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lunes , junio 18 2018
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ACUERDO BUITRE / Quiénes ganan

 

Por JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ *

 

El Congreso aprobó el acuerdo con los buitres. A pesar de las dificultades para obtener la mayoría simple en ambas cámaras (mitad +1), el oficialismo logró la complicidad necesaria para “volver a los mercados financieros”. La alternativa no existe, no hay plan B, tal como lo marcó el Jefe de Gabinete Marcos Peña y nos salvamos de la amenaza del presidente Macri que versaba un escenario de “ajuste o hiperinflación” si es que no salía el acuerdo –a modo de nota al pie: ¿qué tipo de escenario es aquel que en 100 días lleva 110 mil despidos, 50% de devaluación y 4% de inflación mensual?-.

 

¿Por qué se los denomina “buitres”?
Porque, fieles al ave de carroña, compraron bonos –títulos de deuda- al 25% de su valor debido a que, el deudor, Argentina en el 2001 declaró su imposibilidad de pago por lo que a esos bonos –llamados “bonos basura”- no los quería nadie. Salvo ellos, los que están en condiciones de esperar a que el deudor –Argentina- vuelva a estar en condiciones de pagar y reclamar el 100% de su valor más los intereses por el tiempo transcurrido.

 

¿Qué pasó cuando Argentina pudo pagar?
Se reestructuró -2005 y 2010- un 70% la deuda heredada y aceptó el 93% del total de acreedores. Dentro del 7% restante se encontraban los buitres y los me too que se acoplaron a ellos. Al cerrar las reestructuraciones, se aprobaron la Ley Cerrojo, para que nadie reciba una oferta superior a la de los acreedores reestructurados, y la Ley de Pago Soberano para que el pago de la deuda en nuestro país aleje a jueces discrecionales como Griesa.

 

¿Cómo actuaron los buitres?
Al quedar afuera de las reestructuraciones de deuda, fueron a demandar al Estado argentino en Nueva York dado que los bonos en su poder tenían como lugar de cobro dicha ciudad. Encontraron a un juez –Thomas Griesa- dispuesto a realizar una polémica interpretación de la cláusula pari-passu que exige igual trato para todas las partes que intervienen en un litigio. Es decir, los buitres habían sido discriminados por el Estado argentino, que logró acordar con el ¡93%! de los acreedores. Esto generó dos situaciones.
Por un lado, una sentencia judicial, que lamentable la Corte estadounidense omitió revisar –dejándola firme-, que ponía en riesgo la reestructuración lograda -dado que el 93% podía apelar al mismo criterio jurídico y reclamar el mismo trato que los buitres obtuvieron-.
Por otro lado, Argentina impulsó un marco regulatorio de reestructuraciones de deudas en el ámbito de la ONU, votado a favor por 136 países y rechazado por 6, que pondera que si una mayoría acepta una reestructuración, el resto debe también aceptar y así evitar que un 7% ponga en jaque toda una estrategia de reestructuración de deuda donde sea que fuese.

Uno de los pocos actos coherentes que se le puede reconocer a Macri es cumplir con “ahora hay que ir, sentarse en lo del juez Griesa y hacer lo que diga”. Como comentamos al principio: es el plan A.

¿Cuánto le vamos a pagar?

El gobierno emitirá deuda por U$S 12.000 millones –podría ascender a 15.000- para cubrir el pago a los buitres a una tasa de interés anual de 8.5% -alta, considerando el financiamiento que el kirchnerismo logró al 7% anual para el Belgrano Cargas-.
De esta manera, la deuda con privados en dólares se incrementará un 30% y se le reconocerá a los buitres U$S 4 por cada U$S 0.25 invertido en los bonos –recordemos que los bonos que poseen fueron comprados al 25% de su valor-, es decir, 1600% de ganancia –¿se imaginan un negocio tan redituable?- mientras que los acreedores reestructurados obtuvieron U$S 1.4 por cada dólar -¿ustedes reclamarían el mismo trato que los buitres?-.

 

¿Cuáles son las consecuencias?
En palabras de Aldo Ferrer, se cede una posición soberana en la negociación, dejando de lado los intereses nacionales, con la intención de retomar una senda de endeudamiento con demasiada premura. La soberanía aludida se ve vulnerada al aceptar el pedido de Griesa de derogar leyes que se presentaban como obstáculos, es decir, no se respeta la división de poderes y quien no la respeta, encima, es extranjero.

Incrementar la deuda en dólares tiene la condicionalidad de que no es tu moneda, no la fabricás. En un contexto recesivo, de caída constante del comercio internacional, precios de commoditties bajos y liberalización comercial, ¿cómo conseguís dólares? Además, ninguno de los U$S 20.000 millones de dólares –si agregamos los REPO de inicio de año- va a materializarse en un puente, represa o cualquier otra obra de infraestructura. Es deuda para pagar deuda.
Nadie garantiza que acordar con los buitres suponga la deseada lluvia de dólares y mucho menos que sea a tasas bajas. Además, uno de los argumentos que primó fue la imposibilidad de las provincias de tomar deuda: ¿no se pueden endeudar en pesos para hacer obras de infraestructura?, es decir: ¿se puede hacer, pongamos por caso, un puente con pesos?
Se agregarán las condicionalidades que endeudarse con actores externos supone: condicionalidad en la política económica para poder pagar deuda –ajuste- y el auxilio del FMI en caso de complejizarse el panorama –más ajuste-.

De este modo, media amenaza de Macri se hará realidad: el ajuste es inevitable.
Los buitres van a ser los únicos grandes ganadores.

  • Economista / La Señal Medios

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