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viernes , septiembre 20 2019
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Una reflexión filosófica, un final explosivo / HONRADEZ

Por Gabriel Fernández *

La honradez es un concepto complejo. Contiene elementos circunscriptos a las prioridades, la temporalidad, los otros. Todos los seres humanos lo saben o al menos lo han intuido en alguna ocasión: cuando el responsable del abastecimiento de un hogar no tiene modo formal de acceder a los bienes imprescindibles para alimentar a su familia ¿qué debe hacer? ¿cuál es su prioridad? ¿el respeto de las leyes o las necesidades de los pibes?

La temporalidad también incide: ostensiblemente se diferencian situaciones de crisis profundas con realidades que dan cuenta de la posibilidad de acceder a un trabajo promedio. Asimismo, suelen variar los preceptos de los protagonistas; determinados núcleos evalúan que por encima de la honradez está la adecuación a las circunstancias, a la cual identifican con la supervivencia. Jorge Luis Borges ha brindado su parecer al respecto, generalizando sobre los argentinos en una dirección muy precisa.

La mirada del entorno puede tener, además, su trascendencia. A decir verdad suele suceder que muchas personas sólo precisan el resguardo de lo que llaman buen nombre y honor por encima de los hechos. Concretamente, anhelan delinquir sin que los pesquen. Es habitual, por cierto, que debido a algunos resortes psicológicos defensivos, estas personas hagan fuerte alarde de su honestidad. Sienten una cobertura. Pasa cotidianamente en los taxistas que pasean a sus pasajeros, en los comerciantes que remarcan sin justificación, en los empresarios que aprecian sus productos por encima del valor de mercado razonable. Hablan de castigar sin piedad a “los chorros”.

Vamos a coincidir que la función pública implica un punto delicado. En numerosos cargos jerárquicos el manejo de dinero está a la orden del día por simple realidad administrativa. Por tanto, la tentación de hacerse de recursos públicos suele rondar la cabeza de unos cuantos funcionarios. Aquél que ha cumplido funciones en espacios jerárquicos lo sabe, y también conoce las dificultades y los controles existentes. Básicamente, la experiencia directa pero también las estadísticas señalan que los casos efectivos de dolo contra el Estado son equivalentes en todas las naciones: ni saqueo a manos llenas ni pureza integral.

Nada justifica nada. A decir verdad, nos irrita especialmente el funcionario que se beneficia con recursos de todos. Especialmente porque hemos dedicado nuestra vida a la política con sentidos muy directos: lograr la emancipación nacional y el bienestar general. Ante semejante oportunista nos sentimos particularmente estafados: como ciudadanos y como militantes. A partir de allí empiezan los temas más abarcativos, que exigen una mirada larga y de conjunto para, como señala el dicho popular, “no arrojar al niño junto al agua sucia de la bañera”. Hay otras expresiones quizás más elegantes, referidas al árbol y el bosque.

Arturo Jauretche lo fue observando con el correr de los tiempos. El pensador nacional comprendió que cada vez que un funcionario del Estado defendía de un modo u otro el interés nacional y popular, surgía un “escándalo”. Por un motivo u otro, quienes sostenían el comercio de productos argentinos en el exterior, quienes priorizaban la salud pública por sobre los laboratorios privados, aquellos que disponían el control del flujo monetario en detrimento de los bancos internacionales, y varios más, se veían inmersos en situaciones confusas, recibían denuncias graves, todo ello difundido profusamente por los medios de comunicación.

Por tanto, don Arturo sugería que a la hora de leer o escuchar las noticias, el argentino aprovechara la pausa que implica una absorción lenta del mate para preguntarse ¿qué hay detrás de esto? Así es posible descorrer el velo de la situación, pero también comprender por qué algunos medios ponen tanto énfasis en ciertos asuntos y tan poco en otros. Otro gigante de la cultura argentina, Fermín Chávez, se preguntaba en sintonía, sobre el sentido de la investigación de las actividades festivas de Juancito Duarte con dinero del Estado, pero no por la manutención perenne de toda la familia de Alvaro Alsogaray, cuando este último se la pasaba hablando mal precisamente de su fuente de sostenimiento.

En algún momento, un ejemplo de dignidad personal como Raúl Scalabrini Ortiz señaló que no podía admitir que el comportamiento inadecuado de un funcionario del área educativa justificara la eliminación de los talleres – escuela que estaban generando mano de obra calificada, oficios, esperanzas para los hijos de un pueblo. En todos los casos mencionados, no se amparaba una irregularidad, sino que se ponían las cosas en su lugar, se visualizaba el panorama en su justa dimensión: ¿derrumbar toda una política correcta por la defección de un agente estatal? El disparate, en sí mismo, explicaba la maniobra: se agigantaba o directamente se inventaba la contravención con el objetivo final de desmontar acciones beneficiosas para el pueblo y la nación.

