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domingo , septiembre 15 2019
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JOHN BOLTON / La guerra como fin económico en sí mismo

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

El camino de los Estados Unidos hacia su reposicionamiento como potencia industrial se afirma de manera persistente. Si el alza de los aranceles a las exportaciones y el disciplinamiento de la FED para sostener las tasas de interés en valores razonables resultan indicadores recientes directos, el desplazamiento del representante de las corporaciones financieras John Bolton del área de Seguridad Nacional configura un indicio indirecto pero no menos trascendente.

El accionar del presidente Donald Trump, si se baja la banda de sonido, es transparente. Su decisión original de volcar las energías norteamericanas hacia adentro y terminar con el desangre de los recursos fiscales que implicaba el continuo y universal guerrerismo desde la gestión de Ronald Reagan en adelante, es férrea, visible y comprobable a través de los indicadores públicos norteamericanos.

Los lectores de Radio Gráfica y La Señal Medios saben que el diagnóstico indicado fue planteado sobre el génesis mismo de la presente administración. Esa mirada siempre incluyó el desarrollo de la pulseada interna; esto es, jamás dimos nada por resuelto. Ahora tampoco: sólo marcamos la tendencia. Pero si pusimos en vidriera los pasos prácticos realizados por el cracker a la hora de afrontar la política local y la internacional. En ese marco, la salida de Bolton es una ratificación del sendero productivista.

Pero ¿por qué? Bolton es un pezzonovante, admitirían sus amigos recientemente excomulgados de la ‘Ndrangheta. Es integrante de estas asociaciones, entre otras: American Enterprise Institute (AEI), Jewish Institute for National Security Affairs (JINSA), Project for the New American Century (PNAC), Institute of East-West Dynamics, National Rifle Association, así como de comités no menos inquietantes: Committee for Peace and Security in the Gulf (CPSG), Council on Foreign Relations (CFR), National Policy Forum (NPF), New Atlantic Initiative (NAI), Project on Transitional Democracies (PTD), y U.S. Agency for International Development (USAID).

Los espacios señalados en primera instancia son sostenidos por corporaciones financieras y firmas vinculadas a la fabricación de armamentos –que han crecido exponencialmente las décadas previas en el país del Norte- y los indicados con posterioridad son parte de los acuerdos estratégicos en el seno del suprapoder norteamericano, el británico y la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Pero esa es la base de sustentación. ¿Cómo se manifiesta?

Bolton, de 70 años y con formación en el Ejército de los EE.UU. y la Universidad de Yale, ocupa cargos de relevancia en el Estado desde la administración Reagan, donde revistó como coordinador de Programas y Políticas, Fiscal General Adjunto, ascendiendo en la regenteada por George Bush padre hacia la Secretaría de Estado Adjunto para Asuntos de Organización Internacional. Fue nombrado por su hijo George W. Bush como Secretario de Estado para el control de armas y Asuntos de Seguridad Internacional y Embajador de su país ante la ONU. Con naturalidad, el suprapoder lo insertó en el reciente cargo de Consejero de Seguridad Nacional.

Resulta ostensible que aquél 11 de septiembre de 2001, cuando las Torres Gemelas cayeron, su accionar sobre el control de armas y Asuntos de Seguridad Internacional no resultó eficaz. Aunque quién sabe. Lo cierto y comprobable es que participó intensamente y con capacidad de mando en la vertebración de la invasión a Irak. Allí Bolton expuso su visión lineal de la política internacional y su predisposición a la utilización de todos los armamentos posibles, aún aquellos evaluados por encima de las necesidades impuestas por el rival.

Ese nítido crimen contra todo un pueblo, desplegado entre el 20 de marzo y el 1 de mayo de 2003, fue presentado por George W. Bush, a instancias del propio Bolton, como un intento por erradicar las armas de destrucción masiva aquilatadas por el gobierno constitucional de Saddam Hussein. Tales armas jamás fueron halladas, Saddam asesinado y el país desmembrado en regiones tribales sobre las cuales los mismos vencedores vertieron, con posterioridad, bandas mercenarias formadas por los EE.UU y la OTAN, que fingían alzar banderas islámicas.

Durante la invasión el gobierno norteamericano admitió torturas grupales sobre los pobladores. Las imágenes de los apremios fueron difundidas por internet y aceleradamente censuradas por el Departamento de Estado. Sin embargo, los registros existen en varios archivos y en la memoria de pueblos que, aunque participaron en otros conflictos de gran volumen, jamás sospecharon que un contrincante podía llegar a proceder de ese modo. Las secuelas resultaron tan graves –se extienden hasta el presente- que marcaron un antes y un después: China y Rusia combinaron sus necesidades regionales con esta evidencia externa para iniciar un acercamiento profundo y renovar sus políticas de Defensa.

