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domingo , septiembre 22 2019
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DEMOCRACIA / Lo más importante desde 1983

Por EMILIANO VIDAL *

A partir de un historicismo recapitulador de los treinta y seis años del retorno de la democracia, los próximos comicios presidenciales son los de mayor trascendencia política, económica y social. El resultado electoral oficiará de rampa a las intentonas inconclusas del ayer y de las generaciones presentes y futuras de un pueblo con alta dosis de olvidos. Los siguientes pasajes de la nota intentan ser una remembranza de quien nació hacia el final de la última dictadura y creció en democracia, con un único fin: aportar para pensar al momento de votar a un gobierno jaspeado de problemas y emergencias a resolver rápidamente.

La historia nacional contemporánea se insinúa en cada oportunidad electoral porque en el caparazón de aquella primavera alfonsinista de 1983, fulgúrea el color de la dictadura cívico/militar tras marzo de 1976, latente en la desindustrialización de la economía, el poder de la oligarquía financiera, el incremento de millones de personas al abandono y a la miseria y el debilitamiento de la clase trabajadora y de sus organizaciones sindicales.

Cuando Mauricio Macri asumió la primera magistratura de la Nación el 10 de diciembre de 2015, su gobierno adoptó un modelo de apoyo al libre funcionamiento de los mercados e impulsó un desarrollo primario exportador, es decir, de producción de granos y de carne bovina aprovechando los resultados positivos de la renta agraria. Desde el Poder Ejecutivo, la alianza Cambiemos/UCR propuso una amplia apertura comercial para combatir la inflación mediante las importaciones de productos manufacturados, tras el montaje de topes a los incrementos salariales y la reducción de los beneficios, negociando colectivamente cada sector por separado.

Fue la escasa imaginación en gestionar en su máxima expresión. Para hacer frente al déficit energético, se redujeron subsidios, incrementando las tarifas, y se generó la apertura indiscriminada de la economía, consensuada con el retorno de las relaciones internacionales con prioridad con los Estados Unidos y China, impulsando la firma de un Tratado de Libre Comercio entre MERCOSUR y la Unión Europea.

En aquel marco de época, el golpe de Estado al gobierno de Isabel Perón el 24 de marzo del 76, coincidió con la ofensiva mundial de potencias como Inglaterra y los Estados Unidos frente a los incipientes estados de gobiernos socialistas y de proyectos industriales. Fue, en palabras del pensador Edgardo Mocca, la primera etapa del avance del neoliberalismo sobre esa construcción histórica que fueron las sociedades salariales, edificadas mundialmente a la salida de la Segunda Guerra Mundial como alternativa a la utopía de los mercados autorregulados que derivó en la crisis de los años ’30.

Al margen de sus propias carencias, la democracia argentina fue y siguiendo siendo una esperanza. Un sistema político que regresó hace casi treinta y seis primaveras, fluctuante entre las intentonas frustrantes del radical Raúl Alfonsín y el rotundo fracaso del poder real en el gobierno mediante los votos y en la piel de Mauricio Macri, quien en menos de cuatro años minó su propia gestión.

En este correlato, vale la pena detener la mira hacia tres décadas atrás, julio de 1989, cuando el peronista Carlos Menem, en plena crisis hiperinflacionaria, asumió anticipadamente la primera magistratura. Fue durante la incipiente caída del Muro de Berlín, el comienzo del fin de la Unión Soviética y el último capítulo de la denominada Guerra Fría. Tiempos en que George Bush padre, se erigía en el dueño del poder militar invadiendo Irak, y en la puesta en marcha de la matriz del Consenso de Washington: apertura financiera, desregulación y privatizaciones de las empresas públicas de los estados. A contramano de la historia, Menem indujo su gobierno a un alineamiento incondicional con la principal potencia mundial norteamericana, a la entrega del patrimonio nacional y a desaciertos jurídicos tras la implementación del indulto por los crímenes de la dictadura hacia sus máximos promotores y ejecutores.

Con la alianza UCR/Frepaso y el radical Fernando de la Rúa en la presidencia de la República, esa política siguió su recorrido funcional a otros intereses que no eran los nacionales, lo que precipitó su caída en las trágicas e históricas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Las instituciones de la soberanía popular, únicas fuentes que legitiman el poder, tras la semana del desfile de “los presidentes”, optaron por el entonces senador peronista Eduardo Duhalde, otrora gobernador de la provincia de Buenos Aires desde 1991 a 1999, elegido para culminar el mandato de quien lo había derrotado hacía poco más de dos atrás y pilotear una de las peores crisis política, económica y moral de la historia.

Duhalde no supo, no quiso o no pudo terminar el mandato pergeñado hasta el 10 de diciembre de 2003. El crimen de los militantes Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fue suficiente para terminar con la gestión de quien fuera el primer vice menemista. Los tiempos aceleraron la entrada en la historia del entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, quien asumió el 25 de mayo de 2003, día de festejo del 193 aniversario de la Revolución de Mayo y tres décadas de la “primavera camporista” que lo tuvo a él entre los manifestantes.

Cristina Fernández de Kirchner profundizó ese modelo de país que sabía a donde dirigirse como a dónde no volver. La ex presidenta por dos períodos consecutivos, y actual candidata a vice fue la única mandataria que gobernó con los medios dominantes de comunicación en contra tras el estallido por las retenciones del campo en 2008.

Desde que asumió la titularidad de Boca Juniors en diciembre de 1995, Mauricio Macri fue a pesar de sus propias limitaciones, un candidato elaborado por el paladar del poder real local siempre forofo a la oligarquía financiera internacional. Blindaje mediático mediante, éxitos deportivos aún ajenos a su gestión, más los severos errores de los entonces gobernantes de turno, fueron caldo de cultivo para la figura de un hombre cuya bandera principal fue la no política. En 200, Macri fue elegido jefe de Gobierno porteño para una relección posterior en 2011 y alzar la primera magistratura en la segunda vuelta de 2015.

Con el macrismo en la Rosada, se generó la apertura del comercio exterior para bienes de consumo de diverso tipo, sin prevenir el impacto sobre la producción nacional, el empleo y la recaudación fiscal. Esas medidas de absoluta improvisación, golpearon severamente a las empresas y a los trabajadores de sectores que no están en condiciones de competir como resultado de un aumento de las importaciones sustitutivas de la producción nacional.

Si la parábola representativa tras el estallido del 20 de diciembre de 2001 se cierra con Macri, y ante el descalabro político, económico y social del gobierno que culmina en términos constitucionales en siete meses, con un mercado laboral estancado y deteriorado, los comicios presidenciales de octubre próximo son los más trascendentales a casi treinta y seis años del regreso de la democracia. El compromiso y el saber escuchar, son además de un parapeto personal ante intereses ajenos, una oportunidad sensata al momento de votar al próximo presidente de una Argentina en emergencia.

  • Abogado y Periodista / De acá para allá / Congreso Abierto / La Señal Medios

*Material utilizado: trabajos del investigador del Conicet, Julio César Neffa.

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