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miércoles , junio 26 2019
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EL REGRESO DEL LIBRECAMBIO / La lucha por la independencia del imperio inglés.

Por EMILIANO VIDAL*

Desde su llegada al gobierno nacional, Mauricio Macri no cesa en generar medidas que atentan contra la industria y la economía nacional. El extremo regreso al libre cambio, la apertura absoluta a las importaciones y la posición a favor de la Alianza del Pacífico, están en la línea de un gobierno inclinado en favorecer a los intereses que no son los nacionales y que vuelven a depositar la discusión inicial de la historia del país: la de un pueblo que continúa su lucha por ser libre y soberano y por liberarse de la dominación inglesa en el camino de su protección económica y el cuidado de sus recursos naturales.

En la página 178 de su reciente libro rememorante de la gesta de la obtención de la que continua siendo la última Copa Mundial de fútbol en México 1986, Diego Armando Maradona sintetiza lo siguiente en el relato de sus dos goles inmemorables al equipo inglés: “Yo les hice dos goles a Inglaterra que les valieron a los chicos caídos en la guerra de Malvinas y a sus familiares. Les di un respiro, les di un consuelo, y eso no lo va a poder hacer nadie más. Nadie más porque no va a haber otra guerra, porque no puede volver otra. Aquello fue único. Y algo me queda bien claro: si yo fuera un argentino cualquiera, uno de Villa Fiorito, diría que me hubiese gustado hacerle un gol con la mano a los ingleses y un súper gol. Y juro que así pensaría”.

Las sentidas palabras del astro argentino resumen el mayoritario sentimiento popular hacia Inglaterra, el enemigo estratégico y del algún modo, gen de ese pueblo argentino, abandonado a su suerte por el enemigo táctico que era la entonces colonia española hace poco más de dos siglos.

La historia argentina estuvo impulsada desde el principio por dos fuerzas matrices de signo divergente. En términos exclusivamente económicos, la divergencia esbozada se traduce en la lucha entre proteccionismo y librecambio”, palabras del pensador Norberto Galasso que pregonan doscientos años lucha.

En el sinuoso camino de interpretar esta situación inicial, desde la publicación “Política británica en el Rio de la Plata” de Raúl Scalabrini Ortiz, no resultó una obra tan clara como “La Historia Oculta” del politólogo Marcelo Gullo, publicada en 2013, para comprender que el relato de la historia tras la batalla de Caseros en 1852 y sus hijos putativos, no es otra cosa que la realidad nacional del ex virreinato del Río de la Plata, subsumido en las Provincias Unidas del Sur, en su pelea por liberarse de la dominación británica y su heredero natural, los Estados Unidos de América del Norte.

La historiografía de un país no la escriben únicamente los que vencen sino que la ganan quienes se animan a narrarla. El abogado, periodista y pensador Juan Bautista Alberdi fue un adelantado al pergeñar que “entre el pasado y el presente hay una filiación tan estrecha que juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente. La falsa historia es el origen de la falsa política”.

A días de asumir el gobierno, el actual Presidente Mauricio Macri no dudó en derogar y dar por finalizada la tarea del Instituto del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego creado por su antecesora en el cargo cuatro años atrás. ¿Debe hacerse con el relato de la historia un engulle para unos pocos o se comparte su potencial esclarecedor con todos?

La historia oficial argentina es una obra de imaginación en que los hechos han sido conscientes y deliberadamente deformados, falseados y concatenados”, sostuvo el también autor de “El Hombre que está solo y espera”, Scalabrini Ortiz. Mauricio Macri es un impulsador nato de que la Argentina ingrese a la Alianza del Pacífico. La historia continúa en ese riel: proteccionismo o librecambio.

