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sábado , enero 19 2019
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ESTRATEGIA / Geopolítica Austral y Conciencia Territorial

Por CARLOS A. FERNÁNDEZ  y JOSÉ M. DAMSKY

 

Introducción / Contexto histórico político

Hacia la mitad del siglo XIX, Tocqueville anunciaba que el futuro de la política internacional iba a definirse entre EEUU y Rusia, dado por el impulso, impronta expansionista y extensión de ambos países. Al caer el muro de Berlín y cuando varios autores anunciaban el fin de la historia y el comienzo de una era liberal, signada por un mundo único, vemos desde el comienzo del siglo XXI, como Rusia ingresó otra vez a la escena de la política mundial, en el marco de un mundo multipolar.

Carl Schmitt, realizó una interpretación de la lucha por el dominio mundial a través de la historia donde dividió a las naciones territoriales, que basan su poder a partir de un espacio físico extenso, y las naciones marítimas más proclives al comercio, y a la expansión imperialista[1].

Por su parte Mackinder, sostuvo que quién controle Eurasia- el corazón -, controlará el mundo. Zona central para el dominio del mismo, es una región central de Rusia y Ucrania, dado por los recursos naturales que conforman un corredor de comunicación entre Europa y Asia. Inmerso espacio que llamó la “isla mundial” (África, Asia y Europa) donde se encuentran inmensos territorios y la mayor población mundial. A raíz de esto, recomendaba a Gran Bretaña que impida cualquier espacio geopolítico unificado entre Rusia y Alemania, hecho que fue el signado por todo el siglo XX y lo que lleva del siglo XXI. Asimismo, la función del imperio la cumplió los EEUU, y la URSS la función de potencia terrestre[2].

Kennan y Spykman, fueron conformando la doctrina de la contención para que ese corazón del mundo estuviera aislado y fuera controlado a través obstaculizar  las salidas a los mares y los puntos marítimos estratégicos, primero, por parte de la URSS y ahora por parte de Rusia.

En esta lucha por el poder, Suramérica queda al margen de la disputa en el concierto internacional. Menciona el geopolítico británico, que los recursos del subcontinente son un factor desequilibrante en esta lucha, y la historia le da la razón al ser un espacio geopolítico constitutivo del bloque capitalista liderado por EEUU, vencedor de la Bipolaridad.[3]

 

A partir del fin de la URSS, la OTAN extendió su influencia hacia el este europeo y cambió su objetivo apoyando la intromisión de EEUU en Serbia, Irak, Afganistán, hasta que le llegó el turno de Osetia del Sur, apoyada por Rusia y librándose de pertenecer a Georgia que es un espacio de influencia OTAN.

Así se empezó a conformar un acuerdo de potencias Euroasiáticas y el espacio de los denominados BRICS, asomando una forma de multipolaridad, que Brzezinski anuncia como la mejor forma de llevar adelante un gobierno mundial (con prevalencia de EEUU).[4]

En medio de esta lucha por el poder internacional, entre un atlantismo anglo-norteamericano y una estrategia terrestre con eje en Eurasia, Suramérica ha sido mencionado como factor determinante, pero sumado a la posición de un integrante de la OTAN con fuerte presencia en el Atlántico sur y en las islas Malvinas, por lo que nos abre otro terreno de análisis regional.

La Argentina no solo es una porción de esa Suramérica que advierte Mackinder, como factor desequilibrante en la disputa por el poder, también es el vínculo hacia el continente Antártico, última región virgen de un mundo que requiere de recursos energéticos en grandes cantidades.

La Antártida es el continente que tarde o temprano se ocupara para extraer los recursos que requieran las potencias, para ello, es necesario mantener la presencia en el continente, realidad que Argentina fue esquiva, producto de la crisis de los medios y del financiamiento del instrumento militar.

A partir de la Batalla de Malvinas, las FFAA se fueron reduciendo producto de las bajas presupuestarias y de la indiferencia del pueblo argentino a causa de la impopularidad de las mismas, a partir de la conflictividad social y de la función que tuvieron durante la segunda mitad del siglo XX. La percepción del pueblo argentino acera de las FFAA, en el marco de una sociedad en permanente segmentación, nos lleva a detenernos en una serie de consideraciones…

La dimensión psico-social de la geopolítica

La idea central de la ponencia hace referencia a la necesidad que tiene nuestro país, de pensar e implementar un Proyecto Nacional de forma acabada. Para lo cual es imprescindible que éste proyecto, incorpore en la reflexión y en la práctica, a la totalidad de nuestro territorio y en particular, de nuestro sur austral. Sur, que comienza en la mismísima Patagonia. El problema principal que tenemos los argentinos cuando de geopolítica se trata, es el debilitamiento de nuestro poder nacional.

