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martes , octubre 16 2018
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POLÉMICA / Juego De Tronos

Por GUSTAVO RAMÍREZ *

 

 La aparición mediática de Cristina Fernández alimenta fantasías de todo tipo. No obstante la especulación persiste y alienta a la confusión. Sin poder ahuyentar los fantasmas del pasado la estrategia parece ser instalar una agenda propia que descomprima las tensiones latentes en el Movimiento Nacional. Un juego que distorsiona y desangela la conformación de estructuras internas que permitan ampliar las fronteras del andamiaje político. A esta altura ciertos argumentos suenan más a pretexto que iniciativa estratégica para contrarrestar el peso específico del enemigo. El eco sordo de la persistente batalla contra Clarín promueve un balance estereotipado en la conformidad histórica. La lucidez intelectual de la ex Presidenta le hace zancadillas. Observar que se perdió por el efecto de los títulos mediáticos, en el 2015, limpia las manos de aquellos que tuvieron responsabilidad histórica en la derrota electoral.

Ahondar sobre las viejas turbulencias sólo habla de la salud de los enfermos. Como si de alguna manera no existieran responsabilidades políticas propias para afrontar ese pasado de derrota y éste presente incierto. El llamado a la unidad mientras se negocian espacios en la listas con el dedo en alto resulta una representación de voluntad más que la planificación consciente de un juego táctico. En su última aparición propia Cristina Fernández volvió a ejercer el rol de analista política. Vertió datos y trazó comparaciones de gestión. Un terreno que le siente bien. No obstante y ante el clamor de una gran porción de admiradores – ¿más que militantes? – aun no resuelve la asunción de su liderazgo más allá de su espacio político. Faltaron, en ese sentido, respuestas de conducción. El desarrollo del diagnóstico es coincidente con el de la mayoría del Campo Nacional. Cristina no dijo nada distintos a lo que expresa un sector mayoritario del Movimiento Obrero o de los Movimientos Sociales.

Claro que el peso de su palabra adquiere un renovado valor, pero que no abandona el plano de lo simbólico. Por momentos, su eterno monologo, eludió ahondar en la disputa interna. ¿Tiene sentido, una vez más, jugar el juego de la evasión interminable? Un líder ¿no es también un conductor? Cristina no quiso personalizar las candidaturas. ¿De verdad no importante los nombres, las personas? ¿Otra vez el candidato es el proyecto? La ex Presidenta llamó a la unidad. Algo que tanto Randazzo como Scioli, por ejemplo, hacen desde hace tiempo. Ahora bien ¿Qué y a quién incluye esa unidad? ¿Cuál va a ser el rol de La Cámpora en esa estructura de unificación? ¿Se va a articular esa construcción con el conjunto del Movimiento Obrero? Lejos del fuego sagrado que de la imagen de heroína inmaculada Cristina vuelve a dar vueltas en círculo sobre sí misma. Como un absoluto inquebrantable.

Y allí repite las oraciones atildadas para los pulcros optimistas de la universidad. Elude la distinción del pueblo trabajador como articulador de la base peronista y salta la propia frontera del peronismo. El elogio desmesurado a su capacidad analítica lleva al rebaño a discusiones estériles. Más cuando el periodismo se distingue por la comodidad que otorga pertenecer a un club de fans. La impresión inmediata es que la unidad no está sellada ni mucho es firme. La ausencia de conducción remite más a discursos voluntaristas que a resultados concretos. No está tan lejos el 2015. Su derrota y sus fantasmas. Algunas fuentes dan cuenta que el kirchnerismo duro reclama un espacio preponderante en el armado de listas. Muchos dirigentes entienden que eso no es negociar y si imponer. Por otro lado hay distintos actores que tiene vuelen propio, como Randazzo y aun el propio Scioli. No todos están dispuestos a volver a ceder para perder. Es política. No resulta muy fácil hacer equilibrio sobre un campo inundado. Sobre todo cuando la mano que mece la cuna fue quien abrió las compuertas de la represa que contenía al agua. Es un juego por cierto. Un juego de tronos como lo entienden algunos.

 

* AGN / La Señal Medios.

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