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viernes , julio 19 2019
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Periodistas (y medios) en el tramo final del gran saqueo

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Las vicisitudes -¿ciclicas?- en el Gran Grupo Argentino opacan razonablemente las tensiones que se desatan en otros espacios comunicacionales. También, las responsabilidades particulares de los hacedores diarios. Sin embargo, todos los sucesos resultan indicativos; son parte de muestras nada gratis de lo que el período oligárquico le hace al país. Hay que reunir el archipiélago de informaciones y al mismo tiempo tamizarlas con digna corroboración para garantizar veracidad, y con una cuota de discreción para no delatar al narrador. Digamos, la fuente directa.

Este es un desafío para los atentos, porque sólo se puede leer entre líneas. El gremio de prensa tiene sus parecidos con otros sectores laborales, pero también algunos rasgos bien propios. Los periodistas estamos ligados por una percepción común del otro pero la misma no está compuesta, necesariamente, por respeto. Cuando ese sentimiento con contenido, el respeto, se hace presente … la confianza cobra un vigor inusitado. Todos los periodistas creen no haber sido invitados a una fiesta que no existe, y de ahí que los núcleos brillen a la distancia y se devalúen en las cercanías.

El andar por las redacciones une, genera amistades disparatadas para el público, entre posturas públicas editoriales muy diferenciadas. Sin embargo, ese andar necesita de un período de tiempo posterior para valuarse y transformarse en algo cercano a esa ligazón respetuosa. Tiene su gracia, pues en el tramo durante el cual se comparten labores suele menoscabarse al de al lado pero, andando el tiempo, cuando las empresas forzaron a adoptar caminos bifurcados, el afecto melancólico y la revisión de coberturas y artículos lleva a la revalorización del otro.

De allí que existan varios núcleos de periodistas, pero ninguno de ellos se visualice a sí mismo como realmente trascendente; es habitual, seguimos con la curiosidad, que tiendan a entornar los ojos suponiendo que la presunta luz que surge de zonas semejantes resulta más intensa o más prestigiosa. (Es bastante adecuada aquella expresión: “las flores crecen mejor en el jardín del vecino”). Las vidas laborales son enrevesadas y por eso las amistades disparatadas de las que hablamos –trazadas en lo que se ha dado en llamar “cuadras”- pueden resultar persistentes.

Uno de los históricos de la actividad –hacemos mención a periodistas conocidos directamente por quien redacta, sin mencionarlos- ha dicho que “en este gremio sólo se sabe si alguien es buen tipo cuando accede a un cargo y por lo tanto al poder para cagar a los demás”. Otro nos ha indicado, con más precisión que en un diario importante para el pensamiento crítico “no te dejan poner fotos de Cristina ni hablar de ella, a menos que haya una información del día, convocatoria a tribunales, por ejemplo”.

Este último se retiró del lugar, llevando todo su reconocimiento a un quincho propio, no sin calificar al orientador de aquella nave como “un gran hijo de puta”. De allí que las propuestas de otros dos colegas (pertenecientes a núcleos entrecruzados pero distintos) para que el lineamiento que los lectores conocen del medio eje de estas páginas se imbrique en la conducción del diario importante para el pensamiento crítico, hayan sido rebotadas en los meses recientes. Lo más pior, como diría un amigo de maestranza, es que la empresa (¿financiada por quién?) paga a los premios, cuando paga.

En el otro extremo de la elaboración periodística, nos cuentan que la transmutación con vaivenes de un diario analítico para señorones en un panfleto que opera directamente sobre mentiras articuladas por gobierno – empresas – jueces (macanas para la gente, que ahora los sociólogos llaman fake news) se desarrolla en profundidad al punto de cegar la mirada de sus distinguidos acólitos. Pasa que entre los mismos hay cierto desconcierto porque la confianza es un elemento básico para el vínculo entre los consumidores y el medio. Esto es: la oligarquía también necesita una “política de (sus) masas”, y la está dinamitando.

