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lunes , septiembre 24 2018
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A QUIÉN ENCARNA VIGANÒ / El intento de golpe contra el Papa Francisco (Informe Especial de La Señal Medios)

por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Como si se tratara de una movida política “argentina”, en la cual los sectores antinacionales acusan de apátridas a los nacionales y los combaten con energía, las franjas conservadoras de la Iglesia, que jamás admitieron la salida a luz de las imputaciones de pederastía, han utilizado a fondo el tema para forzar el alejamiento del Papa Francisco. El único pontífice que encaró la cuestión con energía.

Es que el problema no es ese. Claro. Los abusos, lamentablemente, no son más que la epidermis sensibilizadora de la opinión pública. El armado que se canaliza a través de los ultramontanos nace en el mismo núcleo del poder financiero internacional, junto a los grandes medios de comunicación que operan como difusores de sus acciones. A decir verdad, los “denunciantes” no están preocupados por la salud física y mental de las víctimas, sino por otros factores que los afectan de modo directo.

Por enumerar: los relevos en el Banco Ambrosiano, la Laudato Si, el discurso Tierra Techo y Trabajo en Bolivia, la apuesta a las economías productivas, la condena a la renta usuraria, el rechazo a la coprofilia mediática, la extraordinaria visita a los Estados Unidos –donde a nuestro entender modificó aspectos importantes de la vida política de esa nación-, su acción persistente en favor de los espacios nacional populares en la Argentina, la labor para articular situaciones tremendas en Africa y la actitud respetuosa hacia el conglomerado euroasiático. Entre tantos. Eso es lo que no se perdona.

El mes pasado, el periodista Marco Tosatti recibió al arzobispo y ex nuncio en Washington Carlos María Viganò. Portaba una denuncia contra el Papa, a quien acusaba de encubrir los abusos del cardenal estadounidense Theodore McCarrick. El prelado, conocido por su rechazo a los derechos y su fobia con la homosexualidad, entregó un documento a Tosatti. “Yo lo edité para que fuera más comprensible. Luego me dijo que quería que saliera en español y en inglés. Me preguntó si conocía colegas y lo puse en marcha. Fijamos un embargo para tres días después”, afirmó el periodista.

El libelo de 11 páginas que el arzobispo logró publicar en medios ultraconservadores —incluido el español InfoVaticana— es sorprendente. Nunca se había imputado a un Pontífice de un asunto tan grave como el encubrimiento de abusos sexuales, pedido su dimisión y disparado con nombres y apellidos contra la plana mayor de la jerarquía católica. El documento activa un ventilador que salpica a los predecesores de Francisco, incluido a Juan Pablo II -quien nombró a McCarrick cardenal cuando ya pesaban sospechas sobre él y arzobispo a Viganò-, y subraya la negligencia de la Iglesia ante los abusos. Hasta el hostil diario El País tuvo que indicar, frente a la contradicción: “Pero el actual Papa, justamente, fue el único que afrontó el problema de McCarrick retirándole la birreta púrpura el pasado julio, en el momento en el que tuvo una denuncia.”

Felizmente, el signo de los tiempos evitó la expansión de la campaña: el tinte conceptual de las acusaciones , su declarada homofobia, su objeción a los elementos progresivos planteados por Francisco, obturaron la maniobra. El escepticismo social resultó un golpe a los golpistas, pero también a la Iglesia norteamericana y a medios como CNN, The Washington Post y The Boston Globe. La decadente Iglesia yanqui, impactada por el revolucionario mensaje de Bergoglio en su propio territorio, vertebra la oposición a este papado. Unos 30 obispos (24 de los Estados Unidos) manifestaron su adhesión a la denuncia. Muchísimos más adoptaron posturas contrarias. Un analista vaticano de origen sudamericano consultado por La Señal Medios brindó su versión: “esperábamos ataques, pero por las posiciones sociales del Papa. Es evidente que han pensado que de este modo –agitando la pedofilia- tendrían mejor repercusión en la opinión pública. Pero la opinión pública sabe que Francisco no tiene nada que ver con eso”.

Como dato curioso, los medios europeos se preguntan si se trató de “una conspiración”. Tosatti, que escribió durante décadas en La Stampa, negó esta teoría y sostuvo que “hablar de conspiración es una táctica de régimen. Viganò puede tener muchos defectos, pero no el del complot. Lo que veo es que en muchos sitios, también en EE UU, hay mucha gente perpleja con la gestión de la Iglesia”. Aquí es preciso retomar el análisis político y salir del guión estilo Hollywood: se le llama conspiración a una acción política en la cual algunas personas se ponen de acuerdo para operar en cierto sentido. La palabra le brinda atracción al titular, pero no explica el proceso en el cual se desarrolla el movimiento. La adopción de ese sesgo infantil por parte del periodismo, es de lamentar. Pero sigamos.

