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lunes , septiembre 24 2018
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MOVIMIENTO / La dermis de la realidad

Por GUSTAVO RAMÍREZ *

 

I

 

“La piel humana de las cosas,

La dermis de la realidad”

Antonín Artaud

 

Flujo y velocidad, la alteridad presente cuenta con distintivos ideológicos que promueven la ceguera racional ante la complejidad social. El mapa político mutó con fuera, las decisiones gubernamentales no hicieron más que imprimir un sello aceleracionista que desdibujó los contornos de lo posible.

El último miércoles fue una jornada frenética donde las versiones de probables escapatorias macristas se ligaron con las respuestas el “mercado” a las decisiones económicas del gobierno. No obstante, cada fuente consultada brindó un diagnóstico alarmante como anunció del final.

Durante la misma jornada las centrales obreras más representativas del país convocaron a jornadas de resistencia y lucha para la última semana de septiembre. De inmediato el gataflorismo ideológico terció, en su perenne incorfomismo moral, para no comprender la victoria del día. El campo popular se infecta con el rancio veneno de una militancia de redes sociales ciega en su narcisismo.

Es esa misma militancia momificada la que no ha comprendido la dimensión que representa la reacción inmediata del Movimiento Obrero contra las políticas neoliberales. En la comodidad del derrotismo idealizado las posturas tremendistas no obturan la agudización de los sentidos. De inmediato se pretende corre por izquierda a la dirigencia sindical dando cuenta de apreciaciones que falsean la realidad. Y es, desde el mismo campo nacional y popular, allí donde la vista nublada del observador superficial se ahoga en el vacío conceptual.

Aun a pesar de las contradicciones internas, las diversas facciones que pugnan por el dominio del poder, los debates acalorados y las tensiones lógicas de la coyuntura, el Movimiento Obrero ha roto con el sentido común. Las distintas posturas no constituyeron, por sí, un marco de ruptura. Por el contrario, desde diciembre del 2015 las coincidencias en la acción fueron más que los desencuentros.

Contar las derrotas de la CGT resulta un deporte facilista iluminado por las escasas luces que promueve el sentido común. Esto no quiere decir que se deba invalidar la crítica. Pero la demanda jacobina de cabezas no acierta a empatizar con la estrategia necesaria para el momento actual. El 25 de septiembre habrá un nuevo paro nacional. Punto. El triunfo de la medida de fuerza del 25 de junio trastocó el mapa sindical y abrió el juego a fuerzas dinámicas que sostienen el plan de lucha.

 

II

En la superficie de la epidermis social la bravuconada es moneda corriente. Sin responsabilidades estructurales y sin el peso de tomar decisiones es fácil demandar paros y movilizaciones. Tan fácil como sentarse a esperar que llegue el verano para vernos más felices. Pero infantil como el capricho de un pibe al que la madre no le compró una golosina reclamada.

Esa misma porción seudo militante se recuesta sobre la necesidad de trasvasar su idea social al universo político de manera monolítica y sin decurso dialéctico. Sus máximas pretendidamente revolucionarias se expresan como verdades absolutas que, por lo general, no suelen distinguir entre ansiedad y complejo de Edipo.

Existe un fragmento de “militantes” de Facebook, twitter y medios populares, que se empecina en imponer razonamientos setentistas a una superficie porosa y desconocida del presente. Un presente que también es el futuro. La bobada galeanesca de la correr detrás de las utopías no es más la expresión nostálgica del un tiempo que no ha podido ser traducido para las nuevas generaciones. Esto no es desvalorizar los procesos históricos en su propio encanto, es tener en cuenta que el tiempo permuta el trasfondo social y que el devenir político no puede quedar atrapado en los laberintos de la ideología.

El cliché seudo revolucionario se estanca en la precarización racional. Las experiencias no pueden ser replicadas de manera automática. Asistimos a un proceso sociopolítico-cultural diversificado por el impacto tecnológico y por las nuevas corrientes de pensamiento que la derecha homogeniza para sostener su poder. En este campo de batalla las armas y los combatientes se han transformado, evolucionaron y añorar el pasado, anclado en la derrota, puede resultar patológico.

 

III

La urgencia del que se “vayan” cae en saco roto cuando se pretende transferir el descontento social al núcleo kirchnerista. La fetichización de Cristina, en ese sentido, es contraproducente en términos prácticos. La dermis de la realidad se proyecta para distintas direcciones y no todas tiene cause. Idealizar a la ex presidenta como la líder mesiánica que volverá a salvarnos de la tragedia neoliberal no suma más que ansiedades que responden a raptos emocionales.

Coincidimos en que Cristina es perseguida y atacada como objeto de deseo del macrismo. En ese sentido la ex mandataria aflora como la excusa perfecta para desentender al gobierno de los problemas que acarrean las políticas neoliberales. Para Cambiemos, Fernández de Kirchener es la enemiga ideal, el demonio perfecto para construir un relata instrumental y reactivo. La actitud del gobierno es la misma que la de la orquesta del Titanic en pleno hundimiento.

No obstante, se exponen desafíos para el campo popular. La centralidad de la figura de Cristina no es, per se, un factor de unidad. La estrategia que lleva adelante la Senadora no presupone que asuma el liderazgo del campo popular y aun menos su conducción. Más allá de las expresiones previsibles las manifestaciones populares, por cierto, masivas en las calles no han sido canalizadas por un liderazgo hegemónico que las pueda conducir. Esa ausencia de conducción amplía los márgenes de incertidumbre hacia el futuro cercano y permite cierto espasmo de anarquía dentro de la corriente peronista.

La fantochada ideológica no se permite discutir estas cuestiones, porque al idealizar la figura de Cristina la impermeabiliza de críticas, aun cuando sean constructivas. Esa patología que mistifica al sujeto no hace más que convertirlo en objeto de deseo y allí la situación relacional es funcional al macrismo.

Nosotros realizamos la reforma social cuando iniciamos la conducción de nuestras masas y de nuestro pueblo”, el testimonio es de Perón. La referencia no es asirse la pasado como lo único posible. Se trata de comprender que el conductor es un constructor de poder y como tal afianza su liderazgo en la conducción. De la misma manera no se trata de discursear teorías en la banca del Congreso. La dermis de la realidad demanda necesariamente que se asume el rol histórico de manera activa como agente de transformación social.

No hay demasiado tiempo para dejarse embriagar por el encanto de la especulación política. La crisis es profunda y cuanto más tiempo pase, mas aguda va a ser. En medio de dicho proceso el gobierno dio cuenta de que está dispuesto a usar la violencia institucional para sostenerse en la cúspide. El proceso está acelerado y desbocado. La bronca crece. La clase trabajadora padece y lucha. Es tiempo de conducir en la acción o entrar al museo de la historia.

 

* AGN Prensa Sindical / La Señal Medios

 

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