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domingo , noviembre 18 2018
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SHARP OBJECTS / El epitafio de una emoción

Por GUSTAVO RAMÍREZ *

 

I

“El ingenio es el epitafio de una emoción”

Nietzsche

    

El amor puede ser extremadamente violento en el contexto de una sociedad esquizofrénica. El capitalismo ha construido diseños de muertes y también de padecimiento psicológico. La racionalidad del individualismo encarna la voluntad del fantasma como peso muerto de una realidad ficcionada.

En ese camino se inscribe Sharp Objects. Miniserie de ocho capítulos tan escalofriantes como bellos. En ningún momento la cámara pierde de vista el encanto por lo hermoso, a través de imágenes bien cuidadas y elaboradas. Un relato complejo, circular, puntilloso y electrizante, atrapa la atención con suma perplejidad desde el capítulo uno, ornado por una banda sonora que aclimata el desarrollo de la historia y los montajes de las escenas.

Sharp Objects bien podría resultar ser un relato finamente trabajado por Jhon Cheever. Wind Gap remite a esos pueblos sedentarios de la estética cheevereana. Pero en la seria cohabitan los Capote, los Philip Roth, junto a los Henry Miller y los Jonathan Franzen. Cada uno, a su manera, ha influenciado las secuencias del guion para interrogarnos sobre cuan enfermos podemos estar y si hay motivos o razones para redimirnos.

Sharp Objects es una serie brutal. No existen entre líneas o subtextos. El hiperrealismo no lo necesita. Un par de capítulos nos basta para preguntarnos en silencio y en lo profundo ¿si pudiéramos matar a alguien a quién mataríamos? ¿A Dios, a Madre, a Padre? A diferencia de las tragedias shekeaspereanas, la serie no cae en inquisiciones morales. El realismo social se instala en la antesala de la casa y oficia como un hospicio donde los más patéticos fantasmas nos hacen visitas traumáticas en medio de las noches tediosas.

En la serie la muerte no es más que la resultante del malestar social que se esconde en la fachada de un pueblo somnoliento, frío, sin piel, sin huesos, espectral y bello. Como el adagio de Albinoni. La muerte, como la vida son fragmentos del discurso amoroso.

 

II

El sistema nos lacera. Nos lastima. Nos inflige dolor. Allí hay una totalidad que pude ser descripta como la Topología de la Violencia de la que habla Byung- Chul Han. Un diseño tan sutil como perfecto que penetra en el microcosmos hogareño donde los social es idealizado de la mimas manera que es normalizada la familia.

Los fantasmas están ahí al alcance de la mano. Sin bien ni mal. En esa microfísica patológica no puede haber racionalidad moral. Está la naturaleza humana expuesta en carne viva, como los asesinatos de Ann Nash y Natalie Keene. Muertas que se convierten en espectros que a su vez huyen de sus propios fantasmas. El perfume de su muerte está presente en cada espacio del pueblo, pero no es olido por sus habitantes.

Durante mucho tiempo Camille Preaker – la protagonista- periodista, alcohólica, se interrogará a través de la autoflagelación, si tiene sentido volver al pasado para resolver el presente. No obstante, cada interrogante punzante, nombres, sustantivos comunes, adjetivos, escritos con objetos punzantes en su cuerpo, son el reflejo de interrogantes hacia el futuro. Allí es donde descubrimos la fuerte impronta nietszcheana que arroja luz sobre le nihilismo frenético de Camille. No hay salvación posible. Matar a Dios y es matar a mamá, que no es más que es Yo castigador, sadomasoquista.

Adora Crellin es la madre. Es el Amo. Es la violencia microfísica. El biopoder. La ideología de Wind Gap. Su religión. La pasión. La esquizofrenia. Ella irá más allá. Porque demostrará que no hay maldad sin amor. Sharp Objects desmitifica con carnal brutalidad la imagen sacra de la madre y de la mujer. En tiempos de feminismos extremo la serie rompe con los fetiches de la corrección política y pone en el cuerpo de las mujeres las agudas agujas del mal. Una actitud valiente a la hora de tratar cierta fenomenología de la encriptación ideológica que presenta a las compulsiones sociales como elementos singulares sin el virus de la hegemonización. Dentro de la caja de resonancias del sistema las mujeres son jodidamente humanas.

Es curioso, pero podemos pensar que cuanto más nos sensibilizan las compulsas sociales más descarnados somos. Porque después de todo lo social nos precede y si esa condición funciona como paradigma determinante aquello que nos es dado, es lo impuesto por el Amo. El Yo. El empresario del Yo del neoliberalismo posmoderno.

 

III

Adora tendrá ¿un atenuante? Los guionistas no se atrevieron a extremar la crueldad y le dieron la posibilidad de hallar una justificación: Síndrome de Munchausen, una enfermedad mental que deriva por lo general en maltrato infantil. En esa generalidad la madre “inventa síntomas falsos o provoca síntomas reales para que parezca que el niño está enfermo”.

Allí está la raíz del propio tormento existencial de Camille, de su hermana muerta Marian y de su media hermana Anna, que desarrolla su personalidad entre la difunta y su madre. No se trata de ser o no ser. Ya no hay manera. La temporada en el infierno es demasiado larga como para volver a poner los pies sobre la tierra. Tal vez Camille haya encontrado una excusa de redención en le periodismo, pero no más que otro salto al vacío en medio de fantasmas atormentados y aturdidos.

Alcohol y miedo son cócteles modestos en la intemperie de los ocho capítulos. El entrelazado de los personajes secundarios da cuenta del clima psicológico en el que nos envuelve el relato. Los minuciosos detalles, cuidados con prolija atención, articulan la sombría sensación de normalidad de una sociedad extremadamente peligrosa.

Sharp Objects puede ser leída desde el Anti-Edipo de Deleuze, Guattari, del propio Lacan. Pero también desde la escritura de cuentos de Amor, Locuta y Muerte, de Quiroga. Una serie extraordinaria que nos obliga a ir más allá de nuestro lado oscuro nos expone a la vez que expone el campo social en cual somos formados y a su vez seremos formadores. A todo esto, es justo sumarle excelentes actuaciones, así como una magnifica dirección. Junto con Fargo sean quizá las series que mejor han decodificado el presente desde historias convulsivas. Tal cual el realismo capitalismo las presenta.

“El lunático está en mi cabeza / tú levantas la hoja / tú haces el cambio / tú me vuelves a arreglar hasta que esté cuerdo/ Tú cierras la puerta y arrojas lejos la llave / Hay alguien en mi cabeza pero no soy yo…

Pink Floyd

 

* AGN Prensa Sindical / La Señal Medios

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