BIGtheme.net http://bigtheme.net/ecommerce/opencart OpenCart Templates
jueves , julio 19 2018
Inicio / Tramas / ZONCERA DEL SIGLO XXI / Argentina no tiene hipótesis de conflicto (1 y 2)

ZONCERA DEL SIGLO XXI / Argentina no tiene hipótesis de conflicto (1 y 2)

Por GONZALO TORCHIO *

 

1 Arturo Jauretche explicó en el Manual de zonceras argentinas que los argentinos solemos ser inteligentes para las cosas pequeñas, de corto alcance, pero zonzos cuando se trata de las cosas que hacen al interés del común. Estas zonceras, afirmó, “consisten en principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido”.

En aquella obra Jauretche señaló que algunas zonceras surgieron de la propia conformación mental colonizada que exalta lo ajeno en detrimento de lo autóctono. “Civilización y barbarie”, dijo, es la madre de todas las zonceras: si lo nativo debe negarse por bárbaro y lo europeo importarse por civilizado, entonces, “civilizar consistió en desnacionalizar”, concluyó nuestro pensador.

Jauretche también observó que otras zonceras, en su génesis, “tuvieron una finalidad pragmática y concreta que en el caso las hace explicables aún como errores, pero que su deformación posterior, dándole jerarquía de principios, han respondido a los fines de la pedagogía colonialista”. Como ejemplo propuso “la victoria de no da derechos”. La misma surgió una vez finalizada la Guerra del Paraguay, al calor de los acuerdos de paz. Brasil, protagonista en la contienda, se encontraba mejor posicionado que Argentina en las negociaciones por la repartición del botín de guerra. Por esta razón, el país recurrió a aquel argumento para poner freno a las pretensiones brasileras. La posterior distorsión del principio, abstraída de su contexto de origen, la transformó en zoncera.

Nuestro pensador, además, nos invitó a identificar nuevas zonceras. En esta tarea, reflexionemos sobre una frase que en el último tiempo se viene escuchando con frecuencia y que afirma que “la Argentina no tiene hipótesis de conflicto”. ¿Constituye esta una nueva zoncera?

Así mencionada, la frase pareciera indicar que Argentina descarta cualquier posibilidad de amenaza o agresión externa que ameriten la activación del sistema de Defensa. De ser así, entonces, la necesidad de invertir en el potenciamiento de las Fuerzas Armadas carecería de sentido. Interpretada de esta manera, aquella premisa efectivamente constituiría una zoncera. Sin embargo, el surgimiento de esta frase responde a una situación más compleja. Analicemos un poco el asunto.

Entre los años ’50 y ‘80 el país barajaba tres tipos de hipótesis de conflicto: las originadas en controversias con países limítrofes; las derivadas del enfrentamiento que caracterizaron la Guerra Fría; y las provenientes del ámbito local, es decir, el “enemigo interno”. En este sentido, nuestro sistema de Defensa se preparó para el conflicto con Brasil y Chile; se inscribió en las iniciativas norteamericanas para conformar ámbitos de defensa hemisférica (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca – Junta Interamericana de Defensa – Colegio Interamericano de Defensa); y asumió tareas policiales para reprimir a las “fuerzas subversivas”. Este esquema, como vemos, respondió a un proyecto de país funcional a los intereses de las potencias de Occidente.

Desde fines de la década del ‘80 a la actualidad diversos cambios se fueron dando a nivel global que han obligado a replantear aquellos paradigmas; a saber: el fin de la Guerra Fría, la resolución de las disputas territoriales pendientes con los países limítrofes, el inicio de los procesos de integración regional y la desaparición de la idea de “enemigo interno”. La necesidad de una adecuación del sistema de Defensa se volvió imperante.

Desde 1983 varios fueron los intentos de reestructurar las Fuerzas Armadas. Lograr su subordinación al Gobierno político fue el objetivo prioritario. Si bien esto fue alcanzado, se cumplió a costa de la desarticulación y el ahogo presupuestario. En este marco, fue en el año 2006 cuando oficialmente se estableció que “Argentina no tiene hipótesis de conflicto”, en el marco de los planes de reformas que llevó a cabo Nilda Garré a la cabeza del Ministerio de Defensa durante la Presidencia de Néstor Kirchner.