Allá y acá

Una vez creado el virreinato del Río de la Plata en un caluroso primero de agosto de 1776, se profundizó en su interior la lucha entre los intereses de las localidades ubicadas hacia las afuera del puerto bonaerense como Cuyo, Tucumán, Salta, Santiago del Estero, Misiones, propensas a las industrias contra una minoría contrabandista porteña y pro británica. Sin embargo, en ese escenario la repartija era para todos. Es decir, mientras la Buenos Aires de veinticuatro mil habitantes lo hacía en comercio y contrabando, el interior prosperaba tras la enorme producción manufacturera. Una mentalidad proclive a la ilegalidad, inclinada a la especulación con la vista puesta desde las aguas rioplatenses hacia Europa se adueñaba para quedarse en la ciudad central del Virreinato y futura ciudad capital de la Argentina. Pero España, tal manifestación del propio Manuel Belgrano, por ese entonces secretario del Consulado peninsular, no poseía el poder ni la capacidad naval de controlar y vigilar las aguas del Atlántico Sur que se atestaba de barcos piratas y traficantes de toda clase de mercaderías.

Los territorios que actualmente conformar parte de la República Argentina, la de Bolivia, de Paraguay, de Perú y de Uruguay, constituyentes del virreinato del Perú hasta 1776, conformaron un inmenso mercado interno del que cada sector regional se fue especializando en la manera de producir diferente mercancías con facilidades de transporte y ventajas comparativas. Los habitantes de ese conglomerado no fueron víctimas del monopolio español sino sus principales beneficiarios. Se reitera: en términos actuales, el esquema político y económico perteneciente a la corona realista tenía pleno empleo.

El arribo de los Borbones al trono de España generó una contramarcha en la dirección económica de las producciones regionales e inclinó la balanza a favor de los intereses porteños tras la sanción del “Reglamento de Libre Comercio” del año 1778, que no por casualidad fue puesto en marcha dos años después que las trece colonias inglesas de la América del Norte lograran su independencia de Inglaterra, a quien le era imprescindible la conquista de nuevos mercados, y quien ya era conocida como “la fábrica del mundo”.

El ingreso formal de la independencia nacional no tuvo lugar el 9 de julio de 1816, sino diez días después cuando el abogado Pedro Medrano, a pesar de ser diputado elegido por Buenos Aires para el Congreso de Tucumán, y quien fuera fue su primer presidente, propuso hacerle un agregado al acta de la Independencia, tras el compromiso de emanciparse “de los reyes de España, sus sucesores y metrópoli”, al sugerir añadir: “y de toda otra dominación extranjera”. Medrano no actúo solo: fue José de San Martín a instancias del proyecto de la monarquía inca de su principal aliado, el abogado devenido en General, Manuel Belgrano, quien, empeñado en la lucha contra el colonialismo, urgía a terminar definitivamente con el vínculo respecto de cualquier dependencia a la vez que pugnaba por imprimirle un carácter continental a la tarea revolucionaria e independentista.

Con el decadente imperio Borbón a la cabeza, casi sin darse cuenta, la Hispanoamérica sureña comenzó a contramano de los ex estados ingleses norteños a transformarse en una semi colonia británica. Así, como el actual presidente Obama visitara a la Argentina recientemente, Inglaterra no dudó en asistir a los patriotas americanos tras la revolución de Mayo de 1810 con la intención de liberarse del enemigo táctico español, al tiempo que el imperio británico se erigía en el enemigo estratégico en todas las épocas de la causa americana.

Para todos los gustos

La historia no es que se repite, sino que continúa. Proteccionismo económico versus libre comercio, es la clave central de la lucha actual entre los países, y más especialmente la Argentina ambicionada por sus riquezas naturales y amplio territorio. Predicar y aplicar la protección de la propia economía significa bregar por la liberación nacional, mientras que encarar políticas de libre comercio refiere a trabajar para que las tierras de las Provincias Unidas del Sur sigan siendo una semi colonia del imperio inglés y de su hijo putativo, los Estados Unidos de la América del Norte.

