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martes , octubre 16 2018
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HECHOS / La cara del verdugo

Las estadísticas oficiales del INDEC, contradicen el permanente discurso optimista de un Gobierno que no deja de agredir, a través de su política social y económica, a los trabajadores. Según los últimos datos vertidos por la  Encuesta Permanente de Hogares el 33,3  por ciento de los empleados se encuentra en negro.

Por otro lado las importaciones crecieron durante el último mes un 24 por ciento lo que implica un deterioro mayor de la industria nacional y la caída del mercado interno. Con ésta política también se agrede al mercado laboral. Día a día tenemos que dar cuenta de despidos en diversos rubros por fábricas o empresas que cierran.

Las ventas en centros comerciales volvieron a caer durante abril. Según el INDEC el consumo se contrajo en 1,7 por ciento respecto al mismo período del año anterior. No queda en claro donde se cifra el optimismo del Presidente que nos alecciona sobre las bondades de un modelo profundamente selectivo y excluyente.

Durante los últimos días se registraron 1.010 despidos por cierres de compañías en distintos puntos del país. El caso paradigmático, por sus características, es el de Pepsico que además cuenta con el apoyo del Gobierno tal como denunciaron los trabajadores. En tanto se acaba de conocer que para fines de junio ATUCHA dejará en la calle a más de 700 trabajadores de la construcción.

No es el sinceramiento de la economía. Es la aplicación de un plan económico neoliberal que elimina todo vestigio de estado de bienestar para propiciar el negocio del capital financiero. Y esto recién comienza. Sobre todo porque al mercado entre las sombras aun no le terminan de cerrar los números. Los capitales que iban a llover de manera torrencial jamás arribaron y sobre el Gobierno se cierne una profundad oscuridad política.

Mientras tanto el Ministro de Trabajo, Jorge Triaca, sigue los lineamientos trazados por su jefe político y administrativo. Así arremete contra los sindicatos y tracciona hacia la flexibilidad laboral. Insistió en hacer hincapié en la “industria del juicio” como mal congénito de la práctica gremial. Habló de “abusos sindicales” y de la ingerencia de estás prácticas en la “involución de la Argentina”.

Claro que el Ministro omitió mencionar que tanto la CGT como la CTA lo denunciaron ante la OIT por su avanzada anti-sindical y por propiciar la vulnerabilidad de derechos laborales en nuestro país. Obviamente estas denuncias enojaron el funcionario. Por ello existieron algunas respuestas como sus declaraciones a la empresa La Nación o el llamativo allanamiento con Gendarmería y agentes de la AFIP al Sindicato de Choferes de Camiones que lideran Hugo y Pablo Moyano.

La vulnerabilidad que generan las políticas neoliberales se cobran vidas. La relación costo beneficio constituye una pieza clave, por ejemplo, en el hundimiento del buque pesquero marplatense Repunte. Tres muertes y siete tripulantes desaparecidos es el resultado de una ecuación perversa donde los trabajadores son exponentes de una estructura matemática para los funcionarios. Tal como lo han denunciado desde Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca.

La injusticia social se traduce en muerte y no es una presunción alarmista. Tampoco es demagogia informativa. El neoliberalismo ha dejado de ser una teoría económica para transformarse en un hecho político y esa hecho desarrolla todos los componentes anti-sociales necesarios para combatir el bienestar de la clase trabajadora.

Esa política busca desestabilizar a las organizaciones sindicales.  No es un mero acto reflejo. Romper con las estructuras gremiales implica acabar con el real dique de contención que frena el arrebato empresarial del macrismo en el poder y de paso con el peronismo. Al Gobierno le preocupa el Movimiento Obrero. Y éste movimiento el que ahora busca una nueva expresión de descontento con la proyección de una movilización para julio. “La cosa está jodida” expresó Pablo Moyano como síntesis de un análisis popular que violenta a los trabajadores y a sus hogares.

Ya no hay ni ingenuos, ni incautos. Quien quiere creer cree. Las fantasías sólo seducen en el plano del deseo. El gobierno puede mentir y remitirse eternamente al pasado. Subestimar a los trabajadores, en ese sentido, puede ser una trampa de la cual no hay regreso. Sobre todo porque en éste presente crítico los trabajadores conocen la cara de su verdugo.

 

*AGN Prensa / La Señal Medios

 

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