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viernes , septiembre 20 2019
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AMIA / Las posiciones de Salinas y Labaké sobre la nueva situación

 

AMIA – ENCUBRIMIENTOS. Denuncian que Macri lidera el principal

Por JUAN JOSÉ SALINAS *

El ex senador radical por Chubut Mario Cimadevilla, puesto al frente de la Unidad Especial de Investigación del Atentado a la AMIA por el presidente Macri, fue brutalmente eyectado del Gobierno cuando el propio Macri disolvió de un plumazo, por decreto, dicha secretaria en marzo del año pasado. Ocurrió luego de que Cimadevilla (y entonces también Elisa Carrió, que luego de denunciarlo se llamó a silencio) se le plantara al ministro de Justicia, Germán Garavano. Éste le había ordenado dejar de acusar a imputados (los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia) en el juicio por el encubrimiento a los asesinos que mataron a 85 personas, proceso oral y supuestamente público que se encuentra en sus tramos finales en los sótanos de Comodoro Py. Que discurre en medio de un casi total silencio informativo a pesar de que están siendo juzgados un ex presidente de la Nación, los entonces jefes del servicio de inteligencia estatal, altos jefes de la Policía Federal, quienes fueran juez y fiscales de aquella causa y encarcelaron a sabiendas de su inocencia a un grupo de policías bonaerenses a fin de obturar la posibilidad de que se diera con los culpables, y hasta quien presidía la entidad que a todas luces fue el objetivo del ataque mafioso (Rubén Beraja), una DAIA que oficia de embajada paralela de Israel y coordina oscuros negocios que habrían sido el principal motivo del ataque.

Con la sangre en el ojo, Cimadevilla, un hombre con reputación de incorrupto, elaboró un informe de su actuación que tituló InfAMIA (Informe AMIA)… muy curiosa y sugestivamente el mismo título (por pura casualidad… no desprovista de causalidades) que el de mi último libro, dedicado sustancialmente a explicar la actuación de servicios y agentes de inteligencia nacionales y extranjeros no sólo en el encubrimiento, sino también en la ejecución misma del atentado. Haberse enfrentado a Macri y acusarlo de capitanear las renovadas maniobras de encubrimiento del viejo encubrimiento (encubrimiento al cuadrado) le valió a Cimadevilla que, para acallarlo, en marzo del año pasado, luego de su intempestivo despido, un comando de encapuchados asaltara su hogar, en Trelew, y se llevara, además de un puñado de billetes, el disco de su computadora. Cimadevilla no dudó entonces en responsablizar al Gobierno y a la AFI.

Ocultar el mecanismo

El informe de Cimadevilla tomó estado público en octubre pasado, casi al mismo tiempo que llegó a las librerías, editado por Colihue, mi libro homónimo. Pero fuera de Pájaro Rojo, Horacio Lutzky, Daniel Schnitman, Víctor Hugo Morales, Sergio Burnstein y creo recordar que Laura Guinsberg, nadie se dio por enterado y el tema pronto se diluyó en el fárrago de noticias calamitosas a las que no tiene sometido el Gobierno. Sin embargo, la aparición el domingo pasado en la tapa del diario Jornada de Chubut de una nota que llevó el título de AMIA: el duro informe de Cimadevilla donde acusa a Macri y Garavano de “encubrir amigos” (y la bajada “Es el documento que el ex senador le presentó al presidente. Habla de una ‘Unidad Especial de Encubrimiento’ y caratula la investigación como ‘infamia’”), en la que, entre otras cosas, Cimadevilla señala que “tanto Estados Unidos como Israel prefieren que persista el manto de dudas sobre los iraníes, a que realmente se avance a fondo para conocer si realmente tuvieron algo que ver”, hizo reaccionar al prolífico dúo formado por Irina Hauser y Raúl Kollmann, quienes publicaron ayer una nota que lamentablemente comienza con una crasa mentira: “En un informe que hasta ahora no se conocía…” y en la que luego aproximan el bochín al eje del encubrimiento al señalar que “el análisis de las maniobras de encubrimiento, que adquirieron una dimensión desmesurada, sostiene la hipótesis que se obstruyó la investigación sobre el mecanismo del atentado”.

Pero Kollmann-Hauser no se atreven a ir más allá. Por el contrario, llegados a ese punto, retroceden. Y es que Kollmann, que tan bien ha cubierto junto a Hauser los avatares del Caso Nisman, tiene la cola sucia respecto a su cobertura del Caso AMIA, donde ocultó sistemáticamente lo que Cimadevilla consigna en su InfAMIA y él vuelve por enésima vez a omitir: que no hay pruebas de que la mutual judía haya sido volada por un vehículo-bomba, y que por lo tanto se caen las presunciones de que hubo un chofer suicida y, lógicamente, que haya habido un kamikaze, fuera libanés (¡y de Hezbolá!) y reportara a los ayatolás iraníes. Bull shit.