Es interesante observar cómo en este tramo final del saqueo algunos periodistas se van reacomodando para no quedar pegados con tanta plasticola a los delitos comunicacionales cometidos. Uno de ellos, que hasta hace un tiempo se destacó por analizar la economía repitiendo todas las tonterías liberales que caracterizan a los comentaristas del rubro, hace un rato intenta dedicarse a la difusión musical por radio. No faltó el que buscó un rumbo semejante ligándose al fútbol, pero ahora está entrampado porque allí encontró un esquema de poder similar.

En medio de semejante desbarajuste que está originando un realineamiento en el seno del gremio –acompasado por olas de despidos, y esas olas inficionadas por surfistas individualistas acérrimos-, explotan los ejemplos dignos de quienes desde una cómoda situación de periodistas con temas segmentados se sitúan con energía en la oposición política, pierden trabajos pero conservan verdad. Entre los deportivos hay varios casos para sacarse el sombrero, si los periodistas todavía usáramos sombrero, con el cartel Press en su borde.

Por supuesto que en las nuevas generaciones aparece de todo. Los medios nacional populares se han convertido en un semillero de calidad, cosa que no ocurrió en todos los tramos, y a pesar de las distancias tecnológicas esa situación los emparenta con los innovadores de los años sesenta. Y también emergen jóvenes ideologizados que se enganchan con la marea de moda y creen que un puñado de consignas pueden relevar una formación histórica y profesional adecuada. Lo más flojo de la nueva era, sin embargo, parecen ser los surgidos de universidades privadas, donde se les dice que responder a las cinco W, es “antiguo”. Entonces ¡no responden!, y así se arman las famosas fake news.

Es doloroso para todos los periodistas citados sin citar el saber, en el fondo de corazones siempre atravesados por una cuota de humor nihilista, que la pugna político económica de fondo se da en ámbitos a los cuales no tienen acceso. Por muy importantes que crean ser, por buenos que hayan resultado algunos pronósticos, por hondos que se presenten ciertos análisis, el rumbo del país, directamente ligado al de la comunicación, se resuelve en regiones distintas de su hábitat, por abajo y por arriba. Por “abajo” –que para nosotros tiene el valor supremo- están las decisiones populares que colocan o quitan los banquitos a los cuales se suben los dirigentes, y por arriba zonas dirigenciales que tienen poca estima por los colegas y tienden a usarlos según sus intereses.

Ahora que la Utpba ha abandonado el juego y se ha recluído en sí misma –pensar que participamos de la histórica asamblea de fusión entre Sindicato y APBA-, ahora que todos se ríen de Fopea –hasta algunos amigos que se sintieron orgullosos de pertenecer, en otro período-, ha nacido una nueva entidad gremial. Bienvenida sea porque toda organización ayuda a las causas justas. Pero no nos vamos a privar de decir que en lugar de sostener el lugar de mirador que desde aquí promovemos –desde el Pueblo y desde el Sur-, se piensan al igual que la primera organización mencionada, desde las capas medias y desde la izquierda. Lo cual es parecido pero no es igual.

Este mundito laboral seguirá su curso. (La dispersión impulsada por la ciencia y la técnica, la tendencia domiciliaria del nuevo empleo hará lo suyo). Pero se seguirá pareciendo a sí mismo. Las “mesas” a las cuales concurrimos y a las cuales ni en pedo, persistirán, se lanzarán dardos y habrá más llamados en reserva y más versiones sobre “a que no sabés lo que está haciendo fulano”. En medio de la maleza, entre las tareas investigativas propias del oficio – profesión, se destacará la capacidad de cada periodista para encontrar pares reales, confiables, respetables. Y, si le da la conciencia, para animarse a decir la verdad a los lectores. Lo cual siempre se paga; pero hay problemas peores.

 

  • Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica

 

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