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jueves , septiembre 20 2018
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DE VIDO, BOUDOU / Sostener lo propio para infundir confianza

(Una reflexión sobre la conducción, las campañas y las energías)

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Hemos señalado horas atrás la importancia de refrendar la existencia de la realidad. En instantes nos zambullimos en la interioridad.

Esa bella narración de Eduardo Sacheri, Papeles en el viento, recreada en el cine con singular eficacia por Juan Taratuto, ofrece una interesante opción para confundir hechos con imágenes: en el afán de comercializar al mediocre Mario Pitilanga, un representante intenta convertirlo en buen futbolista a través de la compaginación de videos que lo muestran como el goleador que no logra ser.

Asentados en la diferenciación que un ser humano elementalmente consciente puede realizar entre realidad y ficción, señalamos:

La hipótesis es: la imagen de Boudou detenido demuestra su culpabilidad.
Pero no la demuestra.

Hace falta una acusación adecuada, un juicio y una condena. Quizás también una apelación.
La imagen de Boudou detenido evidencia que todo el gobierno es una gran campaña. Una gran campaña televisiva.

Que un porcentaje de personas cercano al de los votantes de Cambiemos crea que las imágenes demuestran que Boudou es culpable, no indica ni sorprende.

El gobierno realiza su gestión a golpe de pantalla.
Amado Boudou ni siquiera empezó a ser indagado.
El juez Lijo puede resolver cualquier cosa porque un títere hace lo que le dicen.

Pero esas imágenes jamás convertirán a Boudou en culpable.”

Ahora bien, efectuada esta precisión, que habla inequívocamente de un quiebre en el estado de derecho, resulta pertinente asomarse a los abismos de nuestra propia oscuridad.

EL MALESTAR INTERIOR

Repasamos las declaraciones de Aníbal Fernández, Luis D´Elía, Guillermo Moreno; la segunda carta enviada por Julio De Vido. Revisamos numerosísimos comunicados enviados por los más variados espacios peronistas y kirchneristas. Y memoramos las charlas de las semanas recientes –desde la detención del ex ministro de Planificación hasta hoy- con distintos militantes de los espacios nacional populares.

Con mayor o menor virulencia y direccionalidad, según el estilo de cada cual, se percibe un profundo malestar por la inacción de las referencias más importantes del movimiento. La idea base es “acá te sueltan la mano”. Se habla de los legisladores que esquivaron el recinto, de comunicados genéricos que evitan defensas directas, de la falta de pronunciamientos claros sobre la gestión de los involucrados. Se habla de aquella frase “yo no pongo las manos en el fuego…”

Una vez que se sintetizan las consideraciones, el balance sincero resulta transparente: la mayor parte –quizás la totalidad- de los que cuestionan esa inacción, focalizan la responsabilidad sobre Cristina Fernández de Kirchner. Pocos suponen que una táctica de este volumen haya nacido aunque más no fuera de sus cercanías: Oscar Parrilli, Máximo, La Cámpora, algún sagaz miembro de la mesa chica.

Nada de eso, aunque a veces los mencionen: la imputación por “soltar la mano” a personas que formaron parte central de la gestión, especialmente en el área económica, recae sobre la ex jefa de Estado. Lo cual nos lleva a realizar una serie de reflexiones.

EL SENTIDO DE LAS CAMPAÑAS

En principio, queda la sensación de un diagnóstico compartido: el gobierno, una vasta zona del Poder Judicial y los grandes medios articulan grandes campañas en las cuales la verdad es lo de menos. Con vergüenza ajena se pudieron leer titulares –ordenados por empresas pero redactados por periodistas- en los que se indica que Boudou está detenido por “enriquecimiento ilícito” cuando una mirada esencial al dislate del juez Ariel Lijo da cuenta de sus argumentos: presunto entorpecimiento de la causa e hipotética “fuga”.

La brutalidad de un juez que ya ha dejado una indeleble marca maloliente en la historia judicial nacional, llevó al diario La Nación a intentar una corrección de su resolución para no presentar tapa tan burda. Así, el diario de los Mitre echó mano a lo del enriquecimiento ilícito; sin pruebas, sin registros, sin más corroboración que el mero decirlo.

