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lunes , octubre 22 2018
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INTERNACIONAL / Apuntes sobre el destino

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Muchas cosas suceden en el mundo; y nosotros tan acá, arremolinados en torno a la actualidad local. Es lógico, porque el aluvión es intenso. Sin embargo, creemos que existe un vínculo entre el desconocimiento de lo que sucede en el orden planetario y cierto desánimo sobre el decurso de los acontecimientos nacionales.

Sin esperanza de revertir ese panorama, confiamos en algunos lectores perspicaces que se permitan un tiempo para observar lo planteado y luego difundirlo en el interior de las conversaciones y polémicas sureñas. La ausencia de horizonte agobia el paso diario. Y enterarse de las cosas, además, está bueno.

El primer desafío para los pueblos en el tramo inmediato no es otro que las elecciones en el Brasil. La disparatada prisión del mejor presidente de la historia de esa nación facilita un debate que de otro modo, no hubiera existido: ¿quién puede imponerse? Aunque las esperanzas se asientan en el candidato del Partido de los Trabajadores Fernando Haddad, el panorama es difuso.

Los informes que recibimos nos hablan de una campaña en la cual los derechos civiles, encarnados en el rechazo al provocador Jair Bolsonaro, han equiparado o superado en la difusión pública a las banderas con fuerte raigambre popular encarnadas por Lula, su CUT y el derivado político. Esto puede determinar un dilema en el seno del electorado masivo que recuerda al obrero metalúrgico por su acción social concreta.

Lejos estamos de suponer que las reivindicaciones de las mujeres están alejadas de las causas generales, pero los ejes de una propaganda electoral no deberían correrse con tanta facilidad por la irrupción de una figura que evidencia a todas luces su afán por situar el debate en zonas inconexas. La gran apuesta del PT bien podría ser el rechazo pleno al ajuste liberal generado tras el golpe institucional y la promesa fundada de mejorar el cuadro de abajo hacia arriba.

Andando el continente, vemos a Venezuela batallando para subsistir. La Unión Europea le ha declarado la guerra, Colombia es el ariete, y los Estados Unidos, sin interés por abrir un frente de conflicto pleno en esa región, se suman a la verborrea porque pese a las diferencias evalúan el peso de los contrincantes. En realidad, el gran problema del chavismo hoy orientado por Nicolás Maduro es la deserción de la Argentina y el Brasil en el juego continental.

En tal dirección cabe prever una aceleración de los ataques en el corto plazo, pues la clave para la sobrevivencia de la experiencia bolivariana se resolverá en sólo un año: entre el comicio lusitano y el octubre albiceleste, el mapa latinoamericano puede modificarse sustancialmente y la historia recobrar su curso. Dados los indicadores preelectorales en ambas naciones, aún con dificultades, esa esperanza no es insensata.

Como preveíamos, el México liderado por Andrés Manuel López Obrador optó por consensuar senderos en base al interés profundo geoeconómico, que lo posiciona en el Norte. Sobre todo porque la gestión de Trump coincide en la necesidad de industrializar ese espacio: trabajo para los obreros norteamericanos, trabajo para los mexicanos, hacia la disminución paulatina de una migración que excede la capacidad receptiva de la potencia y vacía de recursos humanos jóvenes al país azteca.

Europa, en tanto, no levanta cabeza. Y vale la precisión, pues aquellas naciones que, debido a su mirada interior y su flexibilidad en materia de acuerdos, pueden alzarla, dejan un pie dentro pero colocan otro fuera de la alianza. Sin Gran Bretaña –en su propio juego de adecuación- y sin Alemania, el viejo continente se irá convirtiendo en un caserío tecnificado. Bueno para turistas de todo el orbe que deseen conocer arquitecturas y leyendas.

La disparidad de poderes se visualiza al comparar la endeblez de Emanuel Macron, presidente francés, a la hora de confrontar con Donald Trump, Vladimir Putin, el presidente ruso, y Xi Jinping, su par chino. Los mismos propagandistas del invento galo lo condenaron al presentarlo a la opinión pública internacional como el rival de los citados –alternadamente- con eclosión en los cruces percibidos recientemente en las Naciones Unidas.

El andar de Rusia en un sentido y de China en otro, resulta parcialmente confluyente pero sobre todo, sereno. Esos propagandistas citados siguen generando acusaciones multicolores sobre Putin –tras las sexuales y las electorales, van sobre las cibernéticas- y agitan el peligro amarillo recogiendo viejas ediciones de Time, Life y The Washington Post elaboradas durante el corrosivo período Nixon. Pero la serenidad no se ha alterado pues está asentada en el despliegue de ambos PBI.

