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miércoles , septiembre 26 2018
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TURQUÍA / Erdogan, un pueblo y su geoestrategia

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

Sin ir hacia lo exhaustivo, vamos a considerar una información oculta dentro de los panoramas internacionales. La nueva realidad turca, galvanizada en los comicios de la semana que concluye. Lo hacemos porque indica. Sirve como barómetro y guía para el análisis de la región con proyecciones globales.

Recep Tayyip Erdogan se ha convertido en un líder popular indiscutido. Consolidó su poder con dimensión extra, pues su formación política, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), seguirá controlando el Parlamento nacional o Meclis gracias a una alianza con espacios nacionalistas. El color naranja, símbolo su partido, resultó mayoritario en toda la península de Anatolia (Asia Menor).

Turquía posee 783.000 kilómetros cuadrados y está habitado por 80 millones de personas. La geografía lo encuentra en la encrucijada de Europa y Asia, dos continentes cuyos bordes se van ligando, como anticipamos. Hasta hace muy poco, la relación política entre esta nación con las potencias occidentales resultaba ostensible y contenía lo económico y lo militar. Pero la crisis financiera fue convirtiendo a la Comunidad en un peso singular.

La fragmentada oposición, personificada en el candidato y diputado Muharrem Ince, resultó muy promocionada y emergió en los medios dispuesta a forzar una segunda vuelta en las elecciones presidenciales celebradas el domingo 24 de junio. No fue así. Erdogan logró el 52,6% de los sufragios frente al 30,6% de Ince.

¿Qué sucedió? Erdogan en tanto conductor de un movimiento con honda raíz popular y fuertes rasgos oportunistas, supo detectar necesidades de la opinión y factores internacionales que, simultáneamente, lo llevaron a la conclusión de virar; se fue corriendo de la órbita OTAN y empezó a recostarse sobre la creciente Rusia. Dejó de lado vaivenes liberal conservadores y apostó a un crecimiento sostenido.

En abril, Turquía recibió un respaldo potente cuando Rusia avaló su plan nuclear. Pudo así iniciar la construcción de Akkuyu, la primera planta de esa energía en el país. En el último año, reorientó su capacitación en Defensa: fue relevando la histórica presencia israelí por una creciente vinculación con China. A esa importante definición se le sumó la cooperación bilateral para el establecimiento de rutas y vías férreas que conjugan al coloso asiático con el Viejo Continente, tomando como diseño base la antigua Ruta de la Seda.

Durante su gestión triplicó el Producto Bruto Interno y alcanzó una tasa de crecimiento del 7,4 por ciento. Adecuó el tipo de cambio para evitar invasiones importadoras. Mejoró paulatinamente el nivel de vida promedio y alzó las banderas de una Turquía “fuerte e independiente”. Estos progresos fueron combinados con un creciente poder político que le valió la caracterización de “superpresidente”.

Tras los cambios constitucionales impulsados por el jefe de Estado y refrendados por el pueblo en abril de 2017, Erdogan quedó capacitado para elegir ministros y vicepresidentes sin consultar al Parlamento, puesto que el cargo de primer ministro fue suprimido. Vale recordar que es presidente de Turquía desde 2014 y que previamente, había sido primer ministro entre marzo del 2003 y agosto del 2014. Fue aprendiendo.

Dos proverbios turcos enlazados quizás contribuyan a comprender aspectos que ligan profundamente a Erdogan con el pueblo que representa. El primero referido al tiempo, sin mencionarlo: “El honor es como un largo camino sin retorno, como un perfume de olor inaccesible”. El segundo, a la persistencia: “El hombre es más duro que el hierro, más fuerte que un toro y más ágil que una rosa”.

Claro: el caudal político acumulado y sus decisiones económicas internas y geoestratégicas, le valieron rápidos y contundentes cuestionamientos occidentales. The Guardian, The New York Times, El País y la CNN, no ahorraron epítetos. Los fundamentos son conocidos por los lectores de La Señal Medios: autoritario, antidemocrático, sultán otomano moderno; y las críticas por aplicar medidas económicas “poco ortodoxas” que generan “desequilibrios fiscales” se yerguen como clásicos.

Turquía ha sacado cuentas claras que la llevaron a seguir un camino. Quizás Erdogan no sea un “gran timonel”; pero ha demostrado ser un político de fuste, que detecta el interés profundo de su región. No es poco.

 

• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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