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domingo , julio 21 2019
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MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO / La lucha económica deriva en acción social y política

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

El movimiento obrero argentino no ha defeccionado. Aunque resulta claro que una vertiente se diferencia de la otra, el accionar conjunto, cuando aún no se cumple un año del mandato que la sociedad le ha brindado al PRO Cambiemos, denota lucidez para ver el presente, capacidad movilizadora y progresividad en las protestas. También, profundidad para emitir un mensaje sólido hacia el campo nacional y popular en el orden político.

A diferencia de lo ocurrido en otros lugares del continente, y también en comparación con tramos de la propia historia, la reacción al ajuste liberal conservador fue rápida y contundente. A diario, desde el mes de enero, miles y miles de trabajadores rechazaron en las calles las acciones oligárquicas del macrismo. El movimiento tuvo algunos momentos singulares, donde las movidas se coaligaron y brindaron concentraciones masivas de indudable contenido.

Lo que no se puede ignorar a la hora de realizar un análisis post Marcha Federal y pre paro nacional CGT – CTA, es que por razones variadas, una zona importante del pueblo argentino sufragó, en los últimos comicios, por una opción desligada de las tradicionales nacional populares en cualquiera de sus variantes. Eso tiene un peso, y el país entero lo está pagando. Por tanto, la dimensión de la protesta no puede evaluarse únicamente como si dependiera de la voluntad particular de un dirigente sindical.

El movimiento obrero argentino es una entidad en serio. Es el más complejo, consciente y organizado del planeta. Se encuentra configurado por una amplia base social de trabajadores, por delegados de planta, cuerpos de delegados, sindicatos por actividad, federaciones, confederaciones, centrales regionales, reunión confederal nacional, congreso nacional, Consejo Directivo. Para colmo, las divisiones políticas generaron estructuras semejantes pero desvinculadas. Este último punto está en vías de resolución, debido a la comprensión y madurez demostrada tras la asunción de Mauricio Macri a la presidencia.

Esto es así, y brinda una combinación de vigor, potencia y lentitud cuya ecuación no siempre liga con las necesidades inmediatas. En ocasiones, el andamiaje es criticado por grupos reducidos de militantes relativamente inorgánicos, que consideran la declaración de un paro nacional como una iniciativa singular de un referente que se despierta enojado con el gobierno y resuelve darle una lección. Felizmente, eso no es posible; decimos felizmente porque a la hora de pegar, tomando en cuenta el histórico precepto de la economía de fuerzas, es valioso hacerlo con precisión y energía concentrados.

Ahora bien, los intereses de base vinculados a la producción industrial –lo cual involucra la soberanía económica- y la justicia social –el día a día de la familia obrera- también existen y tensionan la lentitud orgánica del sindicalismo. Por eso dentro de las estructuras se originan vertientes que encarnan más genuinamente que otras esa perspectiva y dan cuenta de una representación fuerte que opera como elemento de presión sobre las dirigencias nacionales en general. Así se han desarrollado con tremenda intensidad dos espacios preexistentes a la llegada del gorilismo al Estado: la Corriente Federal de Trabajadores (CGT) –otrora Corriente Político Sindical Federal- y la CTA de los Trabajadores.

Esos dos nucleamientos le han puesto ritmo a la toma de decisiones en el conjunto del sindicalismo. La convicción de sus dirigentes enlaza hoy con el interés de base y el anhelo surgido de la necesidad de una región muy vasta del pueblo trabajador. Conforman una interesante coalición fáctica de los gremios industriales y de las asociaciones estatales. De allí que el impulso hacia el paro general haya sido potente e imposible de frenar por parte de aquellas fajas que siguen confiando en las posibilidades de rectificación oficiales y sostienen vínculos que abren expectativas en el funcionariado antinacional.

En este marco, con una economía en una baja asentada en la desindustrialización y la desnacionalización, el gobierno liberal conservador busca incidir sobre la estructura del movimiento obrero para atenuar las protestas y limar la intensidad de las medidas de acción directa, mientras elabora programas represivos por si esos diseños no resultan suficientes. El éxito de estas gestiones, por estos meses, se limita a un punto reducido pero clave de la vida sindical: los gremios del transporte. Allí radica el eje de la esperanza macrista para desarmar la demanda nacional y popular en particular y en general.

