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miércoles , septiembre 26 2018
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DUJOVNE / La culpa que genera vivir bien

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Decisivo saberlo para conocer la información: al arribo de la gestión Cambiemos la Argentina no tenía problemas fiscales. El esquema se asentaba en la capacidad recaudatoria de una economía en marcha. Impuestos para los grandes exportadores, cargas sobre la compra directa de las grandes masas. Sobre ese diseño que con variantes reproducía el instaurado por Miguel Miranda en 1945 el país se desplegó en base a la inversión productiva con presencia estatal, el consumo, el comercio y la industria.

Ese circuito tenía sus fallas: hegemonía de la producción primaria –empero, menos que en el resto de los países del subcontinente-, eslabones faltantes en la cadena productiva –dolarización de insumos-, excepcional renta financiera –en línea con el mundo, pero sin ceder a la ultrarrentabilidad buitre- y regresividad impositiva –claro, el IVA-. Pero la solución estaba en agudizar la tendencia, no en revertirla. En promover la ampliación del PBI industrial para lo cual se precisa mucho menos ajuste y mucha más inversión.

Este viernes el gobierno anunció la persistencia del lineamiento que deterioró la economía nacional en los dos años recientes y la profundización de un ajuste fiscal destinado a enfriar la circulación monetaria callejera y, en definitiva, a arrasar definitivamente con la industria, el comercio –en suma, el trabajo- en esta región del planeta. El objetivo es derivar las riquezas nacionales hacia un puñado de particulares que operan como funcionarios y de las corporaciones rentísticas que los sostienen en esos puestos.

¿Qué ocurrió? El ministro de Hacienda Nicolás Dujovne anunció una reducción de la meta de déficit fiscal para este año de 3,2 a 2,7 por ciento, con lo cual ratificó que su respuesta a cualquier cimbronazo que sufran la economía y las finanzas seguirá siendo el ajuste. La disminución de la pauta de déficit se traducirá en un recorte de 30 mil millones de pesos que habían sido previstos para obra pública. “Nos duele porque uno no quiere tocar la obra pública”, dijo pero aseguró que “la única manera que tenemos (de bajar el déficit fiscal) es con una reducción gradual del gasto público”.

El déficit lo promovió artificial y forzadamente el gobierno macrista desde enero del 2016. Con la orientación señalada al comienzo del artículo, desfinanció al Estado –exención impositiva para los grandes productores primarios y reducción del poder de compra popular- y relevó esos ingresos genuinos por deuda. En extraña ligazón de cinismo asentado sobre la mentira, Dujovne señaló:

“Como menciona siempre el Presidente, la Argentina no puede seguir viviendo de prestado. Tenemos un programa muy claro de convergencia hacia el equilibrio fiscal, donde queremos dejar de emitir deuda y depender de los mercados. Y en la medida en que podemos acelerar esos procesos y dar señales contundentes de hacia dónde vamos y cómo lo hacemos, pensamos que es importante hacerlo”.

Antes del arribo de la Alianza PRO – UCR Cambiemos al gobierno, el país no necesitaba emitir deuda. Debido al diseño planteado –incluidas sus falencias, admitidas en este texto- el dinero circulaba internamente y abastecía las necesidades de sociedad y Estado. En el colmo de la inexactitud y esta vez sin mencionar a Lázaro Baez, el ministro dijo que los gobiernos anteriores hicieron “un despilfarro” del dinero público y acusó a la oposición de “demagógica y populista” por intentar frenar el avance de las tarifas.

Sin embargo, dentro del esquema previo, los aportes fiscales para el pago de tarifas y el equilibrio del precio del transporte eran fases del gran ahorro nacional pues se convertían en salario indirecto, reducían los gastos fijos familiares y, era ostensible, se transformaban en poder adquisitivo destinado a impulsar aún más la rueda productiva. Vale como consideración: una gran parte de la sociedad, con lejanas culpas inducidas, supuso que su propia capacidad adquisitiva no era sino exceso. Toda la lucha conceptual se basa en la dualidad “Mientras mejor, mejor” vs “Mientras mejor, peor”.

El despliegue de una sociedad habilitada por su propio trabajo a vivir confortablemente y disfrutar de la adquisición de bienes de consumo fue instalado, en la mente de muchos beneficiarios, como un pecado de lujuria. “No se puede seguir pagando tan barata la electricidad. No puede ser que se compren tantos televisores y celulares. Es increíble que una familia de trabajadores tenga aire acondicionado y salga a comer afuera” y así siguiendo. Se trata de apreciaciones lanzadas desde el lugar de comunicación empresarial por el periodismo concentrado, pero repetidas sin razonamiento por ciudadanos comunes.

Pero el sistema era virtuoso aunque incompleto. El Estado asumía su rol recaudatorio y canalizaba parte de los recursos generados por la comunidad, sobre la misma. En vez de tomar esos ingresos y derivarlos en las grandes compañías, como se hace ahora, los inyectaba para alcanzar una mejoría ostensible del nivel de vida promedio. Como todas las naciones del planeta que en verdad crecieron, más allá de las portadas de medios orientados por el capital financiero, la Argentina se desarrolló en los períodos 45 – 55 y 03 – 15, en base a tal arquitectura, desdeñada promocionalmente como “populista”.

Los anuncios de Dujovne han sido un intento de ofrecer un mensaje a los mercados financieros que ayer provocaron una suba del dólar a 23,30 (devaluación del peso del 9 por ciento). En este sentido, elogió el aumento en las tasas de referencia anunciadas esta mañana por el Banco Central con el fin de frenar la escalada de la moneda estadounidense. Sin embargo, todos ya lo saben: las autoridades liberales se preocupan por ellos, y ellos responden con el bolsillo.

En sintonía con la idea instalada de decir cualquier cosa sin corroboración práctica, el ministro de Mauricio Macri indicó que se “va mantener el rumbo” del “crecimiento de estos años”, y aseguró que también va a continuar el “aumento de empleo que estamos viendo” que generó “reducción de la pobreza”. Crecimiento, empleo, pobreza. Tres mentiras lisas y llanas que no guardan vínculo alguno con realidades palpables a lo largo y a lo ancho del país.

La extensa y oscura argumentación no halló argumentos para justificar el ajuste: el funcionario aseguró que el equipo económico “aspiraba a sobrecumplir” la meta del 3,2 prevista para este año pero aclaró que la decisión de disminuirla se debió “a que subieron las tasas de interés en Estados Unidos, las monedas de los países emergentes se han depreciado” y que “la presión doméstica” incidió en la escalada del dólar.

Para que se entienda. Al resquebrajar el esquema virtuoso y relevarlo por uno de rasgos rentísticos, derramar culpas en el exterior es como decir que Arsenal de Sarandí descendió porque el Real Madrid salió campeón de la Champions. La única relación entre ambos que es juegan al fútbol. Luego, sus vectores no se imbrican en momento alguno. Faltó que Dujovne mostrara un cuadro sinóptico en el cual la responsabilidad de la inflación argentina surgiera de la apreciación de una bolsa de monedas venezolano nicaragüense.

Así las cosas, el modelo liberal ha alcanzado su borde. El decurso de los acontecimientos nacionales tendrá como lanza afilada la realidad económico social, pero como resolución la decisión política del pueblo argentino.

* Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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