Bolton también participó, aunque en menor medida, de la invasión a Libia, que culminó con un nuevo quiebre de la nación asolada y el asesinato del líder popular y presidente elegido por los ciudadanos Muammar Gaddafi. Las dos naciones agredidas no sólo poseían ingentes cantidades de petróleo en sus subsuelos; poco tiempo atrás habían resuelto salirse del patrón dólar y trasladar sus reservas a una unidad monetaria común dentro de un proceso de unificación árabe: el dinar de oro. Sin embargo, la razón profunda de ambos ataques, si se toman los datos concretos, pueden hallarse en los contratos realizados por el Estado norteamericano y varios europeos con las empresas armamentísticas y la nueva instancia de empresas de mercenarios.

Esto surge de los estudios comparativos a los que hemos tenido acceso: el costo de la invasión a Irak superó todos los recursos que pudieron exaccionarse de allí. A confesión de parte, relevo de pruebas: “Irak exporta $40 mil millones de dólares en petróleo. Hemos gastado $3 billones en la guerra.  Aunque les robáramos todo el petróleo nos llevaría 75 años de exportaciones cobrar de vuelta, y esto si no se les acaba el petróleo” aseguró uno de los principales investigadores europeos de ese conflicto. Vale preguntarse entonces ¿quién pagó semejante desquicio? La respuesta es curiosa y reveladora del desajuste que llegaba y la reacción aquí analizada.

Pues la aventura bélica fue financiada, básicamente, por el Estado norteamericano y algunos pares europeos. Es decir, por los recursos públicos acumulados a través del trabajo, los impuestos y los saqueos externos. Un robo directo en beneficio de la tríada empresas financieras, empresas armamentísticas y empresas de la droga de dinero originado en el trabajo de pueblos propios y ajenos. La reiteración conceptual es intencionada, pues cuando se habla de traficantes de armas y de narcotraficantes suele pensarse –prensa asociada mediante- en morenos latinoamericanos ultraviolentos, personas con parches en un ojo, delincuentes de barriada con cicatrices y tatuajes. En realidad quienes manejan esos negocios son señores elegantes que presiden directorios y algunos, cada tanto, brindan consejos económicos por televisión.

Hace tiempo ya –el recorrido de Bolton es un indicio del hilván entre eras- descubrieron la fuente de la fortuna: agitar la Seguridad Nacional estadounidense, realizar contratos por cifras sobrenaturales con los agentes propios al frente del poder que orienta ese país, utilizar los recursos para enriquecerse y acusar a quienes repudian el esquema como antipatriotas –eventualmente cobardes-, corruptos –sospechados de anhelar los fondos públicos- y comunistas o populistas –siempre preocupados por la industria y el trabajo-. Así, el Estado de los Estados Unidos fue vaciado de modo brutal en beneficio de corporaciones sin patria que usaron esa bandera en su beneficio, porque el objetivo era la guerra, en sí misma.

Como hemos indicado Donald Trump observó los números y comprendió el mecanismo. En vez de asumir como delegado de las empresas de finanzas, armas y drogas como sus antecesores, lo hizo como presidente de los Estados Unidos. Sin contar con especiales ánimos pacifistas, entendió que su país debía deshacerse de esas prácticas bélicas no porque fueran nocivas para el espíritu humano sino porque lo llevaban a la ruina. Entendió que semejantes recursos podían volcarse sobre el mercado interno para activar la producción y el consumo, la generación de trabajo y por supuesto, de votos hacia su estentórea personalidad. Por eso no ha lanzado un solo disparo contra otras naciones y por eso el PBI estadounidense ha vuelto a crecer.

Con los tres puntos marcados al inicio y con el dato precisado en la línea más reciente de este texto, Trump se sintió con fuerzas como para desplazar a un funcionario que respondía de modo explícito y sin intermediación a las corporaciones de la muerte. Hubo varios motivos coyunturales que ampararon una decisión que –como vemos- es estratégica. Bolton criticó el acercamiento del rubicundo a Vladimir Putin, cuestionó el diálogo con China y especialmente con Corea del Norte; sugirió atacar militarmente a este último país. Exigió más dureza con Irán y obstaculizó con un atentado fraguado hace pocos días las negociaciones con los representantes afganos que intentan sellar la paz con Washington. Este último suceso, como eclosión del trayecto, colmó el vaso y –jugado- el Presidente lo eyectó con un envío propio del fútbol americano.

Con franqueza hacia los lectores: todos los datos aquí vertidos son comprobables. Los hemos analizado con detenimiento. No es un armado ideológico, sino un recorrido por la realidad en movimiento. De allí que el primer comentario que lanzamos, cuando se conoció la noticia, fue “la Multipolaridad ha dado un buen paso adelante”. Las naciones que tras las experiencias de Irak y Libia se opusieron de modo terminante al deseo corporativo de arrasar Siria, los países en desarrollo que escuchan atentamente el lineamiento orientador del Papa Francisco, necesitan la paz para crecer. Por eso, precisan que Trump logre su objetivo esencial: retirarse a los gritos del mundo, haciendo alardes varoniles, y ocuparse en reindustrializar su país en decadencia, violento y golpeador.

En breve hablaremos de un asunto ligado, sobre el cual muchos de ustedes están pensando.

 

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal.

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