Es que todos lo saben. Peronistas, kirchneristas, jueces, periodistas, empresarios, funcionarios. Todos saben que el ataque sobre el ex vicepresidente nace de su determinación de recuperar los recursos jubilatorios para los argentinos, en detrimento de las entidades financieras y sus asociados. Y todos saben, en general, que las agresiones sobre la gestión kirchnerista no es más que el castigo por haber sacado el país del pozo liberal, elevado el nivel de vida y puesto en marcha un camino industrial vedado para el Sur.

Una vez que se coincide –dato más, dato menos– en el diagnóstico, vale preguntarse por los pasos a seguir. Si bien, como dijimos, el enojo interior es grande, resulta difícil señalar el andar adecuado: ¿solidarizarse con los detenidos? ¿recurrir al habitual dejemos accionar a la Justicia? ¿convocar a la defensa del estado de derecho? ¿denunciar abiertamente las invenciones mediáticas trasladadas a lo jurídico con orientación política?

LA ENERGÍA

No hay que olvidar que van por CFK, en tanto bandera viva de esa recuperación nacional. En este momento el macrismo y sus secuaces debaten caminos, pues una creación jurídico literaria equivalente podría derivar en la prisión de la ex presidenta, ya que está claro que más allá de las pruebas y la presunción de inocencia por estas horas se hace cualquier cosa que beneficie al poder concentrado.

Nada es sencillo: semejante decisión resultaría arma de doble filo. Una eventual detención disparatada de Cristina, llevaría al establishment a lidiar con movilizaciones persistentes en derredor de juzgados y penales, generando una conmoción social potente con pronóstico reservado.

Sin embargo, y pese a estas aclaraciones, es preciso evocar aquella frase de José Artigas que atraviesa las épocas: “No hay un solo golpe de energía que no sea marcado con el laurel”. Es decir, en este caso: a los compañeros es preciso defenderlos porque lo son –a menos que no lo sean y resulte preciso desmarcarse de las propias designaciones, ¡varios años después!- y porque esa acción configura un mensaje contenedor hacia el conjunto de la fuerza propia.

El lector, que seguramente ha participado de varias discusiones sobre la temática abordada, comprende que ya no se habla de disidencias o alineamientos en listas diferenciadas. Acá se ha puesto en cuestión la lealtad del liderazgo del FPV – Unidad Ciudadana hacia su propia militancia.

Veamos este último párrafo: ya no se está hablando de la lealtad –concepto que en algún momento estudiamos a fondo en estas páginas- de las vertientes y los dirigentes hacia la conducción nacional, sino de ésta hacia sus dirigidos.

(Vamos con una digresión que involucra rubros. De nada sirve intentar movimientos comunicacionales para caer bien a una región de la opinión pública obnubilada por el antiperonismo y el taladro mediático. Este bloque social anhela prisión para todos los “K” y no le importa la verdad; los esfuerzos destinados a convencerlo, en vez de brindar confianza y banderas claras a los propios, pueden derivar en una canalización errónea de la energía.)

DOS HIPÓTESIS

Esbozamos dos hipótesis, sin radicalizarlas. Llegado este punto, parece pertinente realizar una vasta convocatoria nacional popular en defensa del Proyecto Nacional y en contra de la corrompida utilización de las herramientas institucionales por parte del macrismo y sus aliados, pero también una firme defensa de aquellos funcionarios que acompañaron la Década Ganada hasta ayer nomás.

Decisiones firmes como las indicadas resultarán de compleja articulación y entrañan riesgos inocultables, pero el mensaje emitido hacia el mar bravío del movimiento nacional y popular será sólido y galvanizador. Puede facilitar la argamasa interior que está haciendo falta. Y mostraría el carácter contundente y valeroso de quien ejerció dignamente el Poder Ejecutivo en este país.

Toda acción proclive al alejamiento puede derivar en desconfianzas cruzadas y en la prolongación de este clima de anomia comandado por un sálvese quien pueda que no guarda relación con el potencial de una amplia zona del pueblo que se está pertrechando para resistir un ajuste y un quiebre a sus derechos inéditos en la historia.

Ante la contienda, los generales necesitan mostrarse fuertes y nobles: duros con el adversario, pero con mano tendida hacia la fuerza propia.

 

  • Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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