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domingo , julio 21 2019
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HOLLYWOOD / La ciudad de las redes

Por GUSTAVO RAMÍREZ *

I

Todo puede ser culpa de la ficción. Pero siempre existe la duda. A Hollywood no lo ayuda la historia. Mucho menos las relaciones que sus empresarios mantienen con distintos estamentos del poder. Tal vez ese apogeo tocó su punto más alto, y más sensible también, durante el período 1939-1949.

En Hollywood nadie es inocente. Para 1941 Warner Brothers compraba los derechos de la pieza original de Casa Blanca. Desembolsaron 20.000 dólares. El 7 de diciembre los japoneses atacaban, supuestamente, Pearl Harbor. Para entonces, John Edgar Hoover, director del FBI tenía sus propios planes de guerra.

Después del ataque “112.000 japoneses y estadounidenses de origen japonés” fueron sometidos en campos de concentración en Estados Unidos. Muchos de esos terrenos fueron cedidos por las empresas cinematográficas de Hollywood. “Casa Blanca” se convirtió en una película de propaganda a favor de los aliados.

Luego de Pearl Harbor, Hollywood estrechó lazos con el gobierno de Roosevelt y se comprometió a colaborar fuertemente con la “causa de la Guerra”. No sería la primavera vez, ni la última. La meca de la industria del cine no podría haber subsistido sin sólidas alianzas con los sectores políticos. De hecho uno de sus hombres mimados llegó a presidente.

II

La pareja conformada por  Warren Beatty y Faye Dunaway se convirtió en la más notable de los últimos tiempos, en la última entrega de los Oscar. Anunciaron un triunfo que no fue.

Hollywood tiende  sobreactuar sus posturas políticas. Mahershala Alí ganó en la categoría Mejor Actor de Reparto por su actuación en el film  Moonlight. Alí es negro. Y en el contexto político que atraviesa Estados Unidos no es un dato menor.

Entonces, ¿puede haber un error en la premiación a mejor película, cómo nos quieren hacer creer? Moonlight, con un argumento trágico que involucra a la comunidad  afroamericana ¿podía no ganar en la categoría Mejor Película?

La noche se plagó de mensajes contra Trump. Hollywood cuenta con su propia hipocresía, más allá de las genuinas valoraciones estéticas. La La Land, con catorce nominaciones era la gran favorita de la noche. Pero la corporación artística también tiene que mantener su línea política e ideológica.

Lejos quedaron los tiempos donde la industria perseguía, junto al FBI y la CIA, a aquellos artistas tildados de comunistas o anti-sistema. Hollywood escribe sus propios guiones y si los tiempos cambiaron, entonces perfecto, la industria muta la piel como una serpiente venenosa.

III

No es un dato anecdótico. Más bien todo sonó a pura estrategia demagógica. El pobre comediante Jimmy Kimmel no se guardó chiste alguno contra Trump. Siguió el guión al pie de la letra. A las marionetas a veces se le ven los hilos. Así que ese momento llegó cuando hizo ingresar a la sala a un grupo de -¿extras?- personas comunes para que saludasen a sus ídolos. Lo extraño, o no, de ese grupo era la diversidad étnica que manifestaba.

Trump es demasiado “desagradable” para el progresismo multimillonario de Hollywood. Sobre todo porque ese progresismo ha comprado parte de la propaganda que contempla al “populismo” como un fascismo. Aunque Trump no sea un “populista”. Lo que se ha instalado desde las usinas del neoliberalismo, que ven peligrar la seguridad inexpugnable de sus negocios, es que Donald es un hombre peligros para todos. No porque sea racista, homofóbico o de derecha, sino porque quiere cambiar las reglas del mercado económico.

Hollywood se degrada en la corrección política e ideológica hasta el hartazgo. En la centralidad de su demagogia permite protestar contra la gestión del Empresario mientras sus figuras blanden sus suculentas tarjetas de crédito.

El inicio de la entrega de los premios con un  hombre negro en el escenario como Mahershala Alí y el cierre apoteótico con la eliminación de La La Land deja abierta todas las puertas de la sospecha. Sobre todo porque Hollywood, la Academia, acostumbran a dar premios de esta manera. Aun así en éste caso hay un claro mensaje político: Trump no eres bienvenido.

Después de todo, dentro de la demagogia estadounidense, tanto Hollywood como Moonlight encarnan la constancia del Sueño Americano. Es el mejor argumento: Jóvenes negros que salen del gueto para triunfar en el universo blanco, a pesar de todo. Vean chicos, un mundo donde todos seamos iguales es posible. Un mensaje de mierda. Sobre todo para una industria que despedaza a sus competidores y arruina a sus estrellas.

¿Estamos atrapados entre los tentáculos viscosos y malolientes de la Ciudad de las Redes, para no darnos cuenta de cómo tratan de manipular nuestra psicología? Hollywood no es inocente de lo que sucede en Estados Unidos. Es parte del juego y del mercado. Puede que Trump sea un demonio, pero después de la entrega de los Oscar, sin dudas habrá esbozado un sonrisa de triunfo y mal que le pese Kimmel, terminó de contar el mejor chiste.

 

* AGN / La Señal Medios

 

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