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lunes , noviembre 19 2018

ALFOMBRA ROJA

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Vale repasar el cine norteamericano de los años 40. Por ejemplo, esa magnífica historia titulada “Qué bello es vivir” escrita por Philip Van Doren Stern, dirigida por Frank Capra –director con nombre de lateral izquierdo- y protagonizada por James Stewart. La batalla entre el capital financiero con fuerte presencia en el mercado inmobiliario y la acción social de tipo cooperativo queda evidenciada blanco sobre negro, así como el decurso vital de los protagonistas.

Vendría bien a la sociedad norteamericana volver a pispear esas obras, hoy enterradas bajo toneladas de películas absurdas donde los extranjeros buscan destruir a los Estados Unidos y la lucha contra la inseguridad borra las circunvoluciones. Pero eso ya no es posible: décadas de macartismo triunfante anularon el pensamiento político en el Norte. Ese macartismo es un equivalente del antikirchnerismo que se despliega hoy en la Argentina.

Es bueno saberlo para trabajarlo intensamente; al menos, conocemos los resultados: una comunidad quebrada por las drogas, los asesinatos seriales, la paranoia y el arrasador despliegue unilateral de bancos y asociados para gobernar desde el Departamento de Estado hasta los medios de comunicación. En eso se pretende convertir a nuestro país durante el tramo macrista. Sin exageraciones, es posible afirmar que el autor, el director y los protagonistas de “Qué bello es vivir”, en estos tiempos serían apresados sin más por la justicia norteamericana.

El mensaje posterior de “El testaferro” de Woody Allen es contundente: ya estoy harto de responder preguntas estúpidas. Que si tal actor es comunista (kirchnerista, peronista) o si ese guionista tiene relaciones con Rusia (Cuba, Venezuela). Allen se levanta y se va, ignora al “tribunal” encabezado por un Bonadío norteamericano. Pero apenas ese director, y un puñado más, se animaron a plantear las cosas así. El resto se amoldó, temeroso de los presupuestos de los grandes estudios.

(Uno se queda pensando y trata de averiguar, a fondo, qué fibra sensible del sistema tocó House of Cards para que se anulara su desarrollo. Difícil creer que la oleada de acusaciones sobre el simpático y antipático Francis Underwood no guarde relación con su irrupción amparada en el plan América Works. Estos piqueteros, planeros norteamericanos tenían que ser frenados en algún momento ¿no?)

En nuestra patria imbéciles como Juan José Campanella, Oscar Martínez, Ricardo Darín y Mirta Legrand, entre tantos, se adecúan y hablan en voz alta para el país visible que denunciara Scalabrini. Ni siquiera ven que con el tiempo, no se podrán exhibir los filmes que los consagraron. El andar absoluto del capital financiero necesita el cierre de las mentes para obturar cualquier intento por retomar el sendero industrial.

Hay quienes no comprenden que ahí está la clave. Son bastantes los que suponen que la lucha es entre valores “humanos” y competencia “egoísta”. Lo que se intenta aquí es evitar la competencia para que no ganen los talentosos. Sucede que estos suelen tener una visión bastante clara de lo bello que es vivir, si se logra producir lo que se anhela.

 

* Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica

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