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jueves , junio 27 2019
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Crimenes en las puertas del sol

“¿Te deshiciste de todas las voces en tu cabeza?¿Ahora los extrañas y a las cosas que ellos decían?”
MURDER. David Gilmour

I
Todo el tiempo nos estamos haciendo daño. Es nuestra naturaleza. No hay hombres buenos o malos. Hay humanidad. Es el big bang de nuestra genética. Armados hasta los dientes salimos, día tras días, adormecidos en busca del sueño mágico que nos cambie el rumbo. Es el camino hacia la felicidad. El éxito: Trabajar de ocho a doce horas por días para pagar el auto, la casa, el perro, el celular nuevo, la ropa de marca. Y eso es. Y está bien que así sea. Así que, cada mañana si el colectivo no para en la parada lo corremos para llegar a ninguna parte.
A cualquier hora del día la gente se duerme en el transporte público. Las miserias se escapan de los sueños, o al menos no se perciben. En alguna parte alguien muere. Alguien nace. Casi todos luchan por vencer al tiempo. Todos sentimos que en esa lucha se va el tiempo, también. Esa gente se mueve en su zona segura. Construye muros. Muros que crecen para solo unos pocos entren. Nadie sale. Respiran. De vez en cuando reciben una muestra gratis de amor. Y no, no es el sistema. Es la adaptación a la miserabilidad de existencias vacías.

Detrás del tedio, la estúpidas ganas de congraciarse con Dios. La búsqueda del bien como fin último de la patología social. Todos podríamos ser asesinos seriales en potencia. El Edipo nos contrae en una nave vacía llena de androides insensibles que manejan nuestro destino. No vamos a matar a nadie sin necesidad. Aunque seamos absolutamente violentos a cada instante. Somos buenos. Aunque no hay buenos ni malos. Somos buenos y eso creemos. Así que no vamos a matar a Dios. Por miedo a Dios y no a matarlo.

En el reviente de la existencia las buenas ideas se inflan como globos llenos de gas. En el vientre de la mediocridad estamos abrigados y no tenemos que pelear por ser el espermatozoide mejor adaptado. Nada de evolución. Así que una vez que estamos bien anestesiados, en la cúspide enana de la pirámide social, contemplamos al mundo desde la existencia mundana y nos sensibilizamos por la humanidad perdida. Sentimos irrefrenables deseos hippies de salvar a las ballenas, a los pingüinos empetrolados, a las putas tristes…Nos sentamos a esperar la vida en las puertas del sol. La vida pasa. Y sentimos que hicimos lo correcto con lo demás pero fuimos incapaces de tomar una decisión íntima que nos lleve al campo de la felicidad. Nos mentimos como mejor nos gusta. No nos podemos salvar nosotros, así que vamos a salvar todo aquello que no vamos a tocar y que no representa un verdadero problema.

II
A la imagen bonzo de gente durmiendo en el colectivo se le superpone la fotografía de un chiquito sirio muerto en una costa lejana. Es el horror. No la muerte. Sino la primera visión. Dormir para escapar. Somos realmente egoístas. No es ni malo ni bueno. Es lo que somos, así que porque renunciar a lo que somos. Ignorar a consciencia es un potente doping de realidad. Eso dentro del domo o del muro. Fuera está la humanidad. Descarnada y con insomnio. Si alguno de los dormidos se despierta en el momento impreciso…bueno ahí estaría el miedo. Miedo a la consciencia. Esa consciencia que duele. Esa espiga cultural que rompe con todas las posibles barreras. Es más cómodo salvar a las ballenas que salvarse uno teniendo consciencia de uno.

En el año 2014 ACNUR, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, registró el desplazamiento forzoso de 59,2 millones de personas. La cifra alcanza un récord histórico desde la Segunda Guerra Mundial. Por día 42.500 personas son expulsadas de su territorio por conflictos bélicos o persecuciones políticas. Siria es el mayor exponente de ésta situación crítica con 7,6 millones de desplazados internos. Hacia final del 2014 la cifra de refugiados sirios ascendía a 3,88 millones. Más de la mitad de refugiados en el mundo son niños. Pero los idiotas quieren seguir salvando a las ballenas.

III
“Por favor, ayuden a los sirios” pidió Kinan Masalmeh de 13 años en la cadena Al Jazeera. “Los sirios necesitan ayuda ahora. Solo paren la guerra, nosotros no queremos quedarnos en Europa, solo paren la guerra”, suplicó.

El último miércoles dos embarcaciones que trasladaban a 23 personas se hundieron. Doce de ellas murieron. El hecho ocurrió en la península turca de Bodrun. Entre las personas fallecidas había cinco niños. Uno de ellos era el que apreció en las costas turísticas de Turquía. Lo que se ve no siempre se hace visible. Más de 2500 personas han perdido la vida éste verano europeo al intentar cruza el Mediterráneo para escapar de la tragedia. Alguien debería decirle al progresismo que definitivamente el amor no va a cambiar al mundo.

VI
En casa, la mojigatería redentora pretende explotar subversiones amorfas de elecciones que no tolera. La oposición se nutre de espigas agridulces que no traga. Redunda su republicanismo de nariz parada en circunstancias violentas que provoca con nafta de poco poder incendiario. Vale prestar atención y hace comparaciones. Quemar urnas no va impedir que el proceso popular siga profundizándose. En ese sentido la oposición se deslegitimiza así mismo producto de su falta de ideas y de su hondo servilismo a los intereses antinacionales.

“El amor es más frío que la muerte”, es un gran título de una gran película de un gran retorcido como Rainer Fassbinder. En la Alemania de posguerra el cineasta veía como todo se estaba yendo a la mierda. El arte tampoco nos salva pero es menos estúpido que los salvadores de ballena.

Son las cuatro de la tarde de un día primaveral en medio del invierno porteño. El colectivo 33, cartel Escalada, va semi lleno. Más de la mitad de los pasajeros sentados duerme. Vaya uno a saber por dónde andan en esos sueños ambulantes entre bocinazos y frenadas arrebatadas. A la postre casi ninguno sabe nada del chiquito sirio y la foto que “indigna”. Esa imagen hace tiempo que existe y es cotidiana. Como lo es aquello que ocurre en el mismo colectivo cada día a la misma hora. Ellos duermen. Vos levantás la mirada y te encontrás con los ojos de la chica que te acompaña. Girás la cabeza escrutas al rededor y te preguntás que mierda es la felicidad.

* Feos Sucios Malas / La Señal Medios.

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