dentro del campo nacional y popular, continúa encarcelado en la batalla ideológica, moral, contra el neoliberalismo. En tanto el Movimiento Obrero abona la ofensiva política. Diferencias de carácter.

¿Se puede escapar del Overlook? Estamos allí de nuevo. “Es duro vivir con miedo ¿verdad?, en esos consiste ser esclavo”. Fundido en negro. Fin del guion. Si el progresismo no se libera del fetiche ideológico será difícil que pueda huir el fantasma de la derrota. Si la pelea interna es imponer el absoluto Cristina, el Overlook no dejará de existir como residencia del pasado.

 

III

“Besé a mi chica en la pared de la fábrica”

The Pogues

 

Arrecia la lluvia.

Llegó el turno de la mujer. La china de la caja pasó los productos con brusca velocidad. 158 pesos, dijo. Afuera, la lluvia chocaba inerte contra el asfalto. Como metáfora del presente las calles se inundaban.

La mujer le pidió a la cajera que quitara algunas cosas. Se quedó con media docena de huevos, un jugo, dos patys y algo más. 102 pesos, exclamó la china con tono pesado y autoritario. ¿Te puedo deber dos pesos?, murmuró con vergüenza la mujer. Salió y se perdió bajo la cortina de agua.

Pensé en los hijos de esa mujer. En los míos. Pensé en los sueños que dejamos en camino. En la depresión. Pensé en le pibe que me apuntó a la distancia. Pensé en Dios. En la violencia. Pensé en la injusticia social. En el suicidio. Pensé en el olvido. En el frío que comienza a hacerse sentir en el estómago. Pensé en mi último empleo. En la mujer. No sentí tristeza. Pensé en la bronca. En los tontos encerrados en el Overlook.

Los datos de la UCA, fuente confiable para el gobierno, ponen en evidencia el fracaso y la crisis del modelo neoliberal. Según el informe, entre el 2016 y el 2017, la pobreza infantil ascendió del 60,4% al 62,5 %. Más de 8 millones de chicos se encuentran en situación de crisis social. Realismo capitalista.

Basta con sentarse a sentir el viento crepitar al caer la tarde. El síntoma es la transformación del humor social. Tal vez sea lo que echó a rodar el reloj del Gobierno. Cuesta abajo. Y en descenso. Ya no es gratis la mercantilización de la ideología. Ni la destrucción del tejido productivo. La clase trabajadora argentina no es la brasilera, ni tampoco la inglesa.

El macrismo cuenta con sus propios fantasmas. Y lo aterran. Unidad del peronismo y fortaleza del Movimiento Obrero, pesadillas indomables para un modelo que pretende repetir la historia como tragedia. Y ya no hay campaña mediática, ni judicial, que tape el malestar. La mentira sólo tiene asidero si hay alguien dispuesto a creerla.

Cambiemos construyó su propio Overlook. Sólo que se olvidó de preparar la salida de emergencia y Jack está sediento una vez más. No hay que horrorizarse por las formas. No hace falta. Los fantasmas no son políticamente correctos ni sienten culpa. No conocen a Gabriela Cerruti.

No ha dejado de llover un solo instante. La humedad rumea los huesos. Hay quienes esperan el invierno con ansiedad. Me pregunto porqué se han suicidado Fisher y Curtis. No tengo respuestas. Miro a mis hijos suidos en su universo lúdico. Veo a los compañeros que se cargan la historia en la espalda y no caminan solos. Simplemente creo. Aun en mis propios fantasmas.

 

* AGN / La Señal Medios

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