Tras los hechos de mayo 1810 y la declaración de la Independencia de España seis años después, los proteccionistas de la economía local recibieron como primer mote el de los “federales”, mientras que los librecambistas fueron llamados los “unitarios”. Los primeros contaban por decantación con el apoyo de las masas populares y principales caudillos provinciales, y los otros, los unitarios porteños y portuarios, por una oligarquía contrabandista funcional a los intereses ingleses y demás potencias extranjeras. De eso se trató y se trata. Y a lo largo de la historia de dos siglos, los proteccionistas y los librecambistas fueron mutando de motes: de saavedristas a morenistas, de peronistas a antiperonistas, de radicales a conservadores, de kirchneristas a anti kirchneristas en la cruzada encubierta por la liberación del imperio inglés, impulsada por los José de San Martín, Manuel Belgrano, Martín de Güemes, Juana Azurduy, Joaquín Campana, José Gervasio Artigas, Andresito Artigas, el gaucho Rivero, Juan Manuel de Rosas, Felipe Varela, José Hernández y Facundo Quiroga, entre otros.

Con la caída de Rosas en 1852 en la batalla de Caseros y diez años después tras la entrega de la victoria federal de Justo José de Urquiza al unitario Bartolomé Mitre, la flamante Argentina volvería a caer en una nueva sumisión tras la emancipación de España, esta vez con Inglaterra. Una vez aniquilados los caudillos federales, los ingleses y demás potencias coloniales, quienes habían sufrido derrotas militares a mano de un pueblo emergente -1806, 1807,1845- supieron promover la colonización económica y política con la complicidad de quienes traicionaron sus propias raíces y se zarandearon a contrapelo de fastuosas sumas dinerarias y promesas de poder, funcionales a la primera acción del general William Carr Beresford en la primera invasión inglesa de 1806 y que se perputa hasta hoy: tejer una red de espionaje formada por criollos colaboracionistas al imperio británico, en su mayoría pertenecientes a la oligarquía porteña que trascendería a lo largo de dos siglos, con nombres y apellidos que van desde Saturnino Rodríguez Peña a Bernardino Rivadavia, pasando por los militares fusiladores de 1955 a la guerra de Malvinas. Aunque el colonialismo más fructífero fue el cultural de dominación de las mentes. La tergiversación de la historia está en esa línea, cuando la interpretación lógica de los acontecimientos sintetiza que Gran Bretaña lograba introducirse para que consolide la política de libre cambio de forma absoluta. Fue el propio Beresford quien nombró al frente de la Aduana porteña a un tal José Martínez de Hoz, sellando la alianza de esa familia, al punto que ciento setenta años después, otro Martínez de Hoz fuera elegido al frente del Ministerio de Economía por la dictadura cívico/militar tras el golpe del 24 de marzo de 1976.

El despertar nacional

La Revolución francesa después de 1789 sentenció al país al libre comercio. Aquellos revolucionarios creyeron y apostaron a que el verdadero umbral de poder latía en la agricultura, cuyas actividades no sólo contribuían al autoabastecimiento alimentario sino también a la formación de un carácter nacional y que apostar al crecimiento industrial, fortalecería únicamente un sistema de corrupción y flaquezas.

Es decir que Francia tuvo que esperar el arribo de Napoleón Bonaparte para encontrar un atajo hacia la protección de sus incipientes industrias y economía. El futuro Emperador comprendió que el poder ingles radicaba de sus exportaciones industriales a toda Europa, y que solo un fuerte bloque continental hacia ese comercio, condicionaría a toda Inglaterra.

Hacia 1804 las ganancias inglesas comenzaron a caer. Con la independencia de los Estados Unidos del América del Norte, el ahogo económico obligó de apuro a Inglaterra a codiciar más que nunca las colonias españolas de la América del Sur. Enormes tropas británicas rumbearían hacia el Plata al mando del general William Carr Beresford y el almirante Home Riggs Popham . El plan inglés de ocupación del virreinato del Río de la Plata contenía un error conceptual: los estrategas británicos no habían tomado debidamente en cuenta la decidida voluntad de la mayoría de los colonos, con la salvedad de la clase alta porteña, de resistir firmemente a una invasión de una nación a la que consideraban en un enemigo histórico.

