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domingo , noviembre 18 2018
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MACRI – FMI / El Destino Manifiesto

Por GABRIEL FERNÁNDEZ  *

 

Llueve y llueve. Hace casi dos décadas, el pueblo argentino presuponía excesivas dificultades para el crecimiento industrial autónomo. El gobierno de Juan Domingo Perón –a pleno- quedaba muy lejos. El tramo 1945 – 1955 era un gran recuerdo de los mayores y poco más. La gestión de José Ber Gelbard había pasado, exitosa, como un suspiro y tras él venían Celestino Rodrigo, José Alfredo Martínez de Hoz, Juan Vital Sourrouille, Néstor Rapanelli, Domingo Cavallo, Ricardo López Murphy entre otros.

Así que cuando Fernando de la Rúa convocó (inspirado por Carlos Chacho Alvarez) nuevamente a Cavallo, la creciente bronca no estaba alimentada por grandes esperanzas. El menemismo había quebrado la confianza en un peronismo estatista, justiciero, ligado al mercado interno. Los ajustes del tramo pre helicóptero del suegro de Shakira recibieron una respuesta multitudinaria, masiva y certera, pero sin la compañía de un proyecto nacional encarnado en personas y vertientes concretas.

Aunque la realidad presente se asemeja notablemente a ese período, una gran porción del pueblo argentino sabe que la aplicación de medidas estatales dinamizadoras del consumo y la producción, es posible. Hay una diferencia notable para la percepción pública entre unos 25 años de liberalismo cuasi ininterrumpido, que cegaron a los más optimistas, y dos años apenas de haber llevado adelante un país con variables en alza y calidad de vida apreciable. El ayer nomás no es una metáfora psicológica sino una verdad tangible.

Por eso todo nace, argumentalmente, de aquella pugna por el diagnóstico que anunciamos con celeridad: para fundamentar el ajuste y la transferencia de recursos, el gobierno oligárquico necesitó inventar un desastre en las cuentas fiscales y un excesivo gasto público. Con una sinceridad digna de mejores causas, el primer ministro económico del macrismo, Alfonso Prat Gay, expresó al arribar que los indicadores estaban “bastante bien”. Fue rápidamente borrado del juego.

Ante la ausencia de evocaciones liberales gratas y la cercanía de tiempos más felices, el gobierno empresarial necesitó ficcionalizar una hecatombe nacional para reorientar los recursos. Eso hizo a través de una borrosa propaganda en la cual se mostraban bolsos sin origen ni destino deambular de acá para allá. El fin del análisis político económico argentino y su relevo por la aseveración sin sustento tuvo su cumbre en una frase que englobaba la malicia del emisor y la zoncera del receptor: “se robaron todo”. Nadie pudo indicar en qué consistía ese “todo”; seres que aparentaban normalidad mental lo reiteraban sin más.

Pero hoy como ayer la acción oficial es directa: se deteriora el crecimiento previo, se reprimariza la economía, se financieriza el esquema, se desfinancia al Estado y se recurre al endeudamiento. Se quiebra el círculo virtuoso del poder de compra de las grandes masas, el despliegue comercial, la producción industrial, para volcar el conjunto de los ingresos nacionales hacia las corporaciones alineadas con el gabinete nacional y las entidades crediticias. Todo es como en las etapas de los ministros antes citados, pero más rápido y con menor predisposición a la aplicación de paliativo alguno.

Llueve y llueve. El discurso del presidente Mauricio Macri presentado este martes ha sido contundente. Ante la caída de la economía argentina, nuestro país ya no recibe ni siquiera recursos emitidos por la zona parasitaria de la vida internacional. Por tanto, para sostener el andamiaje debe recurrir al Fondo Monetario Internacional (1) con sus recetas anti industriales, recesivas y en perspectiva, ruinosas. Hoy como ayer, pero con mayor énfasis pues las naciones que crecen van en otra dirección, el aplastamiento del mercado interno pasa a ser prioridad de los gobernantes.

La Argentina ha sido desfinanciada porque el gobierno liberal anuló los dos cauces centrales del aprovisionamiento estadual: los impuestos para los grandes productores agropecuarios y el poder adquisitivo del promedio del pueblo. Durante una década, esos ingresos permitieron políticas sociales adecuadas a las necesidades de un país que necesitaba desplegarse. Así lo hizo. En vez de evaluar esa potencia como una virtud de nuestra sociedad, medios concentrados y gobierno la presentaron como despilfarro. Lo que ellos consideran gasto, es en verdad, inversión.

La derivación de este nuevo paso en la dirección inadecuada será la catástrofe. Esta aseveración está lejos de ser el anhelo de este periodista, sino un inevitable sendero a recorrer por nuestro país. Las mismas acciones, en tono radicalizado, derivarán en los mismos resultados. Sin industria, sin comercio, sin poder adquisitivo, sin inversión, el desempleo campeará sobre la comunidad. La nueva deuda sólo contribuirá a pagar deudas previas; las anteriores, fugaron raudamente para financiar empresarios que recibieron recursos para ensanchar sus empresas y volver a fugar.

Ante la evidencia, está en manos del pueblo argentino detener ese destino manifiesto.

 

• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

1 (No es fútil recordar que en la Constitución Nacional ciertas atribuciones del Congreso están bastante claras: Artículo 75.- Corresponde al Congreso: 4. Contraer empréstitos sobre el crédito de la Nación. 7. Arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación)

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