Viganò, pese a su frustrada ambición por ser nombrado cardenal y los episodios oscuros de su currículum, ha estado durante años en el seno del poder vaticano y gozado de influencia en sus esferas. Es ostensible para los expertos que la limpieza que viene efectuado el pontífice argentino no resulta de su agrado. Así, junto a sus colegas norteamericanos, amparados en el poder global, puso en marcha un hostigamiento singular. Esos especialistas informaron que, de todos modos, la tarea oscura estaba destinada a tener patas cortas: “Esto no es una democracia, tampoco se eligen representantes en el Parlamento. Al Papa, sin ir más lejos, no se le puede juzgar. Lo dice el derecho canónico”.

Andrea Tornielli, también de La Stampa y una de las periodistas que mejor conoce este Pontificado, advirtió sobre un riesgo. Además de “la dimisión de Benedicto XVI, que también influye, detrás de las acusaciones hay una idea empresarial, de corporación. Como si el Papa fuera un consejero delegado, los obispos fuesen sus gestores. Pero con un consejo de administración que también lo pudiera echar a él. Y eso es el fruto de la transferencia a la Iglesia de categorías de las empresas anglosajonas. ¿A qué responde todo esto? Es una operación política, mediática, estudiada y hecha explotar para poner al Papa en una situación complicada, en un momento muy delicado”.

Los últimos viajes resultaron entornados por el apremio mediático. El 25 de agosto a Irlanda, y antes, a Chile. Allí el Papa pidió pruebas a las víctimas de abusos y saldó la crisis con la dimisión en bloque de los obispos chilenos. Doce horas después de la publicación de la carta, Francisco se puso delante de los reporteros en una tensa rueda de prensa. Desde entonces creció la tendencia en los periódicos de insertar denuncias sobre abusos, con la imagen del Papa en las cercanías. Periodísticamente es una inducción carente de fundamento, trabajada desde el diseño con la intención de involucrar ideográficamente, sin conceptos, al Sumo Pontífice con el tema.

Frente a una campaña tan ostensible pero efectiva sobre algunos segmentos del público, Francisco señaló que “Callar y rezar es la única respuesta”. “No sirve nada más, frente a quien provoca el escándalo y las divisiones, frente a los perros salvajes que buscan la guerra y no la paz”. El especialista de El Mundo, Gerard O´Connell, señaló al respecto en ese medio hispano que “la soberbia y las blasfemias de Viganò” son de larga data, pero al fin “involuntariamente advirtió al mundo que una ultraderecha clerical norteamericana está dispuesta a atacar el cambio de rumbo del pueblo de Dios en la Tierra conducido por el Santo Padre en dirección a una existencia más cristiana”.

El lector poco avisado puede preguntarse por qué el vaticanista evaluó las imputaciones del ex nuncio como “blasfemias”. Bueno es decir que, también a la usanza de nuevo cuño en la Argentina, todo se desplegó sin pruebas. A tal punto que en su misiva, Viganò puso “a Dios por testigo” de la catarata de detritus que lanzó sobre Bergoglio. Así cualquiera tiene un testigo clave, podemos inferir. Es comprensible que los diarios La Nación y Clarín, en nuestro país, no comprendan bien por qué no se ha dado curso a semejante campaña, justo cuando estaban dispuestos a sumarse con las mejores intenciones.

En las semanas recientes, lo demostraron. Mientras Francisco asumía un rol transformador más allá de lo que exigimos quienes estamos fuera de la estructura eclesial al sugerir la utilización de la psiquiatría como herramienta para equilibrar las personalidades, estos y otros medios vulgarizaron e invirtieron el aserto al indicar que trató de locos a los homosexuales. En interesante auto desenmascaramiento, los ultraconservadores que odian la libertad de elección personal y detestan con singular énfasis a esa vertiente medicinal, se coaligaron con presuntos liberal progresistas que cuestionan al Papa por no comprender los nuevos tiempos.

La mano que mece la cuna es la que hundió Europa desde la crisis gestada en Lehman Brothers hasta hoy; la misma mano que está arrasando con nuestro país. Allí es posible detectar el origen de estas movidas. En tanto, Francisco actúa. Saluda; sonríe menos, pero sonríe.

 

• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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