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jueves , abril 26 2018
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KUCZYNSKI / Coimas de Odebrecht, un sismo con epicentro en Lima

Por EMILIO MARÍN *

Pedro Pablo Kuczynski estuvo poco tiempo como presidente peruano, pues ganó en balotaje las elecciones el 5 de junio de 2016 y asumió el 28 de julio de ese año, supuestamente para completar un mandato de cinco años hasta 2021. Sin embargo su carrera política se truncó el 23 de marzo, cuando el Congreso le aprobó la renuncia, presentada por él dos días antes como recurso de último momento para no ser destituido por ese legislativo bajo cargos de “inhabilidad moral” (léase corrupción).

El Congreso unicameral de 130 miembros contaba con amplia mayoría para echarlo sin más trámite en una votación donde de las seis bancadas solamente la oficialista, reducida, podía no bajarle el pulgar.

Ya en diciembre pasado, bajo el peso de estas acusaciones de haber recibido coimas millonarias de la brasileña Odebrecht cuando era ministro de Economía de Alejandro Toledo (2001-2006), PPK se había salvado en el Congreso por unos pocos votos, ocho para ser exactos. La opositora Fuerza Popular de Keiko Fujimori lo tenía prácticamente liquidado, pero una fracción menor del fujimorismo, encabezada por Kenji Fujimori, acordó salvar al presidente a cambio de algo que se supo cuatro días más tarde, cuando el presidente firmó el indulto para Alberto Fujimori. Este purgaba una condena a 25 años por los crímenes cometidos en su gobierno y salió en libertad como fruto de ese arreglo espurio.

En esa oportunidad los votos fueron 78 por la destitución de Kuczynski y no alcanzaron a los 87 para tal fin. Ahora eran muchos más, por dos razones principales. La fiscalía de la Nación siguió acumulando pruebas de que esas coimas, relatadas por Marcelo Odebrecht, habían sido pagadas a Westfield Capital, una consultora del presidente cuando era ministro de Economía de Toledo, y a First Capital, una firma de la que aquél era socio junto a un empresario chileno.

La justicia peruana evaluó que los pagos recibidos por esas dos vías alcanzaban a 3,4 millones de dólares, en proyectos de caminos y riego. Con más pruebas concretas que en diciembre pasado, la fiscalía pidió al Congreso que acuse otra vez.

Y la otra razón, nueva, fue que aparecieron videos -seguramente filmados por el fujimorismo– donde Fujimori junior y otros diputados trataban de convencer a colegas dudosos para que votaran a favor del presidente, a cambio de obras en sus distritos, designaciones, cargos y otros favores de la política contaminada por la corrupción.

Esos videos fueron la gota que rebalsó el vaso, ya colmado de denuncias, y llevó al presidente a anunciar su renuncia, el miércoles 21.

Corrupto y sin autocrítica

En esa ocasión y sin hacer la menor autocrítica, explicó que veía un país muy dividido y que le parecía lo mejor renunciar. No lo hizo admitiendo culpas de su parte sino más bien echándolas sobre quienes, desde la oposición, habrían impulsado una especie de golpe de Estado que no existió.

Sus explicaciones sobre el dinero ingresado a sus cuentas, documentado por la información financiera peruana, fue increíble pues admitió lo relativo a Westfield, que era suya, pero no lo de First, donde estaba asociado, y explicó que no lo recordaba bien porque es muy desordenado.

Al cronista esas explicaciones le parecieron tener puntos de coincidencia con las que dio Mauricio Macri tras su aparición en los Panamá Papers, diciendo que no eran inversiones suyas sino de su padre y resto de la familia, que no se acordaba.

No vaya a creerse que PPK fue el único peruano untado por la constructora brasileña. Odebrecht admitió que había financiado las campañas de todos los candidatos presidenciales más importantes, incluyendo a Kuczynski en su intento anterior de 2011. Así se confirmó que Toledo y sus sucesores Alan García y Ollanta Humala, recibieron coimas del monopolio; Humala está en prisión y Toledo está prófugo de la justicia.

La renuncia de PPK tuvo polémicas hasta el final, porque una declaración del Congreso, preparada para la aceptación de la misma, lo caracterizaba como un “traidor a la patria”, lo que indignó al renunciante y a su pequeño grupo de legisladores. El afectado dijo que en ese caso retiraría la renuncia y provocaría el inicio de otro trámite, de vacancia. Ante las dificultades y demoras que eso causaría, ese párrafo fue suprimido.

Y así fue como el viernes 23 asumió como presidente del Perú quien hasta ahora tenía el cargo, más bien formal, de vicepresidente primero, Martín Vizcarra, quien vivía en Otawa y era embajador ante Canadá.

