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lunes , junio 17 2019
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ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES / Mirar hacia dentro

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

 

Basta de tonteras. Estamos en contra de la represión. Este es un gobierno al cual el ajuste y el cercenamiento de derechos no le cierra sin palos, balas y gases. Mientras informamos como pocos sobre lo que sucede en los distintos ámbitos perseguidos por el macrismo, reflexionamos a fondo porque se trata de nuestro futuro como pueblo. El miedo a quedar pegados con argumentos represivos impide pensar. Y si no se piensa, las acciones resultan bamboleantes, zigzaguentes y pueden derivar en pasos autodestructivos.

La muestra de respeto más elevada es la polémica franca. Cuando alguien dice “con este sector mejor no polemizar”, lo devalúa, lo deja atrás, lo menoscaba. Si hay contingentes de personas que salen a las calles a hacer política, deben saber que sus acciones están sujetas a debate. Frases tales como “no se puede cuestionar a las mujeres porque están sojuzgadas” implica que las acciones de las mismas no tienen trascendencia, no involucran luchas de poder ni contribuyen a los intereses del conjunto del pueblo. Como pensamos que el movimiento de mujeres en la Argentina es realmente importante, nos permitimos conversar.

DIAGNÓSTICO. En principio, una aclaración central sobre la situación de la mujer en nuestro país. Entre el servilismo de zonas muy empobrecidas y la comodidad otorgada hasta hace pocos años por el estado de bienestar europeo, el Sur del continente es una zona de equilibrio relativo entre hombres y mujeres. Esta aseveración cae mal ante la hegemonía del lugar común del sojuzgamiento y el machismo; pero, aunque estos existan, la mujer de nuestras tierras hace mucho que trabaja, opina y define; y hace valer sus derechos.

En la cúspide, tres mujeres orientaron en distintas instancias y con diferentes orientaciones, al movimiento nacional. Condujeron millones de personas. Empero, se sigue acusando de machista al peronismo. En la base social, promedio, las mujeres orientan las casas, las familias, y definen rumbos y educación. Por lo común en consenso con los varones. Varios especialistas despojados de modas, han indicado que en las zonas populares del interior, bien puede hablarse de matriarcado.

Esto no quiere decir que no haya violencia y crimen contra las mujeres y que no resulte justo reclamar en su contra. ¿Por qué habríamos de sostener o restar importancia a delitos manifiestos? Significa que por estas tierras la situación está mucho más equilibrada que en otras naciones. Al no evaluar la diferencia existente entre una cosa y la otra, el debate queda trunco. Si los avances alcanzados desde el emerger de Eva Perón a la vida política nacional hasta el presente no existieron, quiere decir que todas estas décadas de lucha fueron en vano y el mensaje termina siendo desmovilizador.

ACCIÓN. Es más. Hay una sintonía entre quienes sostienen que la mujer es sólo objeto de la opresión del varón, en cualquier tiempo y lugar, y quienes afirman que todos los gobiernos son “burgueses”; las enfáticas manifestantes de Rosario –no todas, sólo ese grupo que acaparó las cámaras, ocultando el gran debate del Encuentro Nacional de Mujeres– tienden a presuponer ambas cosas; y lo señalan a viva voz. Pertenecen a sectores que poco de bueno han tenido para afirmar sobre los recientes gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, pero que además han sido históricos críticos de Fidel Castro en primera instancia y de Hugo Chávez con posterioridad.

Resulta ostensible que una vez que se han ido licuando las diferencias entre los movimientos cristianos, los nacional populares y la izquierda, aparezcan focalizando la contradicción sobre una Iglesia. Lo único que obtuvieron es la recriminación de los espacios oligárquicos conservadores de la jerarquía eclesial sobre aquellos que, asentados en la prédica del Papa Francisco, conjugaron zonas de distinta identidad en banderas social populares comunes. Y también, bueno es señalarlo, en reivindicaciones femeninas de larga data. Ahora que existe un hilván entre todos esos lugares culturales y políticos para avanzar, proponen el quiebre, fuerzan la diferencia interna.

La mujer trabajadora, en su casa, su barrio, su lugar de empleo, observa esas escenas y se siente naturalmente distanciada. Esa mujer, que ha sufrido numerosas injusticias a lo largo de su vida, viene percibiendo con simpatía creciente el movimiento que reivindica sus derechos, mejora su vida laboral, enlaza con organizaciones sindicales y sociales. Ahora, se retrae. La viene peleando con su gente y le preocupa sinceramente que la identifiquen con esas pibas saltando desnudas. Sobre todo después del batifondo realizado por todo el movimiento de mujeres sobre la cosificación televisiva, donde se condena la exhibición de los cuerpos femeninos.

Esa mujer ha dado batalla para reorientar la mirada masculina y lo ha ido logrando parcialmente. Sabe que nada se consigue de un día para el otro, pero sabe también que hoy puede plantear una denuncia, cuestionar un apremio en el lugar de trabajo. Sabe que el Encuentro de Mujeres, con su presencia o sin ella, la beneficia de algún modo. Comprende que allí se discuten sus problemas, se analizan las soluciones. La natural toma de distancia a que se la obliga con manifestaciones como las observadas en Rosario, debería ser duramente evaluada por las referentes de un agrupamiento que pretende ser contenedor y creciente.

El tema es que no resulta beneficioso protestar sin tener un diagnóstico claro de la situación. Se está idealizando a la inversa un panorama negativo y se está forzando la caracterización de un rol devaluado de la mujer que no se corrobora en la realidad cotidiana. Pero además, que no es viable seguir adelante cerrando filas como si todas fueran parte de un mismo espacio. Carece de sentido político “avanzar” negando la necesaria reflexión sobre las acciones llevadas a cabo. El Encuentro Nacional de Mujeres, es preciso indicarlo, posee en su interior fuerzas que lo están haciendo implosionar. Hace años ya que esta gran construcción política popular no logra difundir adecuadamente sus exigencias y sus conclusiones, porque adelante se sitúan unas pibas sacadas y muy orientadas, decididas a quedarse con las fotos y los comentarios.

Nos avergüenza la corrección política de quienes se callan y dejan correr porque no es de buen progresista cuestionar estos movimientos. Eso no es respeto por las compañeras. Eso es demagogia. Y, lo hemos indicado: los populistas no somos demagogos. Ese sayo es justo cargarlo a los liberales de distinto cuño.

*Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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