Por estos tiempos la práctica se ha convertido en cotidiana. Los grandes medios de comunicación no han dejado área gubernamental kirchnerista por hostigar con acusaciones por delitos que, en caso de llegar a corroborarse algún día, serían absolutamente inferiores a los logros que implicaron las políticas llevadas adelante. No se trata del afán de justicia y pureza de esas enormes corporaciones, sino de tallar en la opinión pública ejes distanciados de un análisis proporcionado de los hechos.
¿Los que se apoderaron a través de apremios ilegales de todo un conglomerado fabricante de papel, no pueden tolerar que un amigo del vicepresidente intente comprar una empresa? Si pensamos un poco, veremos que la objeción está situada sobre la readquisición de la voluminosa recaudación previsional destinada a promover mejoras en los ingresos de todos los jubilados argentinos. Las AFJP, capitales financieros rentísicos e improductivos, se vieron afectadas por esa decisión oficial; esas firmas resultan imbricadas empresarialmente con el grupo mediático en cuestión. He ahí el misterio de la declamada honradez.

Sin embargo, el asunto no culmina aquí. Hay filos individuales a considerar, para ser sinceros y poner toda la carne al asador. Esto es doloroso pero real: los principales críticos a voces de la “corrupción” estatal suelen ser personas que necesitan ese amparo para sus propias trapisondas menores en la vida cotidiana. Luz roja, vueltos inadecuados, acomodos laborales, pequeñas traiciones, dineritos escabullidos… todo concluye en la interioridad del mezquino en un “¡Ma si!, si en este país son todos corruptos, empezando por los de arriba”. Esa aseveración –explicada por los medios día a día- brinda la cobertura ideal para que la rata de albañal que serrucha el piso a un compañero o estafa a un cliente sienta que lo suyo está permitido por el clima de degradación reinante.

Lo que nos facilita derivar en otro punto aún más complejo: cuando el país está en crisis, los ajustes campean y el empleo es imposible, la queja del frustrado empalma bastante bien con el malhumor colectivo y hasta llega a confundirse con la lucha de quienes anhelan una patria mejor. Pero si la nación crece y las oportunidades se suceden para quien busque aprender un oficio, mejorar su nivel cultural, aspirar a una vida más interesante, la mediocridad de los frustrados queda expuesta. Una multitud de personas de las capas medias de esta sociedad no sabe hacer absolutamente nada, ni manual ni intelectualmente; en su interioridad sabe – siente pero no admite que ha dejado pasar diez años sin asomarse a los Centros de Formación, a las nuevas universidades, a los espacios culturales gratuitos, a las carreras cortas. O a lo que sea. Para ser mejor.

Entonces, descarga su rabia, su furia, su frustración de quejoso sin motivos en los “corruptos”, en los “ladrones K” que se quedan con todo. Esa es la explicación que le encuentra al vivir bien en un gran país sin disfrutarlo, presuponiendo que vive mal en un país de mierda que le impide el desarrollo. Y como jamás en su vida se jugó por nada, la multitud de quejosos no puede absorber que una gran masa de jóvenes militantes participe de la vida política a cambio… del crecimiento nacional y del bienestar del pueblo. Quienes realizamos –concretamos- los medios que usted conoce, también somos contracara de ese perfil y por eso podemos decir con autoridad lo que decimos: mientras muchos quieren creer que hemos estado acomodados con alguien, nosotros sabemos cómo y con qué volumen de trabajo llevamos adelante nuestros emprendimientos.

Ahora sabemos que los recursos públicos han sido puestos, por el nuevo gobierno liberal – conservador, a disposición de gerentes de empresas multinacionales cuyos intereses no están ligados al Estado ni al pueblo argentinos. Sabemos que la devaluación está implicando una gigantesca transferencia de ingresos desde las franjas humildes hacia los poderes concentrados. Y sabemos además que los grandes lavadores de dineros internacionales obtenidos a través de actividades delictivas, han sido designados al frente de la entidad que debe combatir esas acciones: abogados del HSBC controlan la Unidad de Informaciones Financieras. ¿No existe allí un gigantesco dilema relacionado con la honradez?

Da para preparar, serenamente, unos mates. Y dejarse llevar por estos pensamientos. No contienen la facilidad de las consignas que se escuchan en tantos medios. Pero se acercan bastante a una verdad.

• Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Grafica FM 89.3.

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