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PRIMERA PLANA / Reportaje a Juan Domingo Perón

Puerta de Hierro – Reportaje a Perón

Revista Primera Plana, 1972

Desde Madrid, el enviado especial de Primera Plana, Pedro Olgo Ochoa, despachó este reportaje exclusivo a Juan Domingo Perón, realizado en Puerta de Hierro el 25 de mayo pasado. En una hora y media de conversación, el conductor justicialista abordó temas de candente interés nacional: Frente Cívico de Liberación Nacional, elecciones, torturas, reforma constitucional, su candidatura a la Presidencia de la Nación. Del “tete a tete” se desprenden las claves para interpretar la conducta del Jefe del Movimiento Peronista en la actual encrucijada política argentina.

– ¿Cuáles son los alcances que tiene el Frente Cívico de Liberación Nacional y los resultados que de él se esperan?


Vuelo de regreso a Buenos Aires, 1973

– Los resultados que se intentan obtener con el Frente Cívico de Liberación están en su propio nombre: LA LIBERACION DEL PAIS. Es decir la normalización institucional a través de elecciones libres y puras, si las hay, o por otros medios, si estas elecciones no se realizan en la forma que han prometido las Fuerzas Armadas. Obtenido este primer objetivo considero que, en vista de la difícil situación que se le ha creado al país, normalizada la situación institucional, quedará por realizar la reconstrucción del mismo, que al finalizar la gestión de los gobiernos que empezaron en 1955 quedara en la más difícil situación en todos los aspectos. Para encarar esa reconstrucción será preciso que todos los argentinos, sin distinción de banderías ni partidos, se pongan a la tarea de realizarla. En tan aciaga situación no nos podremos dar el lujo de hacer política, ni practicar oposiciones políticas inoperantes. El Frente Cívico de Liberación no tiene finalidad electoral alguna, en el sentido que comúnmente se le da a este vocablo. A nosotros, los justicialistas, electoralmente nos alcanza suficientemente con el Justicialismo. En lo que se refiere a la acción revolucionaria, todo depende de la acepción que también se le da a este término. Muchos confunden revolución con golpe de Estado. La revolución se hace desde el poder y es indudable que los fines de la acción popular están dirigidos a esa revolución, que, impuesta por la evolución actual del mundo, es ya insoslayable para todos los pueblos. Tampoco nosotros podemos escapar a ello.

– Hay quienes afirman que todavía no se ven los resultados de las mesas de trabajo del FCLN. ¿Qué dice usted a ese juicio pesimista?

– Es natural que la experiencia de las mesas de trabajo no exista aún, desde que recién se comienza con su actividad. Esperemos lo indispensable para juzgarlas cuando empiecen a funcionar como está previsto.

– ¿Por qué enfatiza usted tanto sobre la necesidad del trasvasamiento generacional a través de sus mensajes escritos o grabados? ¿Están incluidas las jóvenes promociones de oficiales y jefes militares en ese trasvasamiento?

– Es indudable que el mundo vive en estos tiempos un período de evolución profunda y acelerada. Es la consecuencia que arroja la terminación de un sistema y el nacimiento de otro. Muere el sistema demoliberal capitalista y nacen sistemas de base social, que se consolidan ya en el mundo con los más diversos nombres y características, obedientes a la condiciones intrínsecas de los pueblos y adecuados al pensar y al sentir de las nuevas generaciones que los impulsan. Una de las mayores fortunas del Pueblo Argentino, azotado por la desgracia provocada por la reacción, la constituye nuestra juventud, que en la lucha de todos los días está demostrando su madurez, capacidad y decisión inquebrantable de imprimir al futuro el hálito vivificador de sus ideales, esclarecidos por su pensamiento y ennoblecido por su sacrificio. Y cuando una juventud reúne estas condiciones, la comunidad puede contar con su concurso, se puede afirmar que tiene asegurado el futuro. Las viejas generaciones nacidas y desarrolladas al influjo de un sistema permitido tienen la obligación de dar paso a las nuevas que, representando al futuro, serán las encargadas de asegurar el destino de nuestro Pueblo. Nadie tiene más derecho que ellos que, en último análisis, serán los que han de gozar o sufrir las consecuencias del quehacer actual. Ello es lo que obliga al trasvasamiento generacional. Desde que los jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas son ciudadanos como los demás de la república, no escapan de manera alguna a este fenómeno actual de trasvasamiento.

– ¿A qué obedece, según su opinión, la intención del gobierno de Lanusse de reformar la Constitución Nacional? ¿Por qué el Peronismo no admite y se proclama en contra de esa reforma?

