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lunes , agosto 20 2018
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HEGEL / Apuntes sobre el nuevo libro de Rubén Dri

Por SILVIA ZIBLAT *

Nada está dado. Y si está puesto, es porque está presupuesto. Así es la obra de Rubén Dri. No surge de la nada, sino del ser y de su dialéctica. Del escarpado camino del ser a la esencia y de la esencia al concepto. Dicho de otro modo: de la conflictiva y farragosa historia de los pueblos, en cuyo proceso, él, Rubén Dri, se encuentra siempre comprometido. Su compromiso consiste en la construcción del poder desde abajo. No se trata, para él, de tomar el poder, sino de labrarlo.

El nuevo libro, “Hegel, doctrina de la esencia”, subtitulado como “Las contradicciones en el camino de la creación del sujeto y del Estado”, tiene hoy su celebración de nacimiento.

Bautismos, circuncisiones o cualquier otro rito de vida nueva, ejercen la función de hacer pasar de la sustancia al sujeto, de realizar una humanización profunda, para superar la mera naturaleza. Naturaleza que, por otra parte, no existe si no se halla iluminada por el hombre, comprendida por él,y, a veces, también, destruida por él.

El rito de la aparición de un libro podría consistir solamente en un acto de ilustración elegante. Sin embargo, bien mirado, es como trabajar en la dialéctica de sustancia a sujeto. En la imprenta, el libro es la cosa y sus propiedades. En nuestras manos y bajo nuestros ojos, deviene sujeto y apunta a la intersubjetividad. Ni aún la cosa es simple coseidad, sino, también ella, resultado.

El aporte de Rubén Dri, la explicitación del ser a la esencia “requiere paciencia”, como lo dice Ernst Bloch, citado por Rubén Dri en uno de sus epígrafes. Yo diría, “mucha”, o “infinita” paciencia, sin que ello signifique la disuasión de la lectura. Al contrario. paciencia no sólo del paciente o recipiente, sino paciencia que activa su aprendizaje, que se deja guiar y que discute con su guía. Humana paciencia, no “santa” paciencia. Se necesita de aquella que comprenda que para entender algo, necesita de la comprensión del todo.

El esfuerzo de Hegel por encontrar la razón de la realidad, es arduo. Dri resulta ser un guía minucioso, detallista, un pedagogo, un verdadero conductor del aprendizaje; nunca un banal facilitador, porque se ubica no sólo como exégeta, sino como hermeneuta, como intérprete del texto y de nuestra propia y acuciante realidad.

La cuestión es compleja, y para intentar abarcarla hay que zambullirse en ella, en ese delirio báquico en el que los protagonistas son lo que son y lo que no son; devienen otros que sí mismos, para luego superarse , conservándose y transformándose.

Nada es directo, numerable, inventariable. Nada en la historia es clasificable o pasible de ser ordenado en la sobria cajonera burguesa a la que alude Gaston Bachelard. (1) El filósofo fancés nos refiere un tramo de una novela en la que un célebre erudito, amante de su exquisito mueble clasificador, en el que pretendía encerrar todo el conocimiento que dominaba, llegaba a considerar que el mueble era el mismísimo pensar. Más sensata, su mucama, lo consideró apto para guardar provisiones: lentejas en un cajón, guisantes en otra, azúcar en el siguiente, y así lo demás.

De la cómoda o cajonera burguesa al delirio báquico, razón de la historia, no por lo informe, pagano o presuntamente salvaje, sino por la transformación inherente a la realidad, por el reconocimiento de lo procesual, por la refutación de categorías estáticas supuestamente aplicables a la realidad.

 

La realidad no es el sujeto frente al objeto exterior a él. Podría concederse que esta figura es sólo un momento del desarrollo. Dri explica de diferentes maneras y en cada ocasión, que el sujeto es sujeto-objeto: lo subjetual, y el objeto es objeto-sujeto, lo objetual, figuras en las cuales están contenidos uno y otro en disposición de ser superados, sin lo cual no hay despliegue de la razón, realización plena del sujeto, pueblo ni proyecto.