No hay un solo ejemplo en la historia, me atrevo a decir, que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde, sin exageración, todos los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una resolución y una pertenencia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado o implacable”. La frase pertenece al general inglés John Whitelocke, la cara visible del segundo intento de ocupación.

Las invasiones inglesas de 1806 y 1807 fueron el primer ensayo de lo pocos años después los José de San Martín, Manuel Belgrano y Simón Bolívar soñaron como la Patria Grande. En plena contienda y al mando del llamado “Héroe de la Reconquista”, el francés Santiago de Liniers, el pueblo de Buenos Aires y sus aledaños, sorprendido y expectante recibía enromes cargamentos de pólvora, de armas de pertrechos provenientes del Perú, de la ciudad de Huánuco, de Arequipa, de Cusco, de Andahuaylas, además de milicias atestadas de paraguayos, orientales y alto peruanos, al decir de hoy, bolivianos, muchos al comando de José Gervasio Artigas y los jóvenes peruanos Ignacio Álvarez Thomas y los hermanos Toribio, Manuel y Francisco de Luzuriaga. Esa misma solidaridad de hermanos se manifestaría Ignacio Álvarez Thomas y los hermanos Toribio, Manuel y Francisco de Luzuriaga. Esa misma solidaridad de hermanos se manifestaría en 1982 cuando el pueblo argentino a enfrentarse en Malvinas nuevamente con su enemigo histórico y estratégico.

Conclusiones

La muerte de Santiago de Liniers era inminente en esa alejada Córdoba por acción de las huestes revolucionarias de Mariano Moreno en Buenos Aires. Ese crimen fue en paralelo a las primeras medidas económicas adoptadas el mismo 25 de mayo de 1810 a favor de Inglaterra, quien precursor del libre cambio, sentenció a la bifurcación al viejo Virreinato del Río de la Plata. Es sabido que los ingleses no aceptan héroes nacidos fuera de sus fronteras porque conscientes de la construcción de poder, reconocen la figura y peso de los héroes. Y el francés Liniers lo era. Si lo popular pasa por lo nacional en palabras del pensador Arturo Jauretche, los intereses del pueblo incipiente no pasaban por las ideas de Moreno o de Castelli, abogados apoderados de las finanzas de la British Comission, que en realidad, la Cámara de Comercio que representaba a los británicos, sino que transitaba por la figura de Liniers. Fu la invasión francesa a España, que retrotrajo al Héroe de la Reconquista, sospecho de traición ante sus rivales locales.

Cuando Hipólito Viyetes se niega a cumplir la orden porteña de fusilar al ex Virrey, Juan José Castelli no duda en ponerse al frente del pelotón ejecutador. El Castelli benevolente de Beresford pesó más que la voz impulsora de la Revolución. La muerte del gran soldador francés no sería la última ofrenda que los porteños más sanguinarios tributarían alegremente a la corona inglesa. El 13 de diciembre de 1828, el “padrecito de los pobres”, Manuel Dorrego sería acribillado en la ciudad bonaerense de Navarro y tras el triunfo de los anglo brasileros en Caseros en 1852, Justo José de Urquiza se encargaría de terminar con la vida del patriota Martiniano Chilavert. Los mismos personajes con otras vidas. Iguales intereses. Similar muerte recibiría el General del Ejército sanmartiniano, Juan José Valle en 1956.

Una oleada neoliberal y entreguista se acomoda en la Argentina tras le llegada democrática de Mauricio Macri tras vencer en un ajustado balotaje del 22 de noviembre del año pasado 2015. Lo sucedido a lo largo de los últimos tiempos reflejan que se puede seguir otro camino, el de conocer, el de pensar, el de ser. Que los argentinos si tienen otra alternativa que pulular por los intereses ingleses o de otros países y no seguir siendo solo la única opción de transitar en estructuras coloniales. Antes España y luego Inglaterra y los Estados Unidos. A `pesar de los Saturnino Cabrera, los Bernardino Rivadavia o los Mauricio Macri.

* Abogado y periodista 

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