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lunes , junio 18 2018
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ARGENTINA / La derrota de los cobardes

Por GUSTAVO RAMÍREZ *

 

El guion del Presidente no se separa ni una coma del entrelineado que marca el escenario mediático. Con una verba melosa y con gestos infantiles que acompañan su cínica exposición Macri se obstina en mentir.
En la conferencia de prensa que no fue – veamos, sólo pudieron ¿preguntar?: Continental, Clarín, Cadena Tres, TN, Radio Ciudad, Infobae, FM Andina, La Nación y Mitre – Macri aseveró lo que la agenda mediática le marcó. Los hechos en Plaza Congreso fueron producto de grupos violentos organizados y que todo fue orquestado para poner en vilo la gobernabilidad. Su gobernabilidad que es la gobernabilidad del mercado, del capital financiero.
Puede que para algunos esa afirmación falaz sea natural a la luz de los acontecimientos. Sin embargo que el Presidente mienta constituye una falla institucional grave. El Gobierno se ha puesto por encima de la ley y organizó un esquema represivo sin parangón en democracia.
Quienes hemos cubierto las movilizaciones del 14 y 18 de diciembre, pudimos observar el despliegue policial actuar fuera de la ley. Si hubo una orquestación en esta situación la armó el gobierno. Nadie más. El núcleo central del operativo represivo no funcionó de cara a las cámaras de los medios amigos del gobierno. Se acrecentó y desplegó en las inmediaciones de la Plaza. En las calles aledañas, donde el anonimato del silencio cobarde del periodismo entreguista encubrió los hechos.
Durante la jornada del 14 de diciembre la Gendarmería, bajo la extrema tutela de la garante de la Embajada Patricia Bullrich, comenzó la represión a penas los manifestantes se acercaron a los vallados perimetrales. Sin mediar palabra la lluvia de balas de goma y gases vencidos se precipitó sobre los manifestantes con saña y en guerra. Luego sobrevino la cacería. Policías y gendarmes salieron a cazar trabajadores no para arrestarlos solamente, sino para apalearlos. La operación fue sistemática y duró más de siete horas. Hubo detenciones clandestinas y hubo un sin número de trabajadores heridos. Entre ellos periodistas gráficos. Durante esa jornada los medios casi no mencionaron la palabra represión. Por la noche, en Congreso, era fácil tropezar con los cartuchos policiales a cada cuadra.
Durante el 18 la situación fue distinta. El clima que se vivía entre los manifestantes no era tenso. El aire no estaba cortado por la bronca simplemente. Había expectativa y calma. Se había ganado el último jueves, la esperanza era un aliento movilizador. Miles de trabajadores, organizados y en paz, marchaban con su respectiva columna. La “violencia” se presentía como un fantasma que habitaba más allá de las fronteras que levantaban las vallas. Desde horas tempranas, el mismo cínico y cobarde periodismo, alimentaba la idea de que con la policía de Larreta no se iban a producir “incidentes” como los del jueves. Así el periodismo berreta jugaba su partida en la interna de Cambiemos.
El guion se volvió a imponer. De manual se dice en el barrio. Sobre la hora de inicio de sesión se escucharon las primeras detonaciones. Una vez más venían del otro lado del cerco militarizado. La excusa fue la incursión de un grupo no identificado de sujetos que en apariencia provocó a las fuerzas. Es curioso cómo se pueden crear eufemismos para encubrir infiltrados, ahora se los podrá llamar ovnis. Lo denunció Hugo Yasky en plena sesión.

