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martes , abril 23 2019
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CLARÍN / Introducción a un debate

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *
 
Una vez que se piensa el panorama y se dialoga con algunos compañeros, la situación es bastante nítida. En la actualidad, hay distintos tipos de conflictos en los medios; todos parten de lo básico -empresa versus trabajadores- pero sus contenidos están bien diferenciados por el volumen económico de los protagonistas.
 
Mientras en Atlántida se inventan imputaciones para despedir con causa a los asalariados y evitar el pago indemnizatorio, en C5N basta con bloquear una cuenta para nadie disponga de un peso; en el primero la idea es seguir, con apoyo oficial y menos personal, en el segundo bloquear cualquier información que contraste con el gobierno.
 
Los sucesos que se desarrollan bajo la órbita Clarín poseen características distintas. En apariencia todos son medios de comunicación, pero el conglomerado que conduce Héctor Magnetto ya es otra cosa. Y resulta preciso pensarlo en perspectiva.
 
Tanto en situaciones anteriores como en las presentes, el Grupo -que celebra un fortalecimiento exponencial tras la fusión con Telecom mientras persiste con sus negocios en las zonas agropecuaria, financiera y servicios, y recibe una pauta oficial desmesurada- ofrece indemnizaciones completas y reforzadas. Ante la posibilidad de tener una pequeña fortuna en mano, muchos de los trabajadores tienden a aceptar el convite. En el caso de La Nación, que conjugará su taller con el del “gran diario argentino” es ostensible.
 
Por mucho que la organización gremial plantee la defensa de la fuente laboral y la importancia de agruparse para resistir, la tentación es muy fuerte. No se puede culpar a los (ahora ex) asalariados. El sindicato gráfico procedió muy bien y los delegados, en línea. Pero hay una sensación extendida de omnipotencia empresarial que lo abarca “todo”. Veamos.
 
Clarín necesita que Perfil diga algo, “invierte” en Perfil. Precisa que algún medio discrepante calle algo, “invierte” en el mismo. Desea configurar un bloque con La Nación, toma las acciones necesarias. Anhela controlar las telecomunicaciones, pone lo que se le pide y las controla. Necesita que la conductora de un programa con elevado nivel de rebote diga algo, se lo sugiere y la conductora lo dice. Quiere apropiarse de los principales diarios y radios del interior, los compra. Considera que un ministerio debe expedirse de tal modo, “habla” con los funcionarios y surge la resolución. Evalúa que un sector del Poder Judicial debería activar tal causa, se comunica con los jueces, y la causa se activa.
 
Y así siguiendo.
 
Aprovechamos los hechos recientes para describir el panorama. Este no es un texto sindical ni pretende representar a sector alguno, más allá de la evidente difusión que efectuamos a diario de las exigencias laborales. Es información analizada para que el conjunto del campo nacional reflexione sobre pasos a seguir en el área comunicacional.
Los periodistas, especialmente, podrían tener un panorama más claro. Este oficio congrega dos récords extraños por contrastantes: tiene el mayor número de escépticos y –al mismo tiempo- la mayor cantidad de declamadores combativos. Entre los que dicen “agarrá lo que hay” y quienes lanzan “luchemos por la dignidad junto al proletariado” no hay más que un escritorio de distancia; en ocasiones, las dos expresiones surgen de la misma persona.
 
Frente a esta realidad, es pertinente abrir la discusión al conjunto, mucho más allá de los especialistas. Por lo pronto, periodistas, gráficos y economistas nacionales –más quienes anhelen sumarse- necesitan aunar esfuerzos y pensamientos prácticos para abordar el problema.
 
En la misma dirección del párrafo previo: abordarlo en serio, dejando de lado algaradas sobre el neoliberalismo, condenas a las redes, ensayos sobre las fake news y todas las tonteras con las cuales se entretienen los analistas de medios.
El desafío es enorme porque la dimensión del Grupo es formidable. ¿Qué hacer en el futuro mediato? Es un interrogante válido que no admite respuestas rápidas. Se puede guapear con las mismas, pero hay que tener con qué.
 
Es claro que en primera instancia resulta imprescindible reforzar los medios propios. También, sostener y profundizar la tarea en las redes. Pero es indudable que el vigor inédito para nuestro país de esta compañía amerita un diseño especial, bien pensado, para resolver el laberinto que implica su influencia y su potencial.
 
En la articulación que sostiene el poder del Grupo, planteada suscintamente al comienzo, no emergen factores relacionados de modo directo con la producción industrial local ni con el mercado interno. En algún momento de su desarrollo, Clarín rompió vínculos con esas regiones y se lanzó a sostener posturas políticas en sintonía.
 
Eso explica, parcialmente, su furia contra el Proyecto Nacional. Lo percibimos dentro del gigante, aún cuando todavía existían corrientes de aire variadas. Pudimos palparlo de modo pleno cuando nos tocó orientar Télam. Lo sentimos ahora, al editar materiales de actualidad, y comparar su tratamiento.
 
Apuntamos este elemento porque lo evaluamos decisivo, para arrancar. Siempre es trascendente averiguar de dónde sale el dinero; de ese modo, las discusiones culturales y comunicacionales logran hacer pie, en vez de derivar en danzas etéreas.
 
 
• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica

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