Kollmann –ahora lamentablemente con la complicidad de Hauser– es contumaz en apuntalar el temblequeante meollo,carozo, piedra basal del encubrimiento, esto es, la existencia de una supuesta Trafic-bomba que nadie vio en la calle Pasteur aquella infausta mañana del lunes 18 de julio de 1994 y cuya existencia quienes estaban cerca de la puerta de la AMIA y sobrevivieron a las explosiones niegan a coro.

Direccionando

Hasta el punto de que en una segunda nota, complementaria, publicada junto con la anterior con el título “La pista iraní es débil” luego de señalar que servicios de inteligencia extranjeros que Cimadevilla consultó “cuestionaron la pista iraní, la participación de Hezbollah y la existencia de un suicida en el atentado”, porfían seguidamente que estos servicios habrían reconocido la participación de “un auto” cargado con explosivos “que tal vez no se incrustó (en la puerta de la mutual, tal como asegura la Historia Oficial al no poder ocultar que la explosión principal se produjo adentro del edificio) sino que cargaba explosivos que se direccionaron hacia la sede comunitaria”. Con lo cual, de paso, niegan que la explosión principal haya sido interna.

¿Rebuscado no? Y es que cada vez es más difícil mantener en pie una añagaza semejante. Porque no hubo ninguna Trafic en la calle Pasteur al 600 a las 9.53 de aquel lunes. Y había muy pocos, poquísimos automotores como dieron fe muchos testigos de que antes de las explosiones sobrevino un insólito silencio. Y es que el tránsito había sido cortado en la esquina de Corrientes y Pasteur, todo indica que por una camioneta camuflada de ambulancia al mando de un experto en explosivos, el ultraderechista ex sargento 1º Jorge Orlando Pacífico, también involucrado en el tráfico de armas e, incluso, de un helicóptero artillado.

Pacífico fue el supuesto testigo de una conversación de bar que habría escuchado desde una mesa contigua. Supuesta conversación que sirvió como “prueba” para que se enviara a Amado Boudou a la cárcel en el marco del Caso Ciccone. Lo que le granjeó enorme simpatías en quienes desde el Gobierno encomian la labor de Daniel Angelici, presidente de Boca Juniors y principal operador judicial de las operaciones judiciales “por izquierda”, maniobras en las que descuellan entre otros el todavía juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli.

  • Autor del libro La InFamia. Editorial Colihue. Pájaro Rojo / La Señal Medios

Pueden leer aqui, inFamia, el informe completo que Mario Cimadevilla le presentó a Mauricio Macri:

https://drive.google.com/file/d/1Z5MGLVMxgsUv1Tjlg6XUb5-uPliIuCKb/view

 

 

LA DENUNCIA DEL DR. CIMADEVILLA

Por JUAN GABRIEL LABAKÉ *

Entre ayer y hoy se ha difundido la carta de “despedida” que Mario Cimadevilla, el ex director de la Unidad Especial de Investigaciones AMIA del Ministerio de Justicia, envió al presidente Macri, antes de abandonar ese cargo hace menos de un año.

Es encomiable que el Dr. Cimadevilla haya decidido abandonar su cargo antes de manchar sus manos con una maniobra fraudulenta tan grosera. Me alegro y me solidarizo con su actitud.

Pero no puedo silenciar el hecho de que la denuncia del Dr. Cimadevilla es tardía, y la produjo luego de haber avalado y promovido actos que fueron el origen y las herramientas del encubrimiento que él mismo repudia hoy.

En efecto, el Dr. Cimadevilla conocía, al menos desde el 19 de julio de 2016, el entramado completo de fraudes procesales y falsedades que han difundido todos los gobiernos desde el día en que explotó la AMIA, para encubrir a los verdaderos autores de ese crimen. Y puedo asegurar que lo conoce, porque fui yo quien se los informó en una carta que entregué en mano en su despacho oficial en esa fecha.

Acompaño el texto íntegro de dicha carta. En ella se puede comprobar que el Dr. Cimadevilla, no sólo sabía que se estaba mintiendo y encubriendo en forma escandalosa en la investigación del caso AMIA, sino que su esclarecimiento era de fácil logro. Bastaba con usar el georadar para comprobar si el pretendido coche bomba Trafic existía o no. Así se lo propuse en esa carta mía.

A pesar de conocer esos detalles, y de la simplicidad del uso del georadar, el Dr. Cimadevilla jamás encaró esa diligencia elemental y definitoria.

En su lugar, perdió el tiempo y desvió la atención pública con propuestas jurídicamente tan descabelladas como el juicio en ausencia. Tan descarriada es esa propuesta del Dr. Cimadevilla, que todavía hoy, a casi dos años de su presentación, nadie se ha animado a movilizarla en la Cámara de Senadores de la Nación.

Hoy se queja porque el encubrimiento, que él contribuyó a instalar, se ha agravado con la decisión del gobierno del Ing. Macri de no acusar a sus directos responsables porque son “amigos”. Es tarde.

Buenos Aires, 30 de enero de 2019.

 

  • Autor del libro AMIA EMBAJADA ¿Verdad o fraude? Editorial Reconquista / La Señal Medios

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