También Claudio Lozano. Lo denunciaron distintas organizaciones que ya habían expulsado a varios “tira piedras”. La excusa armó la tormenta perfecta. La policía entregó en cuerpo y alma a un par de los suyos para justificar lo que vendría después. Dejó que durante media hora las cámaras calentaran el ambiente. Los lentes enfocaron una lluvia de piedras sobre los ¿desprotegidos? Uniformados. Hubo heridos, la sangre tentó al vampiro. Y otra vez todo se gestó en la calles aledañas. Y allí vino la infantería con sus cobardes armados hasta los dientes.
En la intersección de las calles Solis y Alsina un oficial gordo, que casi no entraba en su uniforme, gritaba y puteaba al tiempo que martillaba su arma. Disparó y detrás de él los otros cobardes hacían lo mismo. Lo distintivo es que allí no se concentraban más que curiosos y periodistas. Por ejemplo: En esa esquina estaba el periodista de Cadena Tres que no se atrevió a hablarle de represión a Macri en la conferencia que no fue. Detrás de la infantería llegaron las motos. Más disparos indiscriminados. Para ese entonces las noticias que llegaban del recinto era que Marcos Peña, Jefe de Gabinete, aseguraba que en media hora tendría controlada la situación. Y entonces se desató la furia. Antes el grupo que estaba “la frente” de la situación recibió con hurras de marines a los moto-cobardes de la policía. La cacería no se hizo esperar. La orquestación afinaba a pedir del Gobierno.
Así un joven que salía de su casa, a media cuadra de la Plaza, para ir a trabajar fue golpeado y arrestado, su familia que acudió a pedirle a la policía que no se lo llevara porque no tenía nada que ver también fue golpeada. Desde un patrullero un policía de gimnasio bajó y ostentó su virilidad al apuntar su itaca contra quienes registrábamos la escena. La situación se reproducía cuadra a cuadra, esquina a esquina. Trabajadores heridos, gaseados.
Macri en su discurso, perdón conferencia que no fue, habló de los policías como víctimas. Una clara expresión de lo lejos que está el Presidente del pueblo. Claro que omitió mencionar que esos “pobres” represores le pasaron por encima con la moto, por ejemplo, a un joven desarmado herido tirado en el piso. O que rociaron de con gas y le dieron palazos a una jubilada en la puerta de su casa. Curiosamente todo eso alejado de las cámaras oficiales.

Tampoco hizo referencia que durante los cacerolazos la policía reprimió a los manifestantes en Congreso. Eran las tres de la mañana y allí sólo había gente que tomaba mate y bailaba murgas improvisadas. De la misma que había familias enteras. Pero los “pobres” e indefensos cobardes policías tal vez hayan entendido que el mate puede ser un arma letal y reprimieron, como para no perder las mañas. Un dato curioso esta vez en el piso de la Plaza no se vía ningún cartucho de bala de goma. Algún milagro obró de manera misteriosa y desparecieron. Sólo quedaron los escombros. Quizá sea la casualidad.
Mauricio, el Presidente, el ingeniero, el Presidente que perdió un submarino con 44 tripulantes, el que jamás respondió por la muerte de Santiago Maldonado, ni la de Rafael Nahuel, mintió. Una vez más mintió. Y en la mentira acusó a la jueza Patricia López Vergara de fomentar la violencia igual que lo hizo con los diputados de la oposición. El guion se la caía de la boca. De la misma manera que miente sobre la reforma previsional que pone en situación crítica a millones de jubilados.
Antes de la conferencia que no fue el periodismo indigno instalaba a la policía como víctima y se preocupada por el drama de los “destrozos” en la Plaza. Ninguno de esos cobardes se preguntó por los detenidos, ni por los trabajadores heridos. Algunos han perdido un ojo producto de un balazo de goma. Nuestro compañero Lucas Molinari sufrió una herida que compromete su visión, por suerte mejora con calma. Le mandamos un abrazo.
Macri mintió. Miente. Sin embargo está preso de su voluntad acorralado por la insistencia popular. El Presidente ganó una ley pero perdió la calle y su legitimidad. Los medios empresariales y sus periodistas serviles perdieron dignidad y credibilidad. Nada es gratis y casi todo puede ser circular. Más en política. En la conferencia que no fue Macri lucía intranquilo. Alterado. Desconectado de la realidad. En esos gestos hablaba el principio del fin.

 

* AGN Prensa Sindical / La Señal Medios

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