– Sobre la reforma constitucional que se intenta por la actual dictadura militar, ya se ha manifestado casi unánimemente la ciudadanía argentina y, como no podía ser de otro modo, la repulsa es general, no sólo porque un “gobierno” como el actual no está autorizado ni capacitado para realizarla, sino porque también se evidencia claramente que ella obedece al intento de hacer trampas en las elecciones prometidas. Nosotros los justicialistas no reconocemos otra Constitución Nacional que la de 1949, que entonces juramos. Su “supresión”, realizada arbitrariamente por un acto nulo de toda nulidad, por expresa disposición constitucional, fue hecha con bastardos fines -poder entregar el petróleo a que se oponía su Artículo 40 y para poder atropellar las organizaciones sindicales-; en consecuencia, desde entonces el país ha vivido una etapa inconstitucional.

– ¿Es para usted loable que el gobierno justifique el retraso de las elecciones hasta 1973 amparándose en problemas técnicos: la confección de los padrones?

– Es natural que el inconveniente aducido por los agentes de la dictadura militar se refieran a los padrones. Pero también es natural que se trata de un pretexto creado, porque nadie puede imaginar que la confección de unos padrones, máxime con los medios modernos, deban tardar más de un año. Estoy persuadido que, si se hubiera realizado este trabajo en la forma debida, no podrían haber tardado más de tres o cuatro meses. Es claro que, si se quiere justificar lo injustificable, siempre hay recursos dialécticos que, aunque distan mucho de la verdad, pueden servir para explicar situaciones como la actual. Pienso que este asunto se retarda con fines poco claros.

– ¿Cuál es la razón fundamental por la cual el general Perón no ha llegado a ningún acuerdo en los diálogos mantenidos con los enviados de Lanusse a Puerta de Hierro?

– Yo no he llegado a ningún acuerdo con el Gobierno de las Fuerzas Armadas, porque existiendo un FRENTE  CIVICO DE LIBERACIÓN NACIONAL y dentro de él una HORA DEL PUEBLO y un ENA, como otras organizaciones sindicales y económicas, no estoy autorizado moralmente para pasar sobre ellas en acuerdos que, por otra parte, no creo que sean necesarios. Se ha dicho que hay que buscar la forma en que las Fuerzas Armadas puedan regresar con dignidad a sus cuarteles. Yo comparto esa idea, pero para que ello se realice, todo es cuestión de las Fuerzas Armadas y no nuestra. En 1945, la situación era absolutamente similar a la actual. El problema era que las Fuerzas Armadas retornaran con honor y dignidad a su función específica. Para ello, el Gobierno de entonces convocó a elecciones, que fueron realizadas con pureza y limpieza. Así se normalizó la situación institucional del país y las Fuerzas Armadas regresaron a sus cuarteles con la satisfacción de un deber bien cumplido y el respeto y afecto de su propio Pueblo, que lejos de hacerles cargo alguno las elogió, pudiendo desde entonces estar firmemente unidas a ese Pueblo que las sustenta. ¿Por qué entonces, con ese ejemplo, el actual gobierno militar no procede en la misma forma, si realmente lo que le interesa es asegurar para el país una democracia que todos los días invoca, pero no practica? De esto se infiere que, si se procede bien, no hay necesidad de acuerdos a espaldas del Pueblo, que es quien debe decidir. Se ha dispuesto la organización de las fuerzas políticas. Espero que haya sido para que puedan dirimir supremacías de este carácter en una justa electoral, en representación de los sectores en que se fragmenta la comunidad argentina. ¿Cómo se podrían explicar entonces acuerdos extranormales que hacen a la voluntad soberana del Pueblo sin su intervención directa o indirecta? Entiendo, por otra parte, que el Gobierno de las Fuerzas Armadas está en manos de la JUNTA DE COMANDANTES EN JEFE de las mismas y, en consecuencia, un acuerdo de cualquier naturaleza con las fuerzas políticas ha de realizarse en el más alto nivel y con carácter público y no privado, ni menos secreto o confidencial. Si ello fuera necesario, existen los organismos y sus representantes naturales a quienes recurrir en. tal caso.

– Si pese a esos temores se arribase a elecciones limpias ¿volvería a ser candidato a Presidente? No son pocos los que afirman que la mayoría de los argentinos lo designarían como su candidato natural a la Presidencia de la Nación…

– Si lo referente a candidatura debe decidirse con el mismo criterio anterior, que creo es lógico y justo, esta decisión ha de ser también del Pueblo Argentino, a través de sus organizaciones y representantes naturales. Todo otro procedimiento será espurio desde el punto de vista de la democracia que queremos practicar. En ese concepto, ni yo ni nadie puede autoproclamarse ni autoproscribirse, antes que la decisión del Pueblo se haya producido. Porque ¿de qué puede valer un acuerdo o una decisión que tomemos nosotros si luego el Pueblo en ejercicio de su decisión soberana, decide lo contrario? Para el caso de que, como dice usted la mayoría de los argentinos me designaran como su “candidato natural a Presidente de la Nación”, habría llegado habría llegado recién el momento de considerar tan espinoso asunto. Yo soy el Jefe de un Movimiento con el arraigo de un cuarto de siglo de existencia y de lucha. Creo que en ese tiempo jamás he defeccionado en la misión que me he impuesto. Me pesan ya los años, pero no encuentro la forma de defraudar a los millones de compañeros que vienen confiando en mí, que en último análisis soy el que los ha metido en esta empresa nacional.

