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martes , marzo 19 2019
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SESIONES y ELECCIONES / ¿Cambiamos, Cambiemos?

Por ARMANDO VIDAL *

 

Nunca se vio a un Presidente tan enardecido y descontrolado como a Mauricio Macri ante la Asamblea Legislativa del 1º de marzo, última de su gestión y seguramente de su vida.

Nunca.

Ni siquiera a Raúl Alfonsín, en abril de 1987, en pleno levantamiento de los carapintadas, en una asamblea legislativa de hecho porque el Presidente, como correspondía, fue a buscar el respaldo del Congreso, inmediatamente brindado por la oposición, comenzando por el peronismo.

Eso no significa que un Presidente no se enoje y no tenga derecho a manifestarlo pero no burdamente en una Asamblea Legislativa, que es la expresión mayor de un poder de la República que puede echar a un Presidente.

Un ejemplo del cual el 1º de mayo se cumplirán cumplir 45 años lo dio el tres veces Presidente, Juan D. Perón.

Ese día Perón fue a inaugurar el período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación –la reforma constitucional de 1994 dispuso que fuera ahora el 1º de marzo- y brindó su mejor discurso al agradecer el papel de la oposición, o sea al radicalismo e invitar al conjunto de los legisladores a participar en la elaboración de un modelo para la Nación “ahora que nos unen más cosas que las que nos separan”.

Después, para cumplir un ritual peronista, fue a la Casa de Gobierno, salió al balcón como en sus viejos tiempos y se encontró con una Plaza de Mayo dividida entre trabajadores sindicalizados que apoyaban al gobierno y aguantaban al enajenado José López Rega. Y, del otro lado, las fuertes columnas de la juventud peronista, con sello montonero, que coreaban “¿Qué pasa General que está lleno de gorilas el gobierno popular?”.

Natural: Perón perdió los estribos y les espetó aquello de “esos estúpidos imberbes que gritan”, lo cual justificó el abandono por parte de la muchachada del lugar, por otra parte ya previsto por sus dirigentes..

Los medios nunca recuerdan al discurso magistral de Perón ante la Asamblea sino el de la Plaza.

Macri es completamente ajeno a la historia, como es ajeno a las luchas del pueblo argentino por hacer de la Argentina una nación soberana, ignorancia claramente evidenciada con sus gestos y reverencias de súbdito a los poderes imperiales. Ayer mismo recibió al golpista venezolano de gira Juan Guaidó, enviado especial del desequilibrado Donald Trump.

Se comportó como un príncipe enojado con su falta de respeto al Congreso de la Nación, que ha sido con él exageradamente contemplativo.

Esta tolerancia es un cargo específico a la oposición, es decir al peronismo, que además de tener un ala colaboracionista de entrada con la votación de un sector a la ley de los fondos buitres, no reaccionó como debía ante cada señal de agravio institucional con el manejo Macri de los decretos.

Macri odia al Congreso como evidenció su oscuro paso como diputado y por eso lo niega y desprecia.

El Congreso es el que mejor expresa y refleja las debilidades de la democracia. Salvo casos extremos (cuando todo se cae, como en 2001) más que un poder, es un contrapoder, siempre víctima de los poderes de facto – de hecho desapareció con cada golpe militar-, comenzando por el poder económico, donde bien podrían colocarse a los grandes emprendimientos periodísticos.

Cuando más grande es un medio, mayor sus intereses y, por tanto, más lejos está del Congreso, porque por mejor organización lobista que posea siempre será muchos los 257 diputados y los 72 senadores. El apoyo a Macri pese a su palpable fracaso a los ojos del mundo es parte del desprestigio que esos medios acrecientan cada día.

Con todas sus limitaciones, sigue siendo un poder de fuerte resonancia, en particular si va en auxilio de la Justicia, como en los casos de juicios a los ministros de la Corte Suprema. O cuando, como ahora, un juez le envía sus actuaciones en el más resonante juicio, con pruebas a la vista, de intromisión extranjera. Esa valoración del Congreso del juez Alejo Ramos Padilla es para que se sepa bien de qué se trata aquello que Comodoro Py se dispone a enterrar.

Ese es el Congreso que Macri, con sus arrebatos, agravió y no solamente ayer.

Distinta fue la actitud de la María Eugenia Vidal ante el Congreso bonaerense piorque hasta tuvo un tono de autocrítica por el conflicto docente
.
¿Por qué lo hizo? ¿Por qué dijo, sin necesidad alguna, que su primer mandato termina el 10 de diciembre?

¿Por qué el tono de beata en contraste del furibundo discurso de Macri?

En poco tiempo se sabrá.

 

* Periodista Parlamentario / Clarín / Congreso Abierto / La Señal Medios

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