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domingo , noviembre 18 2018
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MÉXICO / La causa contra el régimen

Por JAVIER AZZALI *

 

La victoria electoral reciente de Andrés Manuel López Obrador –AMLO, por sus iniciales, o directamente Andrés Manuel – ha conmovido el escenario político latinoamericano atravesado por la acción de fuerzas regresivas. La trascendencia de este hecho está en que expresa la voluntad colectiva de autodeterminación del pueblo, para interrumpir el proceso largo pero sin pausa, de degradación y destrucción de la nación mexicana, en el medio de una creciente recolonización continental, la cual, justamente, consiste en debilitar los estados nacionales. Mientras las mayorías populares de los países hermanos resisten como pueden la avanzada de los regímenes oligárquicos, en México toman la decisión de auto determinarse frente a la debacle de su clase política para asumir una posición de defensa de la democracia y del interés nacional.

El México moderno se asentó sobre las bases echadas durante el proceso político iniciado en la Revolución social de 1910, la cual no solo fue la superación del régimen autocrático y elitista del Porfiriato, sino también el primer hecho trascendente del nacionalismo popular  latinoamericano. La Constitución Nacional de 1917 legalizó los impulsos emancipadores, con la nacionalización de las áreas estratégicas de la economía, en su artículo 27, y la consagración los derechos de los trabajadores, en su artículo 123. El sexenio presidencial de Lázaro Cardenas (1934-1940), concretaría este programa con la nacionalización del petróleo, los ferrocarriles, las reformas laborales y la entrega de cientos de miles de hectáreas a las comunidades campesinas e indígenas, y con una política exterior soberana frente las presiones imperialistas, que alentara la recepción de militantes republicanos españoles y hasta del revolucionario León Trotsky. Conocida es la reivindicación que este último hizo de la política cardenista en su defensa de la soberanía y el cuestionamiento al imperialismo, que contribuyera a caracterizar al rol progresivo de los movimientos nacionales en Latinoamérica.

Desde entonces, México desarrolló su vida política, económica e institucional sobre esos firmes cimientos nacionalistas, aunque el fin del siglo XX precipitó una derivación conservadora. De una concepción patriótica a la entrega del patrimonio público, del ejemplo revolucionario a las violaciones sistemáticas y masivas de violaciones de derechos humanos.

Sobre esto último, el conocido caso “Campo Algodonero” mostró un panorama desolador con una violencia masiva y estructural contra las mujeres trabajadoras. Fue significativo que Andrés Manuel haya elegido esa ciudad como punto de partida para su campaña electoral, en el monumento a Benito Juárez –prócer mejicano y primer presidente indígena de Latinoamérica-. La fronteriza Ciudad Juárez, estado de Chihuahua, es el paradigma de la dominación neoliberal e imperial: la disputa de bandas narcos, la propagación de la violencia y los femicidios -desde ahí se impuso este término para el resto del continente- junto con la instalación de las conocidas maquiladoras como forma avanzada de explotación laboral. Mujeres desaparecidas, madres luchadoras, braceros desesperados, trabajadores explotados, forman parte de la bases social del incipiente frente nacional que dio su apoyo al candidato victorioso. Pero también éste se recuesta en un empresariado local, que no solo no parece darle reciprocidad sino que al menos su alta cúpula, en dirección contraria, se ha posicionado expresamente a favor de mantener  el TLCAN[i].

El modelo neoliberal y de dependencia de México se fue implementando, primero, a partir de los años 1980, y con mayor fuerza durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. El Partido Revolucionario Institucional (el PRI), surgido al calor del nacionalismo popular de la primera parte del siglo XX, se reconvertía definitivamente en un instrumento del régimen oligárquico, en un giro similar a lo ocurrido con otros movimientos nacionales del continente. La reforma constitucional del mencionado artículo 27, en 1992, y el ingreso al libre comercio del TLCAN, en 1994, sentaron las bases legales de la subordinación nacional a los poderes concentrados y extranjeros. Las últimas reformas legislativas durante la gestión de Peña Nieto son un intento de remachar este camino, ahora en el campo de la energía, la educación y las relaciones del trabajo[ii]. La única desgracia de México han sido sus extraordinarias riquezas, decía Manuel Ugarte.

 

La causa contra el régimen.