El dólar está dejando de ser la moneda central del planeta. Precisamente porque el tándem euroasiático precisa términos de intercambio razonables y asentados en valores genuinos. Los esfuerzos de Trump por reverdecer el potencial productivo de su país no alcanzan a limar curvas de desarrollo demasiado potentes en dos direcciones contrastantes. En ese rumbo se insertan los aliados, que ya superan holgadamente a los BRICS. Salvo los vecinos zonzos, claro, en su alegre hundimiento.

China ha resuelto junto a sus vecinos, a Rusia y a los Estados Unidos, las zonas de litigio en el Mar de China Meridional -¡hace dos años la guerra estaba a minutos de estallar y ahora, ni una línea en los medios!-, la dualidad de las Coreas –billetera e identidad matan Holywood-, mientras cooperan con el difícil equilibrio en Medio Oriente. Allí, el gobierno constitucional sirio se afirma, Irán crece en su península conceptual y se fortalece ante los árabes en general, e Irak se pone de pie con las movilizaciones populares más convocantes del planeta.

Arabia Saudita e Israel, huesos duros de roer, operan como aliados atlantistas de extrema derecha con provocaciones y crímenes que, aunque preocupan y re generan la perspectiva bélica, catalizan todo el repudio y contribuyen al prestigio de los dos gigantes y a la influencia espiritual persa. El esfuerzo requerido por los Estados Unidos en los años precedentes a la tiranía saudí para sostener el petróleo a precio de dumping ha originado diferencias internas en el reino de compleja resolución.

China, en tanto, avanza sobre la oscura –informativamente- Africa. Es interesante observar la acción conjunta –lo cual no significa coordinada- del megaestado asiático con los núcleos populares islámicos que participan de las demandas sociales en la región. En plena madurez, el Partido Comunista Chino ya no exige ateísmo ni cosas raras a los pueblos para ofrecer la mano tendida: créditos blandos, subsidios, intercambio comercial justo, son las hoces con las cuales va desmalezando el sendero selvático.

En medio del torbellino, el Papa Francisco. Así como con San Martín, Juan Perón, el Che Guevara, quiso el destino –un topo bien sagaz y con honda base material- ubicar a un argentino en el mangrullo que avizora el conjunto humano, refrenda el camino de la vida y obstaculiza el galope de los jinetes del apocalipsis. En las horas más recientes, Jorge Bergoglio volvió a emitir mensajes nítidos, direccionados y precisos, mientras padece los ataques consecuentes.

Por un lado vivificó los vínculos de El Vaticano con China. Por otro, retomó a fondo la prédica sobre los pobres y los jóvenes. Y en un discurso sin precedentes, a la hora de dialogar con las fuerzas policiales del Estado Italiano en su aniversario, las impuso de sus deberes con los humildes y los marginados, quienes no deben ser castigados para homenajear a la “seguridad”. En vez de agradecer los duros servicios represivos de la institución para cuidar de los buenos ciudadanos, recordó que la injusticia social origina los desajustes que deben afrontar día a día.

En nuestra región, ha profundizado lazos con organizaciones sociales de nítido perfil. A tal punto que los medios concentrados no logran definir su lineamiento editorial al respecto: mientras más “acusan” a líderes populares por sus vínculos con el Papa, más los potencian en vez de “desenmascararlos”. Esto conlleva una articulación de base muy potente, que prefigura ministerios futuros, y evoluciones políticas mediante armados antes impensados.

Pocas veces el planeta se enfrentó a un choque tan intenso. La Multilateralidad no es otra cosa que la evidencia política del despliegue humano por su sobrevivencia a través de iniciativas productivas que aprovechen las nuevas tecnologías para mejorar la existencia. Lo demás es finanzas; papeles y máquinas sin inversión, sin trabajadores, sin pueblos. Pocas veces los datos concretos han resultado tan irrefutables e inmodificables como en la actualidad.

Otros períodos de contraste han mostrado voluntad discursiva por sobre beneficios materiales. Fueron ensayos justos, necesarios. Pero resultaron doblegados por la aceleración de un lucro que forzó la naturaleza de las cosas, afirmando que la riqueza se crea de la nada. Y no es así.

El trabajo es el que genera riqueza.

Esta frase puede parecer una bandera moral; pero no es más que la descripción del modo a través del cual la humanidad ha existido y crecido desde su origen hasta el presente.

Dato más, dato menos, así está el panorama, lector. Fíjese cuántos asuntos importantes andan ocultos. Y cómo cambia la mirada cuando uno los percibe.

 

  • Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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