Según aquellos planes, la decisión tuvo que ver con el necesario abandono definitivo de las hipótesis de conflicto tradicionales antes mencionadas. Contribuyó, además, a evitar que nos impongan como nuevas hipótesis de conflicto las denominadas “nuevas amenazas”. Estas refieren a los potenciales conflictos derivados del narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado que conforman, además, la agenda de seguridad que desde Estados Unidos busca imponerse a los países latinoamericanos para reactualizar alineamientos y obtener la subordinación de sus Fuerzas Armadas bajo nuevos paradigmas.

Podríamos decir, más que una renuncia a aceptar potenciales amenazas que hagan necesario la intervención de las Fuerzas Armadas, a lo que se renunció en 2006 fue a una metodología concreta de planeamiento estratégico, sustituyéndola por otra. En efecto, se reemplazó el “planeamiento por hipótesis de conflicto” por el denominado “planeamiento por capacidades”.

Esta sustitución, según se explicó en aquel momento, permitiría adaptar la política de Defensa a los cambios ocurridos en el sistema internacional: de un escenario de reglas claras como lo fue el de la Guerra Fría, con actores, intereses y amenazas identificables de antemano, se pasó en los últimos 20 años a un mundo incierto, sin reglas de juego establecidas y donde los riesgos y amenazas son cambiantes. El riesgo de continuar con el planeamiento en función de hipótesis de conflicto, según se afirmaba, es que si de repente el contexto cambia radicalmente, como ocurre en la actualidad, las capacidades militares adquiridas hasta el momento podrían resultan inadecuadas para repeler agresiones no previstas. Según se lo planteó, el planeamiento por capacidades es un modelo que se ajustaría a este nuevo escenario.

Explicar este modelo nos llevaría un texto entero, pero lo que se quiere remarcar es que la declaración de que “Argentina no tiene hipótesis de conflicto” no descarta, por lo menos en el plano conceptual, la existencia de potenciales amenazas ni pone en cuestión la necesidad de Fuerzas Armadas con efectivo potencial disuasivo. Lo correcto, entonces, para no generar confusión, en vez de decir “la Argentina no tiene hipótesis de conflicto” sería aclarar que “Argentina cambió el modelo de planeamiento estratégico”. En los papeles, el diagnóstico de escenarios, la identificación de riesgos y amenazas y el desarrollo capacidades para repelerlas continúan estando en agenda.

Volvamos ahora al inicio. Vemos como la premisa “la Argentina no tiene hipótesis de conflicto” tiene un significado diferente al que aparenta tener sacada de su contexto. Esto la salva de ser una zoncera, incluso, aunque pueda hacerse infinidad de críticas al nuevo modelo de planeamiento o a las ideas que la sustentan (tema para otro análisis).

Sin embargo, recordemos aquello de que algunos conceptos que surgieron como respuesta a una necesidad concreta, “aún como error”, como puede ser el caso aludido, se han transformado ciertamente en zonceras a partir de su deformación posterior y, recordemos, las zonceras son contributivas a la colonización pedagógica.

Advertimos, entonces, que efectivamente esto es lo que viene sucediendo a partir de la llegada de la coalición Cambiemos al Gobierno. Es justo reconocer que ya desde diferentes espacios políticos propios se solía reproducir aquella frase, afirmándola, en su sentido deformado, al mismo tiempo que predominaron (y aún predominan) ciertos prejuicios ideológicos “antimilitaristas” que a la larga terminan siendo funcionales a la dependencia. No obstante, son quienes hoy nos gobiernan, no muy afectos a las cuestiones de soberanía, que la frase se ha elevado a la categoría de zoncera en su sentido pleno. Queda para una segunda parte un análisis de las consecuencias de la adopción de este tipo de zoncera bajo el Gobierno de Mauricio Macri.

