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viernes , septiembre 20 2019
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MICHAEL JACKSON Y BRAD PITT

 

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

Vale aclarar: me sientan bien los ídolos populares. No soy de los que rechaza a priori una figura al observar que las mujeres lo admiran o que el gran público consume su obra. Después, claro, si el ídolo se dispara a favor de alguna oligarquía local o internacional, lo dejo de lado porque tampoco voy a celebrar zonceras.

Y vale aclarar, también: espero poco de los artistas. A diferencia de tantos amigos que idealizan ese oficio, que evalúan a los creadores como grandes referencias de la humanidad, pienso que son semejantes al resto de los grupos humanos: los hay inteligentes y tontos, honrados y corrompibles, solidarios y egoístas. Peronistas y papafritas.

Hace rato ya, desde antes de su muerte, observé con detenimiento el nuevo giro (sería el último) en el trabajo de Michael Jackson. Me sorprendí gratamente. En un mundo como el del rock y el pop, donde las canciones están diseñadas para imbéciles, los contenidos posicionaban las denuncias y ayudaban a reflexionar.

Más allá de muchas variantes interesantes (sólo para situar un punto fuerte en concreto), Jackson metió mano en los intereses de los señores de la guerra que operaban –y, con las modificaciones epocales lo siguen haciendo- sobre Medio Oriente. Con un perfil nada semejante al de los editoriales de los medios concentrados al referirse a la cuestión.

Aunque resulte insistente, subrayo lo antedicho: como en el caso de John Lennon, es preciso mensurar la calidad del trabajo en el marco de un mundo cultural de tono menor. Cualquier tango o expresión folklórica argentina y latinoamericana ofrecen una profundidad filosófica harto superior a esta secuencia popular anglosajona.

Lo cual significa que quienes se salen del borde lelo, configuran riesgo. Sobre todo si, como los dos citados, son escuchados por millones y millones. (Y pese a que en nuestro país tantos pongan los ojos en blanco al escuchar cualquier estrofa narrada en inglés).

Ahora bien: la reciente andanada sobre Jackson y la sugerencia –nunca realizada antes con otro artista- de directamente dejar de pasar su obra a través de los medios debería al menos hacer pensar a quienes dan por sentado que todo es como lo afirman un puñado de señores que lograron hacerse millonarios enjuiciando a la estrella.

Por otro lado, voy repasando lo que surge en derredor de Brad Pitt en la prensa internacional. Es fácil, para los varones, detestar un galán. Quizás allí se asiente parte del éxito de los cuestionamientos. Sin embargo, no lo es para medios que utilizan la imagen como ariete de ventas. Así y todo, le sacuden para que tenga.

Le sacuden de modo bochornoso, con referencias a su sexo (lo cual permite al ñato de acá a la vuelta decirle a la señora “viste gorda, sos una privilegiada”), a su infelicidad (¿¿!?), a su deseo de no estar expuesto, a sus desavenencias conyugales, a su calificación de “patéticos” a los actores que viven “sobre un sofá fumando marihuana”.

Pero claro, al igual que en el tan distinto caso anterior (paradoja), cuando se recorren los trabajos de Brad Pitt puede observarse que, frente a las opciones sencillas para realzar una figura fotogénica, se imponen otras decisiones, ligadas a conceptos bien distintos a lo que queda bien en Hollywood.

Su ausencia en premios hegemonizados por campañas de gran despliegue comunicacional, sus consideraciones cultural – políticas (no al revés, vale aclarar), y la impronta que fractura el sentido común bondad – maldad en películas recientes, parecen ser los ejes reales de aquellos cuestionamientos gratos al público promedio.

Entonces nos vemos obligados a retomar el comentario: todo esto en un ambiente donde la lobotomía para los personajes más conocidos parece una ley no escrita, al punto de encontrarnos con presencias estelares que, de vez en cuando, balbucean, y que en las veladas alfombra roja aceptan decir todo lo que viene guionado desde arriba, a cambio de una estatuilla.

Estas líneas sencillas significan poco. Son apenas apuntes que hace rato estoy por desgranar. Quizás su objetivo sea ayudar a evitar las caracterizaciones inmediatas basadas en la propaganda, y recordar que en todos lados se registran situaciones mediáticas equivalentes a los dislates que conocemos por estas playas.

Ya sé que da un poco de bronca ¿no? Es más sencillo y quizás más armónico, lanzar pullas sobre un moreno con vitiligo, amado por su comunidad –aún hoy- y portador de un estilo que cautivó a James Brown. Es más adecuado hacerse el hombrón y decir “pero seguro que es un degenerado mirá como baila”. Aún más satisfactorio resulta tirar dardos sobre ese rubio pintón que, en algún momento, todas las mujeres que nos rodean han admirado, y sentenciar “pero ves que estos galanes son todos raros”. Qué grato poder decirlo.

Es más sencillo, aunque puede no ser cierto. Las grandes empresas que controlan los medios siempre nos ofrecen una pista que resulta importante tomar en cuenta. Esa pista suele conducir a conclusiones insospechadas.

• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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