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martes , agosto 21 2018
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REFLEXIONES OTOÑALES / Sobre la conciencia de un sector

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

El otoño arrancó, pero todavía no ejerce. Cuando el sol se retire un poco, se empezará a cubrir el paisaje ciudadano del ocre característico. Espero la brisa que revuelve las hojas, mientras intento captar el murmullo social; hay una inquietud, un interrogante con bronca en su interior. Todos saben que nadie cederá.

No es un gobierno en disputa, claro que no. Timón fijo y a seguir con el ajuste. Tras muchos años, con todas las diferencias que se quiera, el pueblo argentino tampoco admitirá sin más ni más perder derechos y poder adquisitivo. Acá el asunto está en la dirección política que surja de las manifestaciones sociales y sindicales.

Leo a Axel Kicillof: una candidatura de Cristina Fernández de Kirchner sería “muy funcional” al Gobierno. La elección de medio término, consideró, debe ser para “plebiscitar” la gestión del presidente Mauricio Macri y no la de la líder del Frente para la Victoria. Qué lío para algunos, porque no pueden señalar que el ex ministro es un “traidor”.

De la interioridad del planteo se comprende que CFK está reflexionando sobre su rol a jugar en el futuro inmediato. Eso está muy bien. A decir verdad, sin ella y la enorme fuerza que representa, sin los sindicatos, sin los municipios, sin las organizaciones sociales, será difícil elaborar el impacto sustantivo que el macrismo merece. Preparo el mate y ordeno el escritorio.

Y pienso, contra todos, que la meneada compra de armas por parte del gobierno antinacional es un intento de recomponer el vínculo con unas Fuerzas Armadas que corcovean por el recorte presupuestario estatal. En sí, la adquisición de fierros por parte de una gestión no amerita críticas ni halagos; es una decisión lógica para el pertrecho de un país.

Resulta vano sacar cuentas sobre qué se podría comprar con ese dinero: una nación precisa armas. Lo interesante es el momento y el enlace. Porque el anuncio se encabalga con lo que el gobierno estima otra concesión a los militares para aplacar el malestar: la reducción de la cifra de desaparecidos y la justificación de la represión durante la dictadura.

Entre ambos aspectos el macrismo está intentando acortar una distancia. La misma se abrió en silencio durante el último año. Las Fuerzas Armadas transitaron el período previo sin demasiadas dificultades bajo la condición de admitir los juicios a tantos miembros de la generación previa. A cambio, un pasar sereno, un estado salarial adecuado. En este tramo, el poder adquisitivo del oficial promedio cayó rápidamente.

Los dos mensajes se agrupan y buscan ofrecer un marco de armonía. Son determinaciones políticas que deben ser leídas como tales: ni reverdecer de soberanía alguna ni gasto innecesario para un país de paz. Pero hay algo más. Como hemos señalado, este gobierno no está inserto en un mundo creciente; es la cola de un esquema rentístico que se derrumba.

Pero todo su esquema necesita de una referencia externa; no es extraño entonces que Mauricio Macri y su gente intenten posicionar a la Argentina desindustrializada como subgendarme regional de unos Estados Unidos con aspiraciones productivas que echan mano a su patio para absorber beneficios y disponer políticas.

Podríamos plantearlo así, reubicando el mangrullo: el problema interno sigue siendo el nivel de conciencia del empresariado. ¿De cuál? De todo el empresariado. Del pequeño y del mediano, arrastrados por la propaganda, y sobre todo del grande ligado al mercado interno, pero locamente preocupado por el poder sindical y los beneficios sociales.

Si alguien duda y considera que una persona entiende todo sólo por poseer una buena cuenta bancaria, que repase los indicadores de producción y venta de las empresas líderes en el semestre reciente y las compare con las posturas políticas de sus máximos representantes. La distorsión es ostensible y marca la dificultad histórica de esta nación.

El movimiento obrero y una parte de las capas medias no sindicalizadas, van comprendiendo el panorama y se alinean según sus intereses. Eso lleva a que los sondeos que muestran un vasto rechazo a la política económica resulten creíbles. El toque de atención surge cuando uno escucha, azorado, que importantes productores de elementos con valor agregado siguen esperando un trato especial sectorial y conversan sobre lo que se dijo anoche en la televisión.

De ese entorno social también emerge una presión sobre las Fuerzas Armadas. Capas medio altas y elevadas de la sociedad, insisten en “bueno pero así no se podía seguir, estos eran unos ladrones, y gastaban un montón en darle beneficios a los pobres que no quieren trabajar”. Palabras más palabras menos, diría el Salmón, eso es lo que ocurre en las zonas vip.

Hace tiempo lo indicamos, cuando nos narraron las puteadas a puertas cerradas en una de las cámaras industriales más poderosas del país. Por entonces dijimos ¿qué clase de empresarios son esos que putean a puertas cerradas? Un tipo que lidera la producción local se planta ante el ministro de Economía y le dice “así no va”. Pero eso, no está pasando.

En tanto, el país se hunde, las reservas son superadas por la deuda, y la emisión intenta paliar algo del desastre. El poder de compra de las grandes masas, el único factor de crecimiento real, disminuye día a día y la apertura antiindustrial persiste. La Argentina, que estaba destinada a convertirse junto al Unasur en un gran protagonista de la multilateralidad, adviene en un apetecible socio menor, de esos que operan como cadete.

La movilización sindical y social, con derivaciones de unidad política nacional popular, puede quebrar este esquema. El pueblo argentino movilizado tiene una potencia muy singular que sabe hacer valer en momentos decisivos. Este actor será el protagonista decisivo en los tiempos venideros. Sería irresponsable pretender señalar el cómo y el cuándo. Pero así será.

Gabriel Fernández / La Señal Medios.

 

 

 

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