 

2 En la primera parte de este artículo analizamos el surgimiento de la frase “la Argentina no tiene hipótesis de conflicto” a la luz del pensamiento jauretcheano sobre las zonceras argentinas. Como vimos, su origen no fue como tal. Sin embargo advertimos sobre su posible distorsión y transformación en zoncera al servicio del proyecto colonial. Si bien indicios de deformación de la premisa en cuestión se pueden rastrear desde los años de nuestro Gobierno, donde se relegó al sector de la Defensa a un segundo o, incluso, tercer plano de importancia en la agenda pública, como si realmente no tuviésemos necesidad de aquel, fue con el acceso de Cambiemos al Gobierno que su transformación en zoncera se totalizó, con graves consecuencias para el interés nacional. ¿Realmente Argentina no tiene hipótesis de conflicto, en el sentido de negar la posible existencia de amenazas que correspondan al ámbito de la Defensa Nacional? Repasemos un poco la situación nacional e internacional.

Argentina es un país de una riqueza inconmensurable en recursos naturales. Posee una extensión geográfica considerable, con una plataforma marítima de las más grandes del mundo. Está ubicada en una región estratégica del globo por los pasos bioceánicos y el acceso a la Antártida, continente sobre en el que tenemos derechos de soberanía y presencia desde hace más de un siglo. Tiene, también, escasa población, mal distribuida en el territorio, con el agravante de contar con grandes espacios vacíos como la Patagonia o en la región central del norte argentino. Agreguemos que una parte de nuestro territorio está ocupado por una potencia extra-continental, el Reino Unido, donde se encuentra ubicada una base militar de la OTAN. El Reino Unido, además, tiene pretensiones sobre la totalidad de nuestro sector antártico.

Todo ello en un contexto internacional convulsionado donde se verifica cambios en la distribución del poder mundial, los cuales nunca son pacíficos. Por un lado, el ascenso del poder económico y militar de China, Rusia y otras potencias regionales emergentes, pone en cuestión el orden unipolar surgido luego del desmembramiento de la Unión Soviética. Por el otro, la expansión del globalismo financiero transnacional y de las ideas neoliberales que acompañó al unipolarismo en lo ’90 está siendo cuestionado no sólo por las países emergentes mencionadas sino incluso dentro de las propias potencias occidentales a partir de los triunfos de Trump en EEUU y el surgimiento de movimientos anti-globalistas, por derecha y por izquierda, en Europa.

Si en el actual entorno internacional conflictivo observamos que las disputas internacionales son, generalmente, por los recursos naturales y por el control de zonas geográficas estratégicas, ¿Argentina puede seguir dándose el lujo de continuar manteniendo su sistema de defensa atrofiado, desarticulado y presupuestariamente ahogado? La respuesta es, obviamente, negativa. La dirigencia política actual podrá ignorar la dinámica de la geopolítica internacional, pero ello no hará que el país deje de sufrir sus consecuencias. Sin embargo, el sesgo ideológico que el Gobierno de Macri le está imprimiendo a sus políticas nos está llevando por un peligroso camino.

 

El 20 de diciembre pasado se anunció la suspensión de la participación Argentina y cinco países más (Brasil, Paraguay, Chile, Perú y Colombia) en la UNASUR. La decisión es doblemente errónea. No sólo porque Sudamérica es el ámbito geopolítico y geoeconómico de desarrollo por excelencia, sino porque la actualidad del sistema mundial está marcada por la necesidad de constituir grandes Estados Continentales si se quiere ser un actor relevante. Las grandes potencias como EEUU, Rusia y China por su extensión y/o población tienen, efectivamente, carácter continental. Entonces Argentina, como el resto de los países de la región, solo podrá desplegar el máximo de sus potenciales en el marco de la integración regional. Esto ya lo señaló Perón en un artículo llamado “Confederaciones Continentales” publicado en 1951 en el diario Democracia bajo el pseudónimo Descartes.