La primera alternancia política al PRI, después de 71 años, fue aprovechada por la derecha aristocrática del Partido Acción Nacional con Vicente Fox Quesada, en una secuencia de continuismo y frustración. Ahora, tras un intento fallido de reconducir el sistema con los sexenios de Felipe Calderón Hinojos (del PAN) y Enrique Peña Nieto (del PRI), la crisis política del sistema deriva finalmente hacia la figura que levanta consignas cuestionadoras del sistema. En noviembre de 2006, Andrés Manuel López Obrador, por entonces dirigente del Partido de la Revolución Democrática, convocó a una Convención Nacional Democrática, en un acto ante cientos de miles en el Zócalo del Distrito Federal, para aprobar “la abolición de este régimen de corrupción y privilegios y ha sentado las bases para la creación de una nueva república”, proclamarse “Presidente Legítimo” ante el fraude electoral y resistir pacíficamente el gobierno entrante de Calderón Hinojosa. Dio inicio, entonces, al camino de la lucha democrática bajo el esquema simple pero contundente, de la causa justa contra el régimen corrupto.

Ahora, en el discurso del Hotel Hilton del DF de la noche de su victoria electoral, el caudillo promete una agenda nacional democrática de reconstrucción del país: fortalecer el mercado interno, producir lo que se consume, que el mejicano sea feliz en su lugar de origen con su familia y sin necesidad de migrar, combatir la corrupción intrínseca al régimen en declinación, que no habrá “gasolinazos”, que habrá respeto a la diversidad sexual y cultural, que habrá preferencia para los más pobres y olvidados, en especial para los pueblos indígenas. “Por el bien de todos, primero los pobres”, dijo. Cambiar el uso de la fuerza por la atención a las causas sociales de la inseguridad y la violencia porque la paz es fruto de la justicia social. Andrés Manuel también prometió abrir el diálogo con los organismos de derechos humanos y respeto a los organismos internacionales, y dijo que “seremos amigos de todos los pueblos”, que se volverán aplicar los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos[iii]. Prometió una relación de respeto mutuo con EUA, lo que se corroboró inmediatamente con el llamado rápido de  parte de Donald Trump, lo que contrasta fuertemente con el diálogo humillante que éste mantuvo con Peña Nieto, el actual presidente mejicano. Anunció ser la cuarta transformación mejicana en la historia, a contar desde 1810, pasando por el ciclo de la reforma de Benito Juárez, y el de la revolución de 1910.

No sabemos cómo será su gestión de gobierno, ni si podrá realizar sus propósitos de acuerdo a las relaciones de fuerza, en un país tironeado por la desigualdad en el reparto de la riqueza y del poder, por las grandes corporaciones y la tremenda presión recibida desde el gran imperio del Norte. Pero como ocurre en Latinoamérica, el avance de las reformas sociales conducirá al proceso político hacia la confrontación con el capital extranjero y la necesidad de plantearse posiciones antiimperialistas.

La opción por una figura como la de Andrés Manuel, a diferencia de la elite blanca, “güera”,  adinerada y de la aristocracia universitaria proyanki, habitualmente proveedora de los cuadros gobernantes, tiene la consistencia de los presidentes que se parecen a sus pueblos. No hay, por supuesto, certeza alguna sobre el devenir de los acontecimientos ni de las decisiones que adopte o le dejen adoptar los factores de poder concentrados, pero las cartas han sido barajadas nuevamente en el país de los mexicanos. Se abre un nuevo capítulo en la historia de México, de resonancias nacional latinoamericanas, con la esperanza que se extienda al resto del continente.

 

  • Señales Populares / Centro Enrique Santos Discépolo

 

[i]Ver en sitio: https://expansion.mx/empresas/2017/08/15/los-8-empresarios-mexicanos-en-defensa-del-tlcan.

[ii]Así opina Bernardo Batiz. Ver en sitio: http://www.jornada.com.mx/2018/06/02/opinion/028a1cap.

[iii]Los lineamientos de su política exterior recuperan la tradición igualitaria y de autodeterminación mexicana, ratificados en el II Congreso Nacional Extraordinario del MORENA. Ver en sitio: http://lopezobrador.org.mx/2016/11/20/lineamientos-basicos-del-proyecto-alternativo-de-nacion-201-2024-anuncia-amlo/

 

 

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