Aunque el grueso del movimiento obrero argentino rechaza el plan oligárquico, el nexo establecido por el gobierno con las conducciones de los choferes del autotransporte y algunos gremios ferroviarios, dificulta la decisión mayoritaria de poner en marcha contundentes medidas de fuerza. La razón es evidente: aunque esos dos espacios no encarnan ni de lejos el sentimiento general de los trabajadores, su lugar en la cadena de transporte de mano de obra y carga a lo largo y a lo ancho del país complica la concreción de una huelga general que impacte notoriamente sobre la vida política y económica nacional.

La incorporación a la movilización de las organizaciones sociales constituye un acierto por partida doble. En principio, porque se trata de trabajadores; que su vínculo laboral no se cuadre en el blanqueo necesario no implica que hayan dejado de pertenecer a la clase social común. Luego, porque esas experiencias tienen un anclaje territorial hondo y abarcativo. Y también porque a través de los cortes en los accesos a las grandes ciudades logran relevar parcialmente la ausencia en el fragor de los litigios de las entidades del autotransporte. Podrán circular los colectivos, pero por acá no van a pasar.

En cualquier caso, la decisión está tomada. Las organizaciones que confluyeron en la CGT y las dos vertientes de la CTA, con todos los desajustes y debates que se puedan marcar, marchan de modo pleno hacia un paro. Esta acción enlazará las luchas previas y las venideras a través de un plan de hecho que va mucho más allá, nuevamente, de la voluntad de tal o cual. En medio de esas batallas, van creciendo mensajes a futuro desde el mismo seno del movimiento obrero que preludian debates políticos profundos en el seno del campo nacional y popular.

Si por un lado cabe refrendar la trascendencia de la unidad popular contra el neoliberalismo, por otro cabe considerar los programas emergentes, entre los que se destaca el elaborado por la CFT. Allí hay pistas claras para una futura acción de gobierno. Esto está circulando en las zonas intermedias del sindicalismo –delegados, cuerpos de delegados, direcciones sindicales y regionales- y tiene expansión hacia la militancia política y social en general. Aunque hoy pueda parecer demasiado “estratégico”, es preciso puntualizar que se trata, precisamente, de un debate estratégico.

La lejanía aparente de la discusión se trastrueca en vigor presente cuando se visualiza la colisión social en desarrollo: el gobierno antinacional no puede volver atrás en los ejes de su programa porque allí está su razón de ser sociopolítica y económica, en tanto el movimiento obrero no puede dejar de rechazar ese plan porque allí radica su subsistencia. La República Argentina se encuentra al borde de un choque fenomenal de intereses contrastantes que motorizan la acción de cada sector pero no dependen sólo de la voluntad de los actores.

Hay, todavía, espacios que operan como colchón por falta de conciencia y por la defección –ahí si- de sus representaciones gremiales: los comerciantes, básicamente, los profesionales, los estudiantes. Esas regiones son influidas de modo distinto pero insistente por los grandes medios de comunicación. Sólo la voz del movimiento obrero en las calles puede licuar esa influencia y convocarlos a la pelea. En esa región social falta todavía la identificación del propio interés. Hay personas que no entienden de donde surge el dinero con el cual mantienen a sus familias.

El movimiento obrero, con sus más y sus menos, con sus vertientes más claras y su andar cansino, sabe que mientras mejor, mejor. En tanto más gane un trabajador, más capital circulará en el mercado interno, promoviendo el comercio y la industria. Es decir, mayor resultará el crecimiento nacional. Por eso combate el modelo que implica desaceleración y enfriamiento, con su derivación de desempleo y pobreza. Sin prisa aunque sin pausa, las cartas están siendo esparcidas en la mesa, en el escenario de la contienda. Tiempos realmente interesantes, se avecinan.

· Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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