Que UNASUR sea la víctima no es menor ni casual. El bloque sudamericano nació en 2008 al calor de los Gobierno populares que predominaron en la región, sin la presencia de EEUU, buscando seguir una agenda con orientación política, a diferencia de otros bloques regionales de claro predominio económico-comercial.

En lo que a nuestro tema nos compete, entre las novedades que trajo la UNASUR fue la formación del Consejo de Defensa Suramericano (CDS) como instancia de integración y cooperación en materia de defensa, algo inédito a nivel regional. El CDS se conformó bajo un esquema de Seguridad Cooperativa donde los Estados se asociaron con la idea de coordinar políticas para eliminar la desconfianza y la posibilidad de conflictos entre ellos. Estos esquemas no implican la conformación de una alianza militar, de carácter netamente disuasivo, como puede ser la OTAN, o lo fue el Pacto de Varsovia, donde su conformación se realizó a partir de la definición de un enemigo externo al bloque. Sin embargo, puede tomarse como un primer paso hacia ello. Lo prometedor del CDS fue que las instancias de cooperación en materia de defensa hasta ahora habían sido de carácter hemisférico con una clara presencia de los intereses estadounidenses en la región (TIAR – JID – CID).

La adopción del esquema cooperativo es comprensible en una región como la suramericana, caracterizada por una historia de desconfianza e hipótesis de conflicto entre países vecinos, por la existencia de asimetrías entre los diversos sistemas de defensa y por los diferentes, cuando no contradictorios, intereses que cada uno defiende. La flexibilidad de este tipo de modelos es favorable a la cohesión interna más allá de las heterogeneidades. Con el CDS se buscó que la defensa, que siempre fue fuente de conflicto y factor de división entre nuestros países, pase a ser factor de integración. En su seno se habían conformado el Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa (CEED) y la Escuela Suramericana de Defensa (ESUDE) como pasos para conformar una visión, una identidad y un pensamiento estratégico suramericano en la materia.

Tanto a nivel UNASUR como dentro del propio CDS, se había comenzado a debatir de forma incipiente, aunque sin grandes avances reales, la cuestión de los recursos naturales. Allí se explicó que los mismos al estar distribuidos por el sub-continente sin respetar fronteras obligan a los países suramericanos a tratarlos bajo una visión conjunta tanto para establecer planes de desarrollo a partir de su aprovechamiento e industrialización, para negociar en mejores condiciones con las grandes multinacionales, así como para diseñar mecanismo de protección frente a la apetencia de las potencias centrales.

La correcta orientación de la UNASUR y del CDS debió ser motivo suficiente para su profundización e institucionalización, ya que permitió identificar problemáticas comunes desde una perspectiva regional y pensar respuestas que de haberse realizado hubiesen significado un salto cualitativo para que cada uno de los países miembros pueda explotar sus potencialidades.

 

Así las cosas, si Argentina adopta como propia la agenda económica y de seguridad que EEUU diseñó para la región, organismos como la UNASUR dejan de tener sentido. La única agenda de integración para el Gobierno de Macri pareciera ser la firma de un TLC entre el Mercosur y la Unión Europea con todos los perjuicios que ello le va a traer a la industria y el trabajo nacional.

Es cierto que tanto la UNASUR como su CDS habían perdido ímpetu, incluso en los últimos años donde predominaron Gobiernos populares. El impulso que tuvo el organismo en sus comienzos despertaba el interrogante si el mismo podría sobrevivir a la coyuntura política favorable que le dio origen. Con la inesperada muerte de Néstor Kirchner y de Hugo Chávez más la salida de Lula da Silva del gobierno brasilero, el bloque regional perdió el vigor de sus inicios.

Sin embargo, como se afirmó, cualquier estrategia de desarrollo con sentido nacional indica que el camino es la profundización de este tipo de modelos de integración, por lo que la suspensión de la participación excusándose en su mal funcionamiento es un retroceso de enormes proporciones, digno de Gobiernos oligárquicos sumisos a la política exterior de las potencias de occidente.

