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viernes , julio 19 2019
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ESPANTAR AL BURGUÉS

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Para las personas con cierta perspicacia y una dosis de humor corrosivo, la acción de Espantar al Burgués constituye un placer singular. Actitud algo ingenua aunque un tanto maliciosa, puede refrescar un debate y escandalizar a quienes, rectos como si tuvieran un palo atrás, se envanecen de asertos tajantes, que evalúan correctos. No está mal. Aunque, útil es advertirlo, tampoco es fuente de toda razón y justicia.

Desde hace mucho tiempo, se ha instalado una contracara que, curiosamente, finge ser parte de esa gesticulación mientras plantea todo lo contrario. Podríamos llamarla Espantar al Peronista, aunque en general bien podría denominarse Espantar al Laburante. La cuestión es así y quizás enlaza con el admirado Baudeleire: a izquierda y derecha sus cultores buscan diferenciarse de las masas con variados y sintéticos conceptos transgresores que hieren sus opciones.

Cuando las multitudes escogen un dirigente y lo siguen a rajatabla, estos pícaros descubren incoherencias, personales o programáticas, en el mismo. A partir de allí, ironizan con frases ingeniosas adoptando el lugar del Peronista, el lugar del Pueblo para ejercer el lanzazo. Como la vida política es dinámica, a veces engarzan con críticas justas y bien merecidas por los protagonistas. Y así se van armando una aureola de inventiva filosa que contribuye a desmontar con “razones” populares, las opciones populares.

Sus prédicas rumbean hacia la identificación de dirigentes sindicales con empresarios, la calificación de referentes nacional populares como fascistas o izquierdistas según el caso, la defensa ideológica de algún paradigma por encima de las construcciones prácticas; como lo han hecho los núcleos ultras durante largo tiempo, “desenmascaran” a los hombres y mujeres que los más humildes escogen para la representación. Traen a colación antecedentes, agachadas y frases turbias.

Estos transgresores, que en vez de Espantar al Burgués espantan al compañero, se asientan en la arcaica idea elitista de la gente es tonta y con un poco de propaganda se la lleva hacia donde los poderes quieren. De nada sirve recordar que en las vísperas del 45 casi todos los medios calificaban a Juan Perón como nazi, que a fines de los 50 y comienzos de los 60 el peronismo estuvo prohibido y perseguido, que durante la dictadura la vida política popular fue anulada por decreto y que en el tramo reciente todos los cañones mediáticos enfilaron sobre el kirchnerismo.

De nada sirve corroborar que más del 35 por ciento de la población, la zona más modesta de la misma, considera líder a Cristina Fernández de Kirchner. Tampoco los conmueven las movilizaciones obreras con centenares de miles de trabajadores que explícitamente se enfilan hacia una lista peronista. Gozan contrastando esas decisiones: ahora defienden a Pichetto (¿¡¡?) y menoscaban a Alberto Fernández, ahora recuerdan que Hugo Moyano inauguró una estatua con Macri, ahora señalan que Néstor Kirchner y CFK hicieron unos mangos en Santa Cruz y revelan al mundo su filiación entre oportunista y socialdemócrata.

Qué importa toda nuestra gente si Ellos Saben Lo Que Hay Que Hacer. Y así como Jorge Luis Borges habló de la dictadura de la mayoría, y así como los medios concentrados del capital financiero desmerecen la vida política cuando el pueblo puede revertir la situación, nuestros rebeldes transgresores manifiestan que les importa un pito el alineamiento y la pasión popular. Señalan y abarcan multitudes: esos no son peronistas, indican, facilitando la inferencia: Nosotros Si Lo Somos. No importa que se les diga que el peronismo no debería ser minoría testimonial ideológica. Se presentan como Guardianes De La Doctrina Que Ellos Si Conocen.

Hace algunos meses tuve la posibilidad de charlar con un emblemático cura villero, del cual no doy el nombre porque sus definiciones públicas deben ser formuladas por él mismo. La conversación, dentro de su parroquia, fue eminentemente política: compartíamos la valoración del Papa Francisco, la identidad peronista y también las críticas fuertes al modo organizativo kirchnerista, evidenciado en La Cámpora y con ostensible origen en las instrucciones de CFK. Después de mi texto “El gran río, los brazos, el delta”, no quedaban dudas sobre las objeciones planteadas.

Pero. En un momento, el sacerdote se levantó y narró: “Cuidado, que de acá para allá –señaló el borde de la gran barriada popular en torno a su fortín eclesial- están todos con Cristina. Nuestra gente ama a Cristina y la va a votar o a votar lo que ella pida”. Y añadió: “lo que nosotros podamos decir no significa nada al lado de la opción de nuestro pueblo. Vamos a apoyar a Cristina en las próximas elecciones y estamos orgullosos de hacerlo”.

Pienso. Este cura es realmente transgresor: sabe cómo Espantar al Burgués y ni se le ocurre por un momento burlarse de las preferencias de sus fieles. Es capaz de resignar pruritos y objeciones personales para zambullirse en la vida política nacional y popular.

Lo anteceden en el gesto Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, quienes jamás se identificaron como peronistas sino como nacionales, pero nunca dudaron qué dirigente respaldar cuando les tocó escoger. Sabían quién insultaba a esa referencia, sabían porqué los diarios lo condenaban; sabían que el pueblo que los inspiraba ya había definido un camino y estaban dispuestos a seguirlo, aún con diferencias.

Porque una cosa es polemizar para construir, criticar para avanzar –es preciso ahondar en esa dirección- y otra plantarse al costado como minoría esclarecida frente a la turba de presunto escueto entendimiento.

Tal vez el que sabe tanto, no sabe tanto como cree.

El primer saber de un peronista surge al escuchar a su pueblo.

 

• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica

Cuadro de tapa: Rubén Borré

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