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lunes , agosto 20 2018
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ASUMIÓ TRUMP / El sinuoso camino de la multilateralidad

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Finalmente, asumió Donald Trump. Curioso: lo hizo en medio de la más imponente campaña de descrédito que se recuerde en la historia de los Estados Unidos. No estamos hablando de las opiniones cruzadas en el seno de la población: nos referimos a las coberturas de los medios de comunicación estadounidenses e internacionales en general, así como a los pronunciamientos de los representantes más conspicuos de la estructura de poder financiero planetario.

Recorremos las páginas y las pantallas, escuchamos los audios. Y nos sorprendemos. Jamás las luchas por los derechos civiles, barridas prolijamente bajo la alfombra por el periodismo de las empresas concentradas, tuvieron tanta visibilidad. Las personas sufren con antelación, lloran en público por lo que vendrá. Como si en los Estados Unidos vivir, todos estos años, hubiera sido maravilloso. Y no estamos anunciando un cambio positivo: eso se verá. Sólo indicamos que el registro concreto de la realidad del Norte está bien lejos de resultar atractivo.

Al igual que en otros casos, el diagnóstico define el perfil del análisis presente. La ausencia de información adecuada ha derivado en la continuidad de una imagen fija que no se corrobora a diario: la de un país modelo, donde los esfuerzos son premiados y el trabajo honrado tiene su valor. Hace rato que los Estados Unidos dejaron de ser eso. El voto a Bernie Sanders en primera instancia, y a Trump en la general, desde los dos espacios políticos admitidos, evidencia el rechazo popular a un esquema de oprobio.

¿Porqué? La combinación de macartismo y financierización ha doblegado a la nación que se irguió como locomotora mundial el siglo pasado. El primer punto, de fortísima incidencia político cultural, desarmó la vida política interior al punto de situar a cualquier crítico cual comunista, socialista, populista, terrorista o simplemente desequlibrado, aislado, conspirativo. El segundo, aplanó el potencial productivo y generó la hegemonía de los intereses bancarios sobre el Departamento de Estado priorizando la ganancia rápida y sin localización inversora por sobre todo otro proyecto económico.

REFLEXIONES. Frente a este panorama es preciso indicar. No nos preocupan los cuestionamientos a Donald Trump porque no pertenecemos a ninguna corriente interna de esa nación. Nos preocupa la compulsión para evitar el pensamiento y comprender el significado de una elección que puso en jaque la hegemonía del capital financiero a través del Departamento de Estado y su trama de poder interno y externo.

Designar al nuevo presidente norteamericano como “Un empresario xenófobo, misógino, mediático y bravucón” (título de Página 12 que, como bien nos indicara en el aire de Radio Gráfica Marcos Maldonado, tiene firmes coincidencias con la enunciación de Clarín) implica advertir al lector que no debe reflexionar al respecto; que si es un ser digno y democrático, tiene que rechazar a Trump sin pensar. Instintivamente. En lugar de ofrecer información que abra la perspectiva, se brinda un aserto que acorrala, y cierra.

El otro argumento es la “impopularidad” de Trump, es decir la imagen negativa que acarrea. Bueno: George W. Bush, William Clinton, George H. W. Bush y Barack Obama, asumieron con indicadores de popularidad que iban del 72 al 82 por ciento. Resultaron los más “confiables”, originalmente, para la opinión pública norteamericana. Como se verá, ese indicador no parece ser garantía de nada.

Quizás la extrapolación resulte compleja, pero así como se sugiere observar el posicionamiento de La Nación para adoptar una postura popular contraria, en el orden internacional nos animamos a postular un ejercicio equivalente con la CNN. El nivel de angustia, bronca, dramatismo, desplegado por esa emisora desde el mismo día del memorable comicio que quemó los papeles, merecería al menos el beneficio de la duda. Las especulaciones en pantalla, a pocas horas de la asunción, sobre qué ocurriría si el nuevo jefe de Estado resultara asesinado, configuran una sugerencia demasiado cruda, asentada en las peores tradiciones norteamericanas para la “resolución” de los conflictos.

ENTENDIMIENTO. Trump cautivó a una franja del pueblo norteamericano damnificado por el ajuste eterno a través de dos palabras: “protección industrial”. Todo lo demás es hojarasca. El señalado triunfo del macartismo en ese país y la hegemonía rentística, habían logrado evitar ese lenguaje “populista” por más de tres décadas. Hasta lanzaron rayos y centellas contra Roosvelt, demonizándolo retrospectivamente, por haber puesto de pie una potencia industrial.

Las previsiones de CNN y La Nacion sobre los derechos cívicos en los EEUU no merecen el menor respeto dado el lineamiento editorial de tales empresas. Es evidente que están empleando banderas visibles para roer otras, más preocupantes. Los interrogantes sobre si Trump podrá hacerlo o no, resultan indicativos del quiebre en el control centralizado: antes, no había dudas.

En tanto, la multilateralidad persiste. Con poderes recios y ostensibles de los cuales nos hemos distanciado inoportunamente. Para la Argentina el desafío es propio: gobierne quien gobierne en el Norte es preciso deshacerse de un gobierno antiindustrial y fomentar el desarrollo interno. Trump no será la solución pues gobernará otro país; en todo caso, puede no ser mejor ni peor para nosotros que los presidentes previos. Y mucha atención con un dato singular: semejante ha de resultar el reto para Mexico. Ya lo ha señalado López Obrador: “nuestro problema no son los inmigrantes. Es la generación de fuentes de trabajo para que nuestros jóvenes se queden en Mexico”.

Probablemente, dado que cada quien recurre a las herramientas disponibles, el pueblo del Norte haya intentado adentrarse en la multilateralidad a través de Trump. Un esquema puertas hacia dentro, en busca del autodesarrollo y limitando las intervenciones externas a las posibilidades reales que ofrece el propio potencial. Es quizás la admisión de aquella notable frase de Vladimir Putin en una entrevista en RT: Los Estados Unidos deberán comprender, internalizar, que ya no son El Imperio; están pasando a ser una gran nación. La diferencia entre el poder omnímodo y total, a la necesidad de diálogo con otros espacios potentes y crecientes.

El Papa Francisco, en tanto, observa con atención y recuerda la imporancia de considerar a los humildes. Sus pronunciamientos previos sobre la importania de apuntalar economías productivas e inclusivas resultan el marco adecuado a la misiva enviada al nuevo mandatario.

Como se verá, lector, pensar no es imposible. Aléjese de las etiquetas sencillas que hostigan la comprensión.

Ah. La foto, no es inocente. Y está lejos de ser una crítica. Por más motivos de los que se observan a simple vista.

 

  • Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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