– Hay quienes atribuyen al Justicialismo la intención de querer liderar paternalmente el proceso de liberación latinoamericano. ¿Qué puede decir al respecto como Jefe del Movimiento?

– El Justicialismo es un sistema creado para la Argentina y para los argentinos. Me consta que grandes sectores de la población de nuestros hermanos continentales lo comparten, pero de allí a que sea el Justicialismo una fórmula o esquema continental, media un abismo. Creo que cada uno de nuestros países y de nuestros pueblos debe asimilar un sistema que congenie con sus propias características y condiciones. Naturalmente, desde que todos nuestros países aspiran igualmente a su liberación del neocolonialismo que los está asfixiando.
Como el Movimiento Justicialista es por antonomasia de liberación, resulte común en muchos aspectos de la situación imperante en todo el Continente Latinoamericano. De allí que yo, como creador del sistema, sea conocido y apreciado en muchos sectores de los países hermanos del mismo. El problema de la integración continental, en auge en estos momentos en casi todos los países latinoamericanos, ha sido también causa de mi acercamiento a esos sectores. No hay que olvidar que ya en 1949, con el Tratado de Complementación Económica firmado en Santiago de Chile, se echaron las bases para la comunidad económica latinoamericana, que si no se ha realizado, no por eso ha dejado de existir el empeño de llevarlo a cabo algún día. Como yo he sido el “culpable” de todo eso, es natural que los latinoamericanos, que piensen como yo que “el año 2000 nos encontrará unidos o dominados”, mantengan sus esperanzas vivas y puestas en alcanzar tan grande objetivo.

– ¿Cuál es el grado de compromiso que asume el Movimiento Peronista en las luchas de liberación en que están empeñados todos los pueblos del Tercer Mundo?

– Hace ya cerca de treinta años, yo lancé desde la Argentina la TERCERA POSICIÓN, tan distante de uno como de otro de los imperialismos dominantes. Esa idea cayó entonces aparentemente en el vacío. Pero han pasado los años y, en la actualidad, más de las tres cuartas partes de la población del mundo se agrupa en países que son colocados en ella, con el nombre de TERCER MUNDO. Como el Justicialismo ha permanecido firmemente colocado en esa posición, lo lógico es que esa importante parte del mundo moderno, que integrándose continentalmente, constituye el TERCER MUNDO, sienta simpatía por nuestro Movimiento, verdadero precursor de las ideas que se están sustentando en sus propias áreas. Como esta posición internacional se realiza claramente con designios de liberación, es natural que los compromisos existen tácitamente entre todos los que comparten la posición. De allí nuestras vinculaciones con los países y continentes del TERCER MUNDO y los compromisos correspondientes y mutuos.

– ¿Qué opina de la ola de torturas y secuestros desatados en nuestro país?

– Es una cosa espantosa. Jamás hubiera creído que eso ocurriera en la República Argentina. Si en un hombre común la delincuencia es mala, en el funcionario policial es mas grave aún porque dispone de total impunidad. Y en este caso el Poder es delincuente. Yo creo que ni en la Edad Media existían casos como los que ocurren ahora en nuestra Patria. Fíjese el caso de esta chica Norma Morello, que precisamente leí en PRIMERA PLANA, como otros numerosos publicados por ustedes.

– ¿Cual es el estado anímico de un hombre que, como usted, conduce un movimiento de masas viviendo fuera de su país, en el exilio obligatorio?

– Nunca ha sido confortable la suerte del proscripto. En mi caso ha sido peor, no sólo por la larga separación y distancia, sino también porque he debido contemplar impotente la triste suerte del Pueblo Argentino, azotado por una desgracia preconcebidamente provocada por las fuerzas de la reacción, que vengaron en él el odio de su impotencia. Cada carta que recibo de mis compañeros —que son miles— es para mí un momento de dolor y de pena ante los sufrimientos que están pasando. Sin embargo, como nunca he dejado decaer mi actividad en su defensa, en cualesquiera sean los lugares en que me he encontrado, ése ha sido un consuelo y una manera de sobrellevar la tristeza del exilio.

Revista Primera Plana / LSM

 

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