Crisis política

El nuevo presidente asume en condiciones de una fragilidad notable, porque ni siquiera puede contar como propia la fuerza que sostenía a PPK, de sólo 18 congresistas y que en ocasión del deleznable indulto a Fujimori perdió varios, además de ministros y dirigentes que renunciaron a “Peruanos Por el Kambio”.

Vizcarra fue gobernador regional de Moquegua y allí tuvo una buena gestión porque sus colegios fueron los primeros según la Evaluación Censal de Estudiantes del Ministerio de Educación. Así llegó al gobierno, como extrapartidario. Asumió el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) pero fue acusado de favorecer a un consorcio encargado de la construcción de un aeropuerto en Cusco, conglomerado donde sobresalía Eduardo Eurnekian, de Aeropuertos Argentina 2000. Las denuncias sobre sobreprecios hicieron que ese proyecto fuera anulado y Viscarra salió rumbo a Canadá, como para pasar desapercibido.

Este político que no conoce casi el 80 por ciento de la población peruana, ahora tuvo que asumir como jefe de Estado.

En estos días de incertidumbre hubo movilizaciones en Lima reclamando elecciones anticipadas y un grito con reminiscencias argentinas de “que se vayan todos”. Esas protestas fueron adjudicadas al Frente Amplio, de centroizquierda, liderado por la joven diputada Verónika Mendoza que en las elecciones de 2016 cosechó el 20 por ciento de los votos.

Por ahora no habrá nuevos comicios, pero nadie puede asegurar que Vizcarra consiga consolidarse y continuar en el Palacio Pizarro hasta 2021.

Papelón de PPK

Cuando el ahora expresidente anunciaba su renuncia, el 21 de marzo, detrás suyo estaban todos los ministros, para la foto, dando acompañamiento con unas caras desangeladas. Entre ellas, Cayetana Aljovín, canciller y titular del palacio Torre Tagle.

Aljovín y PPK hicieron un papelón mayúsculo en las semanas previas, porque habiendo invitado con anterioridad al venezolano Nicolás Maduro, como a los mandatarios de 35 países a la VIII Cumbre de las Américas, luego lo “desinvitaron” y lo declararon persona no grata, que no podía acudir a esa cita de presidentes a realizarse en Lima el 13 y 14 de abril próximo.

Tal afrenta al mandatario y al pueblo venezolano fue resultado de la presión norteamericana, hecha por Rex Tillerson, que por esos días visitó Perú y otros cuatro países latinoamericanos durante una gira centrada en la agresión contra Venezuela.

Ahora Tillerson fue despedido por Donald Trump y reemplazado en la cancillería por el hasta ahora jefe del espionaje, la CIA, Mike Pompeo.

Y Kuczynski, como quedó dicho, cayó tras la acumulación de pruebas de corrupción en su contra. ¿Y éstos eran los que vetaron la presencia del venezolano en la VIII Cumbre de las Américas argumentando supuestos déficit de la democracia bolivariana?

¿Qué tema central se abordará en esa Cumbre? Cuando se ingresa a la web oficial del encuentro está la increíble respuesta: “Los Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas abordarán el tema central de la Cumbre, “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”. Y se aclara que fue el Estado peruano el que elaboró el proyecto titulado “Compromiso de Lima: Gobernabilidad Democrática frente a la Corrupción”.

Una vez más “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

Cuba es otra cosa

Con razón Maduro festejó la caída de PPK y deseó: “así van a caer Santos, Macri y Temer”.

Odebrecht hizo obras en Argentina, Colombia, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela, y pagó coimas en casi todos ellos. Toda regla tiene su excepción, que nuevamente es Cuba.

En julio de 2017 se conocieron nuevas declaraciones judiciales de Marcelo Odebrecht, reproducidas por medios brasileños, donde el magnate exculpaba a la isla y recalcaba la honestidad de sus funcionarios. Dijo que “no compró favores en la isla”, que allí sus transacciones fueron limpias y que “la corrupción en Cuba es ‘borde cero’ lo que sería comprobado por el hecho de que los ministros llevan una vida sencilla”.

Hay que tener en cuenta que Odebrecht tuvo a cargo el Proyecto del Puerto de Mariel, incluido en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM), un emprendimiento de 900 millones de dólares, financiado por el Bndes brasileño en tiempos de Dilma Rousseff.

En medio de escándalos de corrupción del “Lava Jato”, que provocan caídas de presidentes en la región, el modelo socialista demuestra que es muchísimo más honesto que sus detractores.

 

* La Arena / La Señal Medios

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