 

Esto es, la capacidad de decidir de manera soberana nuestro futuro, de planificar y ejecutar políticas de desarrollo que involucren al conjunto de nuestra población. Se trata de decidir acerca del destino de nuestros recursos naturales y que todo nuestro territorio físico formen, junto a su población, una única unidad estatal.

Con un estado que carece de pensamiento estratégico, nuestra sociedad no tiene conciencia de la importancia de nuestra extensión territorial y de la falta de control y de soberanía que tenemos sobre una porción nada desdeñable de ella.

Las divisiones políticas, las mezquindades personales y la fractura social, llevan a incrementar los obstáculos para que sea posible recuperar la senda del desarrollo y de una mayor autonomía como nación en el mundo.

A la falta de conciencia territorial, se suma la generalización de un sentimiento anti-militarista que juega-en el largo plazo-, en contra de restablecer las bases de una conciencia nacional. Esta conciencia nacional hunde sus raíces en la amalgama que se produce a principios del siglo XIX, entre las milicias no profesionales y la población del Río de La Plata, que supo fundirse en ocasión de las invasiones inglesas.

Ese déficit en la conciencia nacional se vincula tanto a la profundización de ese sentimiento anti-militarista mencionado más arriba y a nuestras divisiones internas….En el origen de nuestra nacionalidad, el pueblo en su accionar y hasta el momento las fuerzas de milicias no profesionales, acaecido durante las invasiones inglesas, conforman el núcleo del ser argentino, (Ernesto Palacio 1900-1979).

Sin desconocer los hechos que explican la grieta producida entre el pueblo y sus fuerzas armadas: (el bombardeo a la Plaza de Mayo en 1955, la participación de las FFAA en la década del ´70; el movimiento cara pintadas, etc.), fue quizás con la derrota de la batalla de Malvinas en donde se ahondó con mayor profundidad, la distancia entre pueblo y FFAA, a pesar de la primer etapa de apoyo popular al desembarco en nuestra islas, en 1982.

El debilitamiento del poder nacional, se expresa en todas sus dimensiones. En lo aquí nos interesa, es en el campo ideológico-cultural, en donde la conciencia colectiva ha sido desdibujada. La conciencia nacional refiere al sentido de pertenencia a una comunidad. Es al mismo tiempo, parte del sistema de valores esenciales que se comparten en el seno de la vida de un pueblo. La conciencia nacional, se basa en un conjunto de percepciones y de representaciones simbólicas vinculadas a realidades objetivas y materiales.

Necesitamos recuperar esa suerte de masa crítica de conciencia nacional. Es una tarea que requiere de una decisión política, de una insubordinación ideológica y cultural. Requiere de una ciencia-al decir de Fermín Chávez-, de una nueva ciencia del pensar, esto es, de una epistemología propia.

 

“El problema hegemónico que se nos plantea a los trabajadores de la cultura en la periferia, es el de la reelaboración del sujeto y del objeto oscurecidos, condicionados o engrisados, en el mejor de los casos. De ahí el reclamo primordial de otra epistemología”.[5]

Este debilitamiento del poder nacional, no es solo un problema argentino, sino que responde a este momento de la era hegemónica del capital financiero, en donde los estados nacionales son un obstáculo para la valorización financiera y para imponer un determinado orden cultural global. Más precisamente, esta etapa se caracteriza por el despliegue de las guerras de cuarta generación. Guerras que sintetizan elementos de la guerra de guerrillas, guerras de baja intensidad, asimétricas. Involucrando a grupos minoritarios fundamentalistas, terrorista, religiosos, contra estados nacionales, por eso asimétrica.

En el marco de esta nueva concepción de la guerra no convencional, también en este siglo XXI, se despliega la llamada guerra suave o blanda. En cualquier caso, significa en este tipo de guerras, ponderar los aspectos psicológicos, involucrando más a la población civil. En este tipo de concepción juegan un papel importante los aparatos culturales estatales y privados y los medios de comunicación.[6]

Estos medios de comunicación, se han complejizado con las transformaciones tecnológicas de este siglo. La TV, la radio, y los periódicos conviven con las redes sociales, internet, Facebook, etc.

 

En última instancia, el poder se plasma, y sus resultados se materializan en la psique de cada uno de los individuos y de la mente como proceso general de manipulación psicológica.

Particularidades en el presente de lo que dimos en llamar geopolítica de la mente

Toda situación de guerra desde el fondo de la Historia, contempla el trabajo psicológico hacia las fuerzas propias o las del enemigo. Este procedimiento se profundizó a partir de la segunda guerra mundial. En situación de paz, la cultura, la educación y los medios de comunicación, operan con la misma lógica cuando se trata de imponer determinados intereses (Para este trabajo, hoy también se utiliza al poder judicial)

Se trata de homogeneizar la gran diversidad y heterogeneidad que contiene la vida humana en cada una de las personas y en la sociedad en su conjunto. Esta homogeneización del comportamiento humano que exige la disputa por el poder, se instrumenta a través de una serie de dispositivos. En el presente, dada la naturaleza y características de la tecnología, ha cambiado cualitativamente.

La tecnología de hoy, sus dispositivos (Big data, focus group, encuestas, Facebook, etc.), forman una especie de panóptico digital, cuya finalidad consiste en singularizar los mensajes. Esto quiere decir que en un proceso eleccionario, una guerra o cualquier disputa en la sociedad que se proponga incidir en las decisiones e influir en las voluntades, la acción intencional  estará orientada hacia lo más particular del individuo. La homogeneización lograda hasta el presente para imponer, estimular o generar un deseo, o emoción que direccione las voluntades, se ha transformado en un conjunto de mensajes cuya tendencia es lograr y llegar a cada individuo en particular.

En este contexto debemos mencionar las características que presenta la posición geográfica de la Argentina y como sus recursos pueden ser útiles para la colonización antártica.

Argentina país llave antártico

Desde la visión de los geógrafos británicos, la Antártida empieza en la Patagonia dado que representa “una daga que apunta al polo sur geográfico”, una forma de expresar que la cercanía de la región al continente forma una misma unidad espacial.

Es sabido que la distancia más corta a la Antártida es desde la Patagonia, inclusive de algunos lugares, ésta se encuentra más cerca del Polo Sur geográfico que de Buenos Aires. No solo la distancia es vital, pues se observa que las Islas Malvinas, hoy bajo dominio británico, tiene el mismo posicionamiento y desde allí se realizan las operaciones antárticas británicas, sean tanto marítimas como aéreas.

La particularidad que tiene la región austral continental es que puede ser un centro de producción para lograr abastecimiento logístico para la colonización y que esta sirva en la extracción de recursos.  Otro elemento importante relacionado a la cercanía es que la península antártica es la zona de penetración de menor resistencia para ingresar con un rompehielos, siendo otro elemento para abaratar costos.

La posición de las bases británicas en los espacios australes son varias y realizan una suerte de “contención”, dado que rodean al continente sobre todo en el sector de disputa con la República Argentina, sumado también desde ésta mirada, la pista del británico multimillonario Joe Lewis en la zona de Puerto Lobos, al norte de la región patagónica.

Es una situación parecida a la política de contención que se desarrolló contra el Pacto de Varsovia, pues se buscó aislar a la URSS su salida al mar, pero en este caso es a la inversa, aparenta ser una forma de impedir el ingreso de elementos argentinos, y con mejores proyecciones británicas hacia el continente.

Pero sin dudas, en esta competencia Argentina, por su posición y recursos lleva una ventaja sustancial, pero la realidad política no representa la naturaleza geográfica, pues la debilidad del instrumento militar hace que merme las operaciones antárticas.

 

De esta forma se combinan la falta de infraestructura militar naval y aérea, una marina mercante acorde a las necesidades geopolíticas y el enorme espacio geopolítico patagónico inexplotado; pero como contra cara, en el Atlántico sur, un lugar provisto de riquezas que se la apropian otros intereses ajenos a los nacionales estatales o privados.

Pero el elemento clave en este concepto es el regreso a las políticas llevadas a cabo al principio de la década del 50’ entre los países del cono sur, Argentina y Venezuela, dado que ambos estados necesitan ingresar en un planteamiento de cooperación, dada a las necesidades geográficas continentales del cual cada uno depende del otro, en competencia con una potencia extranjera en el área de reclamación en el sector antártico.

Isla suramericana: Paraguas antártico.

Desde hace varias décadas, la tecnología y comunicaciones han hecho que las distancias se acortaran y el conocimiento sea mayor sobre tierras remotas, desde esta perspectiva se fueron construyendo bloques para fortalecer posiciones y los estados que predominan son los estados/continentes.

En lo que se refiere a nuestra región, varios fueron los intentos, pero la incidencia de factores externos y principalmente la miopía de la dirigencia política suramericana han impedido crear un espacio geopolítico, siendo la fuerte conexión desde lo cultural e histórico, inclusive desde la óptica territorial.

Observamos como el desarrollo integracionista de la última década se está contrayendo con la prácticamente inexistencia del UNASUR, donde se estaba llevando a cabo una serie de medidas que podrían revitalizarse con el tiempo y proyectar poder en diferentes direcciones.

Sin entrar en los elementos culturales, para la integración suramericana para crear un espacio geopolítico más amplio y de esta forma concentrar poder, se detalla los siguientes elementos:

  • La integración de las ecúmenes del pacífico y atlántico suramericanos a través de las comunicaciones hidrográficas, complementándola con la construcción de Ferrocarriles, estableciendo como punto central de comunicación la región boliviana de Santa Cruz de la Sierra por ser la base del altiplano, conexión con la cuenca del plata y la cuenca del Amazonas.
  • La revitalización del RAPAL para el desarrollo de actividades antárticas en conjunto estableciendo cooperación entre los estados, partiendo de la base de las políticas futuras antárticas.
  • El desarrollo del Banco del Sur con el objeto ayudar a eliminar la dependencia financiera y sobre todo para la proyección de poder de los países de la región, sobre todo hacia el sur.
  • El desarrollo del UNASUR es vital para desarrollar un sistema de defensa común y esto no solo se observa desde la perspectiva territorial del subcontinente, sino también para proyectar poder, en el caso de Brasil no solo la defensa del amazonas dentro de su territorio, sino también proteger sus recursos en el Atlántico (en competencia con el Reino Unido) , en el caso de Chile lograr que obtenga Pacífico sur desde la isla de Pascua y sus costas continentales y en lo que respecta a la Argentina la proyección al Atlántico sur y Antártida.

Conclusión                         

Ahora bien, las acciones primero tienen que ser pensadas, y por tal motivo se encuentran en el campo de la mente, pero no solo sobre la conducción, sino sobre las naciones.

En el caso específico de Argentina tiene que resolver primero la relación entre la cultura civil y la cultura militar, dado que los símbolos patrios y la Defensa de la soberanía nacional son percibidos como un problema solo de militares; y por otro lado, la geografía debe ser pensada desde la historia, pues no se logra ocupar un territorio sin que exista un proceso político/histórico.

A su vez, es necesario que el Estado Argentino acumule poder estableciendo espacios geopolíticos en el sur, en primera instancia con la región suramericana, pero teniendo presente la costa oriental del atlántico para aumentar este espacio.

En el marco de la lucha entre los bloques de la OTAN y el Euroasiático, liderados respectivamente por EEUU y China que se encuentran en medio de una guerra comercial, Argentina no tiene que volver a pensarse occidental por tener origen europeo en gran parte de sus habitantes por cuando pertenecemos a la periferia de occidente.[7] Con lo cual, no significa volcarse hacia algún bloque en particular, sino más bien, disminuir las dependencias y contrabalancear donde ellas existan. Nuestro destino está junto con América del Sur.

Carlos A Fernández                                                                            José M. Damsky

CEES-CGT                                                                                          CEES-CGT

caftigre@gmail.com                                                          josepanaccio@yahoo.com.ar

[1] CARL SCHMITT, Tierra y Mar: una reflexión sobre la historia, Ediciones Sieghels, Buenos Aires, Argentina, 2015.

[2] HALFORD MACKINDER, “El Pivote Geopolítico”, https://revistas.ucm.es/index.php/GEOP/article/viewFile/36331/35205 Consultado 30 de diciembre de 2017, 20:00 hs.

[3] HALFORD MACKINDER, “El Pivote Geopolítico”, https://revistas.ucm.es/index.php/GEOP/article/viewFile/36331/35205 Consultado 30 de diciembre de 2017, 20:00 hs.

[4] ZBIGNIEW BRZEZINSKI, “El Gran Tablero Mundial: La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”, Editorial Paidós ibérica, Madrid, España, 2015.

[5] Fermín Chávez, Epistemología para la periferia, UNLa, Colección Pensamiento Nacional. Argentina, noviembre de 2012

[6] Ver, Gene Scharp, Portal internet RT: Cómo ejecutar un golpe suave en cinco pasos

[7] La Batalla del Atlántico sur de 1982 dejó claramente demostrado que las FFAA argentinas perdieron de vista que no eran un factor de poder para el bloque OTAN y la misma estaba representado por EEUU y Gran Bretaña, de esta forma se perdió claridad estratégica llevando a incurrir en errores de ese nivel.

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