 

Pero volvamos a la zoncera objeto de nuestro análisis. Bajo el amparo de “la Argentina no tiene hipótesis de conflicto” el Gobierno de Macri ha renunciado a las hipótesis de conflicto reales que tiene el país y que se vinculan al contexto internacional convulsionado mencionado y a la situación del país dentro de este; sin embargo, adopta las impuestas por la agenda de seguridad norteamericana (narcotráfico, crimen organizado y terrorismo) que responde, por supuesto, al interés nacional de la potencia del norte. Como mencionamos en otra nota, esta agenda no tiene otro objetivo que recrear la figura de “enemigo interno” que no son otros que quienes se oponen al modelo colonial y extrajerizante vigente.

La defensa de la soberanía y el patrimonio nacional es no solo innecesaria sino, incluso, molesta para un modelo desnacionalizador como el que está aplicando la actual gestión gubernamental. Por ello se busca degradar a las Fuerzas Armadas aún más de lo que ya están. Si el Gobierno adopta como únicas hipótesis de conflicto el narcotráfico y el crimen organizados pero dice no tener la intención de cambiar la Ley de Defensa Nacional donde se especifica que aquellas amenazas no corresponden al ámbito de la Defensa, sino al de Seguridad Interior, y por lo tanto las Fuerzas Armadas solo pueden intervenir prestando apoyo logístico, entonces no hay otra intención que rebajarlas a cumplir un mero papel subordinado a las Fuerzas de Seguridad.

El desarrollo de Defensa es esencial como factor de Poder Nacional que haría pesar con mayor determinación nuestras decisiones en el ámbito internacional; sin embargo, da la sensación de que si fuese por este Gobierno, el Ministerio de Defensa debería pasar a ser una Secretaría del Ministerio de Seguridad.

En este sentido no sorprende cuando vemos como se vacía Fabricaciones Militares, cerrando plantas, desfinanciando proyectos y despidiendo trabajadores. O cuando desde el gobierno se busca esquivar y esconder lo sucedido con el submarino ARA San Juan. Tampoco extraña cuando el Gobierno ataca a Venezuela o aplaude el bombardeo a Siria, siendo que estos países apoyan la soberanía argentina en Malvinas, pero se muestra favorable a amigarse con Gobiernos que la ponen en cuestión, como EEUU, Israel o el propio Reino Unido. Recordemos que UNASUR también reconoció la soberanía argentina sobre las islas del Atlántico Sur.

El Gobierno de Macri es extremadamente ideológico. No sólo es continuador de los “civilizadores” del siglo XIX que quisieron hacer “Europa en América” a la fuerza, desmereciendo lo nativo y criollo, sino que está convencido que con su “vuelta al mundo” ahora es considerado como un socio por las potencias occidentales. Piensa que por incorporar como propias las agendas económicas y de seguridad de estas y por formar parte de la coalición de las “naciones libres” que buscan imponer la “democracia” en el mundo justificando con ello intervenciones militares en diversas regiones del planeta, ahora nos van a tratar como tales (y que en virtud de ello el Reino Unido va a acceder a negociar Malvinas). Pero ni Argentina ni ningún país sudamericano nunca vamos a ser socio del primer mundo. Para EEUU siempre vamos a ser su “patio trasero” y para Europa su granja abastecedora de productos primarios. Cambiemos no solo es heredero de las zonceras que Jauretche describió en su Manual, sino que ha inventado otras, entre ellas, “la Argentina no tiene hipótesis de conflicto”. La ha tomado en su forma literal, deformando su sentido original, con la consecuencia de negar las situaciones conflictivas reales que podrían amenazar al país e incorporar otras que son impuestas y que tienen como objetivo subordinar nuestro sistema de Seguridad y de Defensa a las necesidades de las potencias extranjeras.

 

  • Sociólogo – UNLP / La Señal Medios

Comentarios

comentarios

Visite también

HASTA SIEMPRE

Por HÉCTOR AMICHETTI * Se nos fue el Nono Frondizi… aunque a pesar de su ...