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domingo , febrero 17 2019
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PUEBLO / Sobre pisos, techos y conciencias

 

Por LAUTARO FERNÁNDEZ ELEM *

 

Es sabido -pero no debidamente difundido- el saqueo que está generando la gestión macrista en la República Argentina. Sería apenas lúdico ir canal por canal viendo cuántos temas son más importantes que la fuga de divisas y la desindustrialización según las distintas producciones cartelizadas y también según muchos compañeros y compañeras.

En medio de tantas malas que describimos y seguiremos describiendo, hay una cualidad particular que no sólo es positiva para el camino de organización y resistencia del campo nacional en la actualidad, sino que le agrega una viga más a esa maravilla teórico-práctica transmilenial que es el peronismo.

Como no ha sucedido en ningún país latinoamericano hasta la actualidad y, sin miedo a equivocarme, en ningún país del llamado “tercer mundo” salvo honrosas excepciones, en la Argentina el movimiento nacional ha elevado el piso básico inmune a la destrucción en un escalón imperceptible, triste pero trascendental ante la humanidad. De la muerte al hambre. Ya sé. Esperaban algo más optimista. Ahora explico.

Luego de 30 años de desguace del Estado argentino desde 1976 en adelante, de destrucción del sistema productivo, de avasallamiento a los derechos humanos y los más básicos derechos civiles, la Argentina se sumió en los mayores índices de pobreza e indigencia de su historia, por tanto de hambre, de desnutrición y, claro, de muerte.

Los cimientos estaban destruidos. A las familias trabajadoras argentinas no les quedó ni para comer. Años después, nuestros compañeros, quienes militaron con dolor aquella época y figuraron la reconstrucción, rememoran y nos cuentan “logramos generar un movimiento luchador porque detrás de esa gente sólo estaba la muerte, no tenían más que perder”.

Es historia conocida aquella paulatina reactivación iniciada en 2002. El fortalecimiento organizacional y político de los movimientos sociales llegó a estructuras de complejidad, que no sólo tuvieron la posibilidad de crecer, trabajar –y comer bien- durante 12 años sino que además lograron grados de madurez política que las convirtió en una viga de contención ante el avasallamiento de la violenta avanzada neoliberal del macrismo. Esa viga no es inmóvil, algún día será ariete, pero mientras tanto deberá batallar para que se hunda tanto en la tierra que no pueda ser empujada más atrás.

Entonces, a lo que voy. El desarrollo de la organización popular como red de contención en las barriadas más humildes de nuestra Patria, donde los problemas tienen su peor cara, ha logrado elevar la altura del foso abisal, del lecho submarino. En los noventa, los pibes tenían hambre, y muchos morían. Hoy en día, tienen todos los problemas posibles, pero la comida ha sido asegurada. Si no es por un merendero o comedor, será por un ingreso extremadamente básico que recibe alguno de sus familiares.

Repetimos: no es alegre. Sin embargo realza el volumen histórico que representa el movimiento popular argentino como esperanza a nivel mundial. Así como el peronismo ofrendó a la teoría política internacional un cielo aún más alto para los derechos y conquistas de la clase trabajadora, décadas después el mismo movimiento ha inventado un piso también más elevado para pararse, resistir y avanzar.

Es cierto también: hace años taparon el sol y volvieron a bajar el techo, pero la conciencia de nuestro pueblo sabe que el cielo existe igual. Hoy también quieren hundir el piso, pero desde el 20 de diciembre del 2001, se lo ha hecho macizo, casi impenetrable.

Es valioso admitirlo para, en lugar de felicitar la astucia del enemigo, hacer bandera el ingenio de nuestro pueblo.

 

* Sindical Federal / Desde el Barrio / La Señal Medios

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