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viernes , septiembre 20 2019
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TODO PASA Y ALGO, QUEDA

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Nada es para siempre es una película muy disfrutable. Robert Redford se impone como un importante narrador y derrama una historia apreciable, sincera. Y si bien el título original es El río de la vida, la adaptación, aunque cae en una frase remanida, calza. Sirve para el hoy.

Es que en el río de la vida, las campañitas, pasan. Dejan rastro, espuma en las orillas, pero pasan. Sin embargo, mientras están a pleno, suenan como un río de vasto torrente. Ocupan todo el espacio sonoro, fatigan los oídos y penetran por los innumerables poros del cuerpo.

En este tramo –extendido-, han sido varias. Blumberg, Papeleras, Inseguridad, Corrupción, Sectarismo, Feminismo, Patrioterismo, Antifeminismo. El segmento social adherido a las mismas es semejante, aunque se pretenda bien distinto de los demás.

El rasgo que unifica a todas las campañitas es el balde en la cabeza que portan los delanteros de su formación. Se adentran en la cuestión y es allí donde sitúan el eje del planteo. La realidad se sintetiza en la bandera circunstancial, devenida en banderín y todos los que no adscriben pasan a ser réprobos.

Su deriva es grave, pues se sobreestima y como contraste, se subestima una temática. Ecología, Seguridad, Coherencia, Derechos, Patria, son ejes a considerar en una acción política nacional popular. El último citado, claro, es central y esencial.

Todas las movidas que envolvieron a esas franjas medias sin sindicato han puesto como eje nacional –y hasta mundial- sus iniciativas y consignas. Todas, merecieron como contraparte una devaluación injusta, del mismo tono y semejante enjundia.

Uno puede reconocer a sus protagonistas, al toque. Viene la oleada y se los lleva puestos. Empiezan a desgranar un cien por ciento de aseveraciones relacionadas con su obsesión circunstancial y a condenar con severidad a quienes no la comparten.

La vida, su vida, pasa por ahí. Hasta que se olvidan, y pasan a otro enfoque. Colocan el foco sesgado en otro punto.

Pierden de vista –o jamás vieron- el Proyecto Nacional con todas sus variantes y propuestas. También, la perenne, útil y refrescante incorporación al movimiento nacional de los más diversos sectores con sus tradiciones, aciertos y equívocos.

Por estas horas, después de haber combatido todas las campañitas previas –está dicho y grabado, está escrito- nos encontramos con la furia antifeminista de quienes, al igual que lo hiciera el feminismo radicalizado de corte antipopular, meten en la misma bolsa a los protagonistas de las luchas por derechos cívicos.

Así, el peronismo, vanguardia en la pelea por la igualdad de derechos en el marco de la diferencia de géneros, está siendo rasgado hacia dentro por quienes empezaron cuestionando con justeza los excesos del feminismo divisionista y terminaron golpeando a quienes plantean el debate sobre la despenalización del aborto y el equilibrio salarial, laboral, previsional de todas las personas.

Los actores ultras de cada campaña, a favor y en contra, contribuyen a la división de un movimiento nacional que siempre contuvo a los más variados espacios. Muchas veces, como sabemos, contrastantes. El balde en la cabeza les impide observar la proyección –por izquierda, por derecha- de volantes que quedan en posición de gol. El juego se cierra, el andar se embarulla y una red de piernas obstaculiza el avance.

Algo parecido surgió con los candidatos. Después de haber hablado con Felipe Solá, Agustín Rossi, Alberto Rodríguez Saa –impulsor del aborto, como dato colateral-, entre otros, es difícil para este periodista comprender qué dato manejan quienes evalúan como negativa la designación de Alberto Fernández.

¿En qué punto emerge la rara conclusión de que las fórmulas Alberto Fernández – Cristina Kirchner y Axel Kicillof – Verónica Magario podrían ser caracterizadas como antiperonistas o antipatrióticas? Y a qué viene esta defensa improvisada del movimiento obrero por parte de quienes desoyen el apoyo explícito que el mismo ha brindado a esas listas.

Puede evocarse, a lo largo de los años, las personas que han integrado nuestras listas y nuestros gobiernos. Con franqueza, las que se están presentando hoy no están por debajo de tantas otras y, en varios aspectos, las mejoran. La nómina ideal, en un movimiento masivo de las dimensiones del peronismo, no existe.

Felizmente no existe porque entonces se trataría de un círculo ideológico breve, de escasa proyección y aún menor inclusión. Quien esto escribe proviene de una familia peronista; ahora bien, entre sus miembros no puede hallarse uno que se origine en el mismo sector que el otro. Todos confluyeron desde arranques diferentes.

Y todos, como ha sucedido históricamente, pusieron énfasis en asuntos diferentes. Sin olvidar la totalidad. Y sobre todo, sin cuestionar la edad de dirigentes o candidatos. Pues a la luz jauretcheana, relegar a las nuevas generaciones por inexpertas es más que un error: es un suicidio político a mediano plazo.

¿Por qué arrancamos con Nada es para siempre? Lo interesante de las compulsiones psicológicas del medio pelo es que, finalmente, remiten. Lo dañino es que dejan heridas, insultos y quiebres que cuesta recuperar.

Es que mientras dura, la movida ocupa todo el ámbito y parece llevar hacia un embudo al conjunto de la discusión política; los protagonistas están enojados, listos para condenar al compañero, feroces a la hora de debatir horizontalmente. Hirientes.

Una vez que los afectados se liberan de la oleada, se sacan el balde, perciben la situación completa y se dejan llevar por el rumor del verdadero gran río, ese que compone nuestro pueblo, alivian sus preocupaciones. Se “masifican” un poco, eso sí, y pasan a formar parte de un movimiento que nada exige … pues la pertenencia implica una definición.

Y porque las batallas son demasiado duras, demasiado importantes como para andar revisando los uniformes.

 

• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica

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