La verdad estará en el todo del proceso, ni en los hechos ni en las partes. La verdad del ser es la esencia, momento del tránsito, escindida y particularizada, reflexión que se determina, momento de ponerse y autofundarse. Esta dificultad es la misma que la de la constitución de un campo popular: un complejo devenir de reconocimientos y autorreconocimientos – a veces, también, lamentables desconocimientos-, escisiones y superaciones, y una óptica de totalidad que trascienda los hechos. Los hechos no son poco importantes, siempre que se los considere momentos de un desarrollo; trascender los hechos significa no sobrevolarlos, sino comprenderlos como resultados de procesos. El Entendimiento, cuya función es clasificar, dividir, calificar, predicar, elaborar enunciados, no alcanza para la orfebrería de la historia.. La Razón debe desplegarse con el esfuerzo crítico en las relaciones sociales, únicas constitutivas del sujeto, en el sentido de lo subjetual, no de lo individual. Fácil decirlo, difícil hacerlo, dice Dri al coronar su texto.(2) Tampoco aquí le falta razón.

 

Sin Baruj de Spinoza, sin immanuel Kant, sin otros, no habría Hegel. Hegel repara en la metafísica de la sustancia de Spinoza y la pone en movimiento. Hegel recupera la ética de Kant como moral, y considera su superación en la eticidad: la vida del ciudadano en el Estado moderno.

Kant realizó un enorme esfuerzo teórico al deducir las categorías de comprensión del universo. Jerarquizó aquéllas que constituyen una serie: las categorías de relación, esas nociones necesarias de  sustancia y sus accidentes, de causa y efecto y de acción recíproca. Y su garante es una conciencia de sí. Hegel retoma esta categorías y conceptos  e introduce en  ellos vínculos y transformaciones. Rubén Dri se encarga de explicarlo. La paciencia a la que alude Ernst Bloch no es superflua: implica que un planteo se comprende cuando se lo enfrente y opone a aquél que lo discute.

En el nuevo libro no sólo contamos con la exégesis y la interpretación de los textos de Hegel, sino con una sugerencia sobre cómo andar y pensar en nuestro mundo. Más que una sugerencia, una exhortación. Hay en él la tarea de construcción teórica y práctica de  una subjetualidad propia, argentina y latinoamericana.

También se refiere Dri críticamente a las filosofías que fijan la debilitación del sujeto, al pensamiento fragmentario y coyuntural. Interesantes y atendibles todas ellas, carecen de una visión de totalidad. Theodor Adorno, gran hegeliano que produce su “Dialéctica negativa”, cerrando el devenir de una razón ya perdida después de Auschwitz; el pensamiento débil de la escuela italiana; alguna alusión a Heidegger. Celebro que Dri destaque,- diferenciándolo de los cortejos mortuorios del sujeto- , la figura de Emmanuel Levinas, aún cuando no le ahorre críticas. Se abriría allí una veta de discusión interesante que no estaría de más en nuestro contexto. Levinas retorna a una ética personal, prefilosófica, y alude al profeta que critica duramente al rey, generando escándalo, como Jesús de Nazareth. Hegel nos dice que la eticidad  consiste en ejercer como ciudadan, que lo subjetivo se realiza en la objetividad de la totalidad. ¿Dónde estamos hoy? Totalidad estallada en democracias que judicializan la política, como recurso contra los pueblos; totalidad quebrada que ni siquiera alberga la igualdad ante la ley del Estado burgués, proclamado por Kant y por el mismo Hegel. Totalidad no total, comprometida con los monopolios e intereses de los poderosos. Se podría constatar un fraude a la obra de totalización.

La concepción filosófica de Dri recupera al sujeto, a la Razón, al pueblo, al estado; no los del Siglo XIX europeo, sino los nuestros, porque la dialéctica nunca será un método para abordar desde fuera a la realidad, sino que la dialecticidad es inherente a la historia. Las vueltas en falso y las vueltas prometedoras constituyen la historia.

Hegel, como todo filósofo, ha pensado y escrito para su tiempo. Hegel, como todo filósofo de fuste, también dice algo para hoy, aunque no se trate de profecías. No hay hechos, sino momentos y procesos, que son los que duelen. Los hechos son artículos de vidriera; los procesos son vividos, sufridos, regocijados, compartidos. Lo de la vidriera se compra y se vende; la historia se vive. Ella es despliegue y crecimiento conflictivo. No podemos no elegirla, no hay otro camino. Y, además, Rubén Dri nos ayuda.

* Profesora de filosofía / Ciencias Sociales / UBA

(1)Cfr. Gastón Bachelard, La poética del espacio, México, FCE, 1986, pp. 108 y ss.

(2)Cfr. Rubén Dri, Hegel, la doctrina de la esencia. Las contradicciones en el camino de la creación del sujeto y el Estado, Buenos Aires, Biblos, 2016,pp.184-189.

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