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lunes , agosto 19 2019
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ROLLING STONE / Apuntes para diseccionar el nuevo periodismo «crítico»

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

Así como Ambito Financiero a pesar de su nueva dirección general contiene una fuerza liberal intrínseca, amparada en jefaturas intermedias ancladas en la languidez discursiva que referencia en “los mercados” la sabiduría humana, Rolling Stone posee una interioridad rebelde que en ocasiones logra contrastar parcialmente con la empresa que la edita en nuestro país, el diario La Nación.

Podríamos decir que, como el lineamiento editorial comanda el destino de un producto periodístico pese a aplicaciones oblicuas, tras un período de tiempo Ambito termina diciendo algo parecido a la verdad, en tanto la Rolling acaba macaneando. Empero, los intersticios y las excepciones en el seno de las dos publicaciones resultan entretenidos; en algunos casos, útiles para reflexionar sobre aspectos no muy explorados del presente.

RS publicó, en su ya célebre número 225 el texto La era del miedo, realizado por un tal Neil Strauss. Recordamos de antemano que los periodistas stones de la Argentina suelen admirar colegas anglosajones y así acumular experiencia socioloide para terminar… escribiendo gacetillas en medios comerciales y anunciando a sus familias que trabajan en “un medio importante”. Pero eso es otro cantar.

Vamos a lo nuestro. Con buen criterio, Strauss utiliza investigaciones y testimonios para dar cuenta de la paranoia impuesta mediáticamente sobre la sociedad norteamericana. Narra experiencias familiares, desarrollo de opiniones absurdas, pánico por una inseguridad que no suele alcanzar al aterrado, reclamos al viento contra pobres y migrantes; en suma, ese cóctel explosivo que por nuestros pagos suelen difundir radios, canales, webs y diarios … ¡uy! ¡como La Nación!.

También incluye con razón y perspicacia los debates en derredor de las asignaciones de recursos públicos. Allí se visualiza a fondo la destrucción de la mente política norteamericana: un montón de zonzos repitiendo, con el libreto de los medios concentrados, que la sociedad no tiene porqué hacerse cargo de la seguridad social de los perdedores, que los que tienen trabajo formal no deberían pagar impuestos para mantener a negros y latinos, y que las empresas privadas que generan empleo no deberían tener cargas fiscales.

Sin embargo, como este señor Strauss necesita su conchabo para no terminar bailando valses en las calles, vira la realización y pega un salto críticamente inclusivo que le facilita aires de ecuanimidad: señala que ese efecto orientador de la opinión pública sucede también con los medios y periodistas que objetan los comportamientos del poder en los Estados Unidos. Entonces recae en aquello que las empresas que cuestiona al principio efectúan como práctica cotidiana.

Resulta que dentro de la locura impuesta por emisoras, canales, pantallas y papeles, involucra a quienes suponen que el estado norteamericano resultó responsable de la creación de las organizaciones terroristas “islámicas”, a quienes hablan de la participación del Departamento de Estado en los atentados, a los que piensan que quienes llevan adelante una acción segregacionista resultan émulos de los nazis, o a quienes desconfían de la policía porque infieren su tendencia a disparar contra la gente de color.

En suma, desde una publicación como Rolling Stone, se invita al público joven, que tiene una natural distancia con los medios conservadores, a descreer de los medios populares, pues “no se puede creer en nadie”. El lector promedio de la RS ya sabe que tipos como Baby Etchecopar o Eduardo Feinman o Luis Majul no resultan especialmente confiables. En realidad todo el asunto está enfocado a que ese lector deje de tomar en cuenta lo que le informan aquellos medios y profesionales comprometidos con sus intereses y con franjas humildes de la comunidad.

El texto no hace ningún efecto sobre –digamos- un lector promedio de La Nación, quien tiene muy claro lo que piensa de morochos en general, sindicalistas, piqueteros, peronistas y kirchneristas. Y no necesita a una publicación de gente adicta a sustancias extrañas (en su mentalidad) para pensar la realidad. Hace efecto sobre aquellos que, ante la necesidad de acercarse a materiales interesantes para desmontar la trampa informativa, exigen una sana crítica del proceder de quienes narran el presente.

La cultura norteamericana está atrapada. Atrapada, y sin salida. Hasta los cuestionadores que ahondan en los delitos comunicacionales del esquema de poder terminan aclarando, pidiendo disculpas, gimoteando, que no vaya a pensarse que son utilizados por los malvados que intentan destruir su modo de vida. Modo de vida que, a decir verdad, se asemeja mucho a una pesadilla. Frente al avance de los medios críticos que desmontan las mentiras, está llegando la táctica de fomentar el descreimiento en todo. La Rolling Stone es, seguramente, un lugar ideal para la difusión de esa filosofía.

También aquí, en la Argentina.

• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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