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viernes , julio 19 2019
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MEDIOS / El Juego Moral

por FERNANDO INFANTE LIMA *

 

La comunicación social en Argentina ha roto todos los vínculos con la ética. La información ha cedido su lugar a una serie de operaciones de carácter político, que tiene como principal motor la agitación de aguas en pos de horadar figuras políticas.

Los periodistas que se encuentran en esa lucrativa línea, se han atribuido el derecho a sentenciar, como si sus dichos fueran verdades irrefutables. Es necesario resaltar la idea del lucro como principal impulsor, ya que tristemente son los menos aquellos que actúan por convicción. Estos últimos merecen reconocimiento sin importar que ideas defiendan.

La rivalidad política, la discusión de ideas, es siempre saludable. El problema surge cuando uno de los bandos no está dispuesto a debatir. El problema se agiganta cuando uno de esos bandos repite consignas vacías, replica sin pensar seriamente la base de sustento de sus críticas. Las redes sociales fueron inteligentemente utilizadas por ese bando, sabiendo que sus fieles seguidores no están dispuestos a pensar y discutir. Ese bando consiguió que sus seguidores dicten sentencia antes de llevarse a cabo el juicio, no hay una búsqueda de justicia, hay una necesidad de castigo que transciende cualquier inquietud bien entendida. Es curioso porque ese bando, el que defiende la actual gestión de gobierno, llega con la promesa de su presidente, de conseguir la unión de los argentinos. Una promesa olvidada o cuando menos desoída por la prensa “oficialista”, que agita a la tropa y la incita a “combatir” fieramente al “enemigo” que es descripto con rótulos engañosos, siendo el término “populista” el que logra exasperar a la masa hambrienta de “castigo” o quizá de “revancha” o “venganza”.

La osadía de criticar al gobierno es ignorada y la intolerancia gana la escena, a través de un rosario de insultos. La acusación de “kirchnerista” es la excusa para el descrédito, como si dentro de los distintos espacios políticos no hubiese voces críticas a la actual administración. Es curioso que quienes replican ciegamente consignas vacías acusan sus adversarios de repetir palabras oídas a algún periodista opositor o los tildan de “idiotas” o de ser víctimas de un “lavado de cerebro”. Inclusive, se animan a opinar de política internacional. A quienes repudiaron el “ataque terrorista” a la redacción de la revista Charlie Hebdo en solidaridad con el pueblo francés (hubo muros de Facebook con la bandera francesa haciendo honor la circunstancia) se les olvidó acompañar a ese mismo pueblo, que en un 70% se expresó en contra de la reforma laboral que es pretendida impulsar por el gobierno de Hollande. El pueblo francés lleva adelante un huelga general que es duramente reprimida y la ausencia de apoyo es francamente desconcertante. Es curioso que siempre apoyen, en ocasiones sin saberlo, la agenda de política exterior del gobierno de Estados Unidos, mintiendo acerca de la situación de Brasil y denostando a Venezuela, que se encuentra en peligro por la “amenaza populista”. Es verdaderamente sorprendente que no tengan en cuenta que el ex presidente Hugo Chavez, entre elecciones presidenciales y legislativas gano en forma consecutiva en 16 ocasiones. Un record de tal magnitud debe esconder algún acierto.

Ahí es cuando comienza a tallar “el juego moral”, que entiende a una figura sacrosanta personificada en el actual presidente Mauricio Macri y el eje del mal teniendo a Cristina Kirchner como la mismísima “presencia demoníaca”. Esa histeria psicótica no tiene sentido. Se puede preferir una forma de gobierno u otra, pero en nuestro país, no hay espacio para mitificar a nadie. El impulsor de la discusión política, ausente por décadas, fue Néstor Kirchner. Él puso la política en la palestra, la convirtió en tema central. En un mundo globalizado, sujeto a constantes cambios y que todavía no ha podido evaluar los alcances reales de la dinámica en la que está inmerso, pretender medir los actos de un gobierno en términos adjetivacionales, sin análisis, es de una soberbia recalcitrante. El acto de cerrar un ojo para ver solo la mitad de la foto, aquella que queremos ver, es parte del juego. El problema es que la otra mitad sigue existiendo aun cuando se la pretenda ignorar.

La Argentina está inmersa en un proceso de pobreza institucional que se ha engullido un siglo de nuestra breve historia. La decisión de “cambio” no puede estar en manos de sujetos que te piden que hagas los que ellos no están dispuesto a hacer; empezando por pagar impuestos. Un cambio real implica una decisión cabal de abandonar los vicios que los desvaríos políticos y las crisis económicas impusieron. Qué autoridad moral tiene el ciudadano que acusa “este país está lleno de corruptos” y cuando lo para un policía, intenta sobornarlo. Qué autoridad moral tiene el ciudadano que a fin de año llama a su contador para “dibujar” balances y evitar pagar impuestos. Ese ciudadano es el eslabón perfecto del juego moral, el que te pide que hagas lo que no está dispuesto a hacer, es el que se queja de corrupción y la alimenta permanentemente. El que se queja que la mitad de la foto se ha ensuciado y la otra mitad, la otra mitad ehhh…, la otra mitad “veremos”.

Si se busca en un diccionario la definición de Moral dice: “perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal en función de su vida individual y por sobre todo colectiva”. El cambio tiene que comenzar de manera individual, tiene que haber una decisión de limpiarse y después pedir que la propia acción sea acompañada. El tuerto por opción es penoso, triste e incluso cobarde. Las medias verdades tienen que ser abandonadas si se quiere transformar a una realidad. Es necesario sincerar, discutir sin trampas y buscar puntos de convergencia. Es necesario construir y crear conciencia. Es preciso abandonar este juego moral.

  • Feos Sucios Malas / La Señal Medios

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