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domingo , septiembre 22 2019
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CAMBIEMOS / Celebración oficial, dispersión opositora

La corriente liberal conservadora Cambiemos logró cerca de un 40 por ciento en el orden nacional. La división de las fuerzas que presentan una matriz nacional y popular derivó en dificultades para todas. Dentro de esos parámetros, la elección bonaerense permitió a Cristina Fernández de Kirchner mostrarse como la dirigente de ese origen con mayor número de sufragios. Asimismo, el resto de los indicadores presentaron una debacle para las vertientes que pretendieron una oposición tenue. Sin embargo, la discusión interna en este movimiento, lejos de resolverse tras el cimbronazo del 2015, recién comienza.

Es previsible que más allá de las especulaciones sobre el potencial opositor, que no es menor, el gobierno se sienta avalado para acrecentar algunos de sus proyectos antipopulares más audaces: el alza de las naftas, que arrancará este lunes, el de electricidad y el de gas, anunciados para los meses venideros, así como una reforma laboral que busca desproteger al asalariado y limar el poder de los sindicatos y las organizaciones sociales en general. A esto hay que añadirle el control mediático y el descenso en los derechos y garantías civiles registrado en los meses recientes.

El presidente Mauricio Macri festejó en el bunker Pro de Costa Salguero, ante los resultados del escrutinio provisorio, entrada la medianoche. Lo hizo con un discurso en el que abundaron palabras huecas habituales en el descontextuado léxico de Cambiemos: “Amor”, “Paz”, “Felicidad”, “Sueños”, “Entusiasmo”. Desde el escenario arengó: “Confiemos en que juntos somos capaces de hacer cosas increíbles”. Agradeció a los fiscales “que cuidaron nuestros votos” y a los votantes que “llevaron nuestro entusiasmo a cada rincón del país”. Completó su visión precisando que “Vivimos un domingo en paz».

“No ganó un partido sino la certeza de que podemos cambiar la historia juntos, transformar nuestra querida Argentina. Siento una profunda emoción de ver lo que estamos logrando juntos”, dijo. Y auguró acciones futuras: “Recién estamos empezando juntos. Nos dimos cuenta de que muchas cosas pueden cambiar. Vencimos el miedo, nos animamos al cambio. Y éste es sólo el principio…”. Lanzó también una convocatoria hacia “quienes no nos votaron” porque “hay que ponernos todos en la misma camiseta. Poner lo mejor de cada uno. No les hablo solamente a los que nos votaron”. Se refirió a quienes se inclinan por otras fuerzas señalando que “respetamos sus ideas y siempre hay una puerta abierta para que las traigan”.

Apeló a la medianía: “Acá no hay genios, ni ganadores mesiánicos, no hay nadie a quien venerar”, dijo durante los festejos junto a Vidal, Larreta y Carrió. Simplemente “somos un país que ha decidido hacer las cosas bien. Necesitamos vivir en un país en el que el valor de la verdad sea innegociable”, exclamó entornado por el canto “Sí se puede”. Lejos de la promesa de sobriedad por el conocimiento de la muerte del hasta la antevíspera desaparecido Santiago Maldonado, bailó entre luces y globos en el esperado show televisivo. La objetada dirigente Elisa Carrió –Walt Disney- feliz a su lado.

El tono del emprendedurismo desligado de medidas concretas que lo hagan posible estuvo muy presente: “un lugar donde cada uno de nosotros pueda apasionarse con una tarea donde se sienta protagonista en beneficio propio y en beneficio de los que lo rodean, sentirse orgulloso del lugar que ocupa en la sociedad, superarse, avanzar. Queremos superar la Argentina que premia al que toma el atajo, al que da menos de lo que puede dar”. Desde el escenario Macri aseguró que “hemos dado pasos valientes, decididos, enfrentando a las mafias, el narcotráfico y la corrupción. Si convivimos con ellos, no hay futuro. Gastamos mucho tiempo y energía en enfrentarnos”. “Entramos en zonas que parecían imposibles, y eso lleva luz y alivio. Estamos creciendo con trabajo en equipo e integrándonos al mundo”, expresó en referencia al triunfo oficialista. Y se despidió entre globos y papel picado con un “vamos, Argentina, los amo”.

Nada está dicho en dirección al 2019. El movimiento nacional jamás contó con tantos votos como para brindar la ventaja de presentarse a los comicios con numerosas nóminas separadas. Todas ellas, reunidas, ofrecen un escenario que amerita el optimismo. Pero sus dirigencias no están ofreciendo señales en una dirección confluyente. Quizás resulte importante una presión razonada y sostenida de las bases con identidad social para alcanzar esa unidad. Hasta el presente, el movimiento obrero y las organizaciones sociales han planteado un buen ejemplo. El interrogante presente es cómo influirá la legitimidad que ofrecen los comicios sobre las protestas sociales –a su vez genuinas- que se avecinan frente a las medidas de ajuste que el gobierno